El fin de la letra manuscrita

La letra manuscrita de mis padres era ligeramente inclinada porque sostenían la hoja de uno de sus ángulos, y sus cartas eran, por lo menos para los estándares de hoy, pequeñas obras de arte.

Por Umberto Eco. “La escritura, cuando se elabora con un bolígrafo, por muy limpia que quede, carece de alma, estilo y personalidad”, advierte Umberto Eco en este texto que enaltece la letra manuscrita, al mismo tiempo que lamenta su inminente extinción.

El arte de la Caligrafía

El arte de la Caligrafía

Recientemente, dos periodistas italianos escribieron un artículo de tres cuartillas acerca de la decadencia de la letra manuscrita. Es bien sabido que la mayoría de los chicos –con computadoras (cuando las usan) y mensajes de texto— no pueden escribir a mano, excepto en laboriosas letras de molde.
En una entrevista, un maestro decía que los estudiantes también cometen una gran cantidad de sorprendentes errores, lo cual me lleva a identificar el problema: los doctores saben cómo deletrear e incluso ellos escriben mal; y usted puede ser un experto calígrafo y aun así escribir “tamaño” en lugar de “medida”.
Conozco niños cuya letra manuscrita es encantadora. Pero el artículo habla de 50 por ciento de los niños italianos, por lo que yo supongo que, gracias a un indulgente destino, yo frecuento el otro 50 por ciento (algo que me sucede en la arena política también).
Pero la tragedia comenzó antes de la computadora y el teléfono celular.

Pequeñas obras de arte

Pequeñas obras de arte

La letra manuscrita de mis padres era ligeramente inclinada porque sostenían la hoja de uno de sus ángulos, y sus cartas eran, por lo menos para los estándares de hoy, pequeñas obras de arte. En esa época, algunos –probablemente aquellos con una pobre letra manuscrita— decían que la escritura fina era el arte de los tontos. Es obvio que la letra manuscrita fina no necesariamente significa una buena inteligencia. Pero es un placer leer notas o documentos escritos como se debe.

Mi generación fue educada en una buena escritura, y pasamos los primeros meses de la escuela primaria aprendiendo a hacer montones de letras. El ejercicio más adelante se convertía en algo obtuso y represivo, pero eso nos enseñó a mantener nuestras muñecas estables cuando usábamos nuestras plumas para redondear las letras por un lado y dibujar la fineza en el otro. Bueno, no siempre, porque los tinteros, con los que manchábamos nuestros escritorios, nuestros cuadernos de tareas, dedos y ropa, a menudo producían una nata asquerosa en la punta de nuestra pluma, que nos tomaba diez minutos de sucias contorsiones para limpiarla.
La crisis comenzó con la llegada del bolígrafo. Los primeros bolígrafos también eran muy sucios y, si inmediatamente después de escribir, pasabas el dedo por las últimas palabras, inevitablemente una mancha aparecía. Pero la gente no tardó mucho en echar de menos la buena escritura, ya que la letra, cuando se elabora con un bolígrafo, por muy limpia que quede, carece de alma, estilo y personalidad.

Un acto reflexivo

Un acto reflexivo

¿Por qué habríamos de lamentar la muerte de la buena letra manuscrita? La capacidad para escribir bien y rápidamente sobre un teclado estimula el pensamiento rápido, y a menudo (no siempre) el corrector ortográfico subraya una escritura incorrecta.
Aunque el teléfono celular ha enseñado a la nueva generación a escribir “Where R U?”, en vez de “Where are you?”, se nos olvida que nuestros antepasados se habrían impresionado al ver que escribimos show en vez de espectáculo. Los teólogos medievales escribían respondeo dicendum quod, lo que habría hecho que Cicerón se retorciera de horror.
El arte de la letra manuscrita nos enseña a controlar nuestras manos y estimula la coordinación mano-ojo.
El artículo de tres cuartillas señala que la letra manuscrita nos obliga a elaborar mentalmente la oración antes de escribirla. Gracias a la resistencia de la pluma y el papel escribimos más lenta y reflexivamente. Muchos escritores, aunque estén acostumbrados a escribir en la computadora, en ocasiones prefieren incluso grabar letras en arcilla, sólo para poder pensar con más calma.
Es verdad que los chicos escribirán más y más en computadoras y teléfonos celulares. Sin embargo, la humanidad ha aprendido a redescubrir como deportes y placeres estéticos muchas cosas que la civilización había eliminado como algo innecesario.

La gente no viaja más a caballo, pero hay alguien que corre a la escuela; los yates de motor existen, pero mucha gente es devota de navegar como los fenicios de hace 3 mil años; hay túneles y ferrocarriles, pero muchos aún disfrutan caminar o escalar los pasos alpinos; la gente colecciona estampillas incluso en la era del correo electrónico, y los ejércitos van a la guerra con Kalashnikovs, pero también celebramos torneos pacíficos de esgrima.
Sería bueno que los padres enviaran a sus hijos a escuelas de letra manuscrita y así pudieran formar parte de competencias y torneos, no sólo para adquirir destreza en lo que es bello, sino también para el bienestar psicomotriz. Dichas escuelas existen, sólo hay que buscarlas como “caligrafía” por Internet. Y quizá para aquellos con una mano estable pero sin un trabajo estable, enseñar este arte podría ser un negocio redituable.

Tomado de: The Guardian, 2009.

Traducción: José Luis Durán King.

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