Mucha gente humilde, juventud y militancia

Cristina inauguró el período de sesiones del congreso. El discurso, la multitud alegre y las tretas opositoras.

Cristina Kirchner habla desde el Congreso al pueblo argentino

Cristina Kirchner habla desde el Congreso al pueblo argentino

Por Emilio Marín. El domingo fue un día políticamente muy importante. El mensaje de Cristina fue para los legisladores pero sobre todo para la población. ¿Un cierto guiño a Randazzo? No hubo ningún autogolpe.

La teoría del “autogolpe” era tan ridícula y provocadora de la estabilidad democrática como la denuncia de Alberto Nisman, hoy con una credibilidad casi de cero.
La opereta del fiscal, desahuciada, seguirá latiendo hasta que en Tribunales la den por muerta, lo que puede llevar tiempo. En cambio, la falsa denuncia de Elisa Carrió, flamante socia de Mauricio Macri, quedó fundida el domingo, cuando la presidenta dejó inaugurada las sesiones del Congreso. No hubo golpe, autogolpe ni nada por el estilo de la pronosticadora de todas las catástrofes que nunca ocurren.

En todo caso, sobre el final del mensaje, la presidenta devolvió golpe por golpe a sus acusadores, sobre todo a raíz del Partido Judicial, el caso AMIA y los acuerdos con China. Estos debates, calientes, son propios de la democracia. La paz de los cementerios, en cambio, impera en dictaduras como la videlista, donde Carrió fue funcionaria judicial en Chaco.
En el primer tramo del mensaje se reivindicó los logros de este mandato y el anterior; en algunos ítems sumó los cuatro años de Néstor Kirchner. Al respecto la oposición tuvo que callarse la boca porque lo enumerado fue real. ¿Quién podía discutir que el 95 por ciento de las personas mayores tienen cobertura jubilatoria y que es el índice más elevado de la región? ¿Quién podía impugnar que esos haberes fueron mejorados dos veces al año con una ley? Hasta Héctor Recalde, del oficialismo, tuvo que sonreír cuando la oradora le recordó que si le hubiera llevado el apunte al sistema de actualización que proponía, tales aumentos hubieran sido algo inferiores.

A lo sumo un opositor que en algún momento pasó por el gobierno, como Sergio Massa, aprovechó para decir que la presidenta lo había elogiado sin nombrarlo pues estuvo seis años en la Anses y tuvo que ver con esos logros. Haber recuperado los fondos previsionales de las AFJP no tuvo detractores. En realidad los hay porque los bancos y Clarín nunca digirieron la eliminación de la jubilación privada por el negocio que suponía, pero los legisladores afines no pudieron hacerse eco de esos intereses lesionados en 2010.

Ferrocarriles Argentinos

En línea con ese pensamiento nacional, la novedad fue el anuncio de la estatización de la administración de los trenes y la aparente recreación de Ferrocarriles Argentinos. El fracaso de las concesiones de este vital servicio a los capitales privados, durante el menemismo y continuadas durante buena parte del kirchnerismo, ameritaba un cambio a fondo.

Esos fracasos estuvieron combinados con negociados privados e incluso de socios menores como la burocracia de la Unión Ferroviaria (José Pedraza), con tercerizaciones. Esas privatizaciones fueron muy negativas, por el pésimo servicio, los subsidios millonarios a los Cirigliano y los accidentes, algunos catastróficos.
Frente a semejante panorama, el Estado retomó la administración de la mayoría de los ramales de servicios de pasajeros. Con una importante aclaración: salvo el Sarmiento, que opera directamente, al resto de las líneas las administra el Estado pero la operatoria es de privados. Existe una Ugofe y una Ugoms con privados para hacer correr los del Roca, San Martín, Mitre y Belgrano Sur. El Belgrano Norte y el Urquiza siguen concesionados, entre otros a favor del grupo Roggio.
El Estado en el último tiempo, sobre todo luego de la tragedia de 2012 en Once, vino comprando material ferroviario de China, lo que modernizó muchísimo el servicio. Si el Estado se encarga de esas compras fundamentales, de hacer otras inversiones y hasta de pagar en muchos casos los sueldos de trabajadores, etc., no tenía sentido que ese transporte siguiera en manos de empresarios privados.

El anuncio de CFK fue excelente. Ahora habrá que aguardar y leer con atención el proyecto de ley para saber si lo que se estatiza es la administración de todos los ramales o si además el Estado será el operador ferroviario sin intermediarios. Dicho de otro modo, si lo bueno que hoy ocurre en el Sarmiento será igual en todos los demás. O si sólo tendrá la administración general pero firmas privadas como Roggio y Emepa seguirán prestando el servicio. No es lo mismo.
Llama la atención que no hubo anuncio respecto a los trenes de cargas, que son los más rentables. Daría la impresión que seguirán concesionados para Techint, Loma Negra y Aceitera General Deheza. Una pena.

De cualquier modo, se comprende la felicidad de millones de bonaerenses y porteños que utilizan los trenes; varios decenas y decenas de miles de ellos estuvieron frente al Congreso.
Posiblemente el más contento haya sido Florencio Randazzo, el ministro que hizo de mejorar el servicio de trenes el leit motiv de su cartera. Y también, por qué no decirlo, de su campaña presidencial para 2015. Que la mayor novedad del discurso de CFK haya girado sobre los trenes fue muy sugestivo. El cronista cree que además de necesaria, pudo ser un mensaje por elevación para favorecer las chances del ministro, que lució exultante.
En la calle se vieron varias agrupaciones, desde La Cámpora y Kolina hasta seguidores de Randazzo, el intendente Bruera de La Plata, SMATA y Julián Domínguez, pasando por el Movimiento Evita, Peronismo Descamisados, Miles, Martín Fierro y Tupac Amaru. También de Nuevo Encuentro, Unidos y Organizados, PL y PC, además de la gente “suelta” o independiente que fue por su cuenta. Los de Scioli parecieron haber pegado el faltazo. No se los vio ni se los oyó…

Polémica trascendente

El cronista estuvo frente al Congreso desde media hora antes que empezara el discurso y hasta que el mismo terminó, recorriendo con dificultades -por el congestionamiento- la zona, para apreciar mejor la naturaleza social del evento.
Sobre el número prefiere no arriesgar porque no vio de un extremo a otro la concurrencia, ramificada en varias calles aledañas al Congreso. Sí puede decir que fue multitudinaria. Vio tres elementos que la diferenciaron de la conservadora composición del 18F. Primera diferencia, mucha gente humilde, de abajo, frente a la clase media y alta que caracterizó al seudo silencio. Segunda, mucha militancia social y política, en contraste con tantas señoras que dijeron nunca habían salido a la calle antes que los fiscales las convocaran. Tercera, mucha juventud, que en cambio escaseó en la otra, al punto que TN tuvo que buscar con lupa un joven para una nota. El domingo había jóvenes para tirar para arriba.

Ese público aclamó el discurso referido a los trenes pero también el capítulo final, de toda la polémica con el Partido Judicial, el expediente de Nisman, el encubrimiento de los atentados a la AMIA y la embajada de Israel, y lo positivo de los convenios con China. La adhesión popular a esos pasajes era lógica, dado el buen nivel político del público, consciente de la operatoria desgaste y hasta de “golpe blando” que había en este comienzo de 2015 contra de la presidenta. Es posible que esos intentos destituyentes hubieran incidido en la determinación de buena parte de esa gente en concurrir y quedarse hasta el final de un extenso discurso, soportando una fina lluvia.
La presidenta estuvo mordaz cuando criticó la denuncia en su contra formulada por el fiscal y al afirmar que ese expediente debiera haberse titulado “Nisman versus Nisman”. Se refería a los dos escritos firmados por el fiscal y hallados en la caja fuerte de la UFI AMIA. Allí el fallecido hablaba bien de su gobierno y su política, todo lo contrario a lo afirmado en la descabellada denuncia del 14 de enero.

Los cartelitos de “AMIA-Comisión Investigadora”, que pusieron en sus bancas Claudio Lozano y otros opositores generaron párrafos muy logrados de CFK contra el encubrimiento del atentado. Nombró a Rubén Beraja, titular de la Daia, como “encubridor y vaciador de bancos” y cuestionó a Israel, que ha reclamado por la AMIA pero no por el atentado en la embajada, donde murieron 29 personas (otros dicen 26) siendo territorio propio. En ese punto la cruzó a la Corte Suprema, que tiene cajoneada esa causa además de haber rechazado la petición de los ex combatientes de Malvinas. Lorenzetti ponía cara de “yo no fui”.

En tren de polémicas con el sionismo, la oradora reclamó a Israel que permita venir a Buenos Aires al ex embajador Yitzhak Avirán, quien dos años atrás se ufanó de que Tel Aviv ya se había encargado (léase matado) de los responsables de la explosión en Pasteur 633.
Esta política antisionista no es la que tuvo el kirchnerismo entre 2003 y 2013, cuando se firmó el Memorando de Entendimiento con Irán. A partir de allí cambió y en buena hora.
Otro asunto político internacional, el de los convenios con China, sí venía de la primera hora y ahora se afirmó. A los detractores de esos acuerdos les dijo que “no se puede ser tan estúpido, tan colonizados mentalmente, tan chiquitos de cabeza”. Si se atiende a quienes votaron en contra de lo firmado con Xi Jinping, se verá que la colonización mental pro-estadounidense afecta desde el PRO de Pinedo hasta los trotskistas Del Caño y Pitrola, pasando por Massa, Cobos, Bullrich y Lozano.

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