El sionismo quiere controlar la política exterior de EEUU

Estados Unidos es superpotencia mundial, bien que en decadencia, y nadie podría dictarle qué le conviene hacer o no al Departamento de Estado (nadie fuera de sus bancos y el aparato armamentístico).

Netanyahu adoctrinando a Obama

Netanyahu adoctrinando a Obama

Por Emilio Marín. En el Capitolio, Netanyahu dijo que Obama favorece a Irán. Benjamin Netanyahu, está de gira electoral. Y la plaza estadounidense es una de las más importantes, por el lobby político y las finanzas a recaudar. Fue a Washington en campaña electoral y a insultar de hecho a Obama por su negociación con Irán.

La política exterior de un país es un derecho intransferible que hace a su soberanía. Y como hay países “más iguales” que otros, aquel atributo sería más indudable en las potencias, que se consideran por encima del resto. Estados Unidos es superpotencia mundial, bien que en decadencia, y nadie podría dictarle qué le conviene hacer o no al Departamento de Estado (nadie fuera de sus bancos y el aparato armamentístico).
Sin embargo esas verdades de Perogrullo se han visto alteradas por Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu viajó a Washington y le “bajó línea”, sin estar invitado por el gobierno yanqui sino por el AIPAC, Comité de Relaciones Públicas Americano-Israelíes, con ramificación financiera en Wall Street, los medios de comunicación y el propio Parlamento, ahora dominado por la oposición.

El premier israelí fue hasta allí con dos objetivos claros.

El primero, denostar la negociación que sostenía John Kerry con el canciller iraní Javad Zarif en Montreux, Suiza. Ellos son los principales negociadores sobre el plan atómico persa, que comparten el diálogo con representantes del “G-5 más 1” e Irán. Mientras la administración Obama desde 2013 procura negociar con el gobierno de Hassan Rohani, Netanyahu hace todo lo posible para agredir a Teherán con el falso argumento de que pretende fabricar armas nucleares. Israel sí las tiene, unas 200, según informaciones confiables. Si no hay precisiones oficiales es porque nunca firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear ni aceptó una inspección de la Organización Internacional de Energía Atómica (Oiea).
El segundo objetivo del visitante era agitar banderas anti iraníes, tan al gusto de la derecha norteamericana y el sionismo en el mundo, incluida Argentina, para sacar alguna ventaja electoral. El 17 de marzo próximo hay elecciones generales en Israel y las posibilidades de victoria del oficialista Likud se ven limitadas por la competencia de fuerzas de centro derecha como la Unión Sionista, del laborista Isaac Herzog y la ex canciller de Kadima, Tzipi Livni.
Las elecciones se ganan con votos y dinero, y lo segundo influye en lo primero. Habrá que ver con cuántos millones de dólares extras se engrosó la caja del Likud luego de la incursión de su candidato por la capital estadounidense.

Primera brecha

Netanyahu comenzó su tercer mandato en 2009, cuando se instaló Obama en la Casa Blanca. Y en los asuntos generales ambas administraciones mantuvieron un buen nivel de sintonía, de cara a Medio Oriente. En estos años Israel agredió tres veces a Palestina (2009, 2012 y 2014) y la alianza estratégica del imperio y el sionismo se mantuvo inalterable. La más grave de todas las agresiones sucedió en los 50 días transcurridos desde el 8 de julio y el 26 de agosto pasado, cuando Israel invadió y bombardeó Gaza, provocando más de 2.200 muertos, con mayoría considerable de mujeres, niños y población civil.

La parte agresora gastó 60 millones de dólares diarios, o sea un costo total de 3.000 millones, justamente la cantidad que año a año aporta EE UU a Israel en concepto de “ayuda”.
Secundariamente, la administración demócrata tuvo algunos roces con los israelitas, a propósito de la expansión de las colonias ilegales en Jerusalén oriental y Cisjordania. Tal violación de los acuerdos de Oslo (1993) dificultaba cualquier negociación con la Autoridad Nacional Palestina de Mahmud Abbas, alentada por el Departamento de Estado con tal de aislar a Hamas y demás palestinos más radicalizados.

Netanyahu no hizo la menor concesión en su política ilegal y tales negociaciones fueron abortando una tras otra. Kerry y Obama no pudieron sentar a una mesa al premier israelita y el presidente de la ANP. Encima la brutalidad de la invasión a Gaza, “Borde Protector”, pulverizó el raído prestigio que podía tener el estado sionista a nivel mundial, afectando también al poco que atesoraba Washington. Y en vez de vérselas con un Mahmud Abbas relativamente débil, Netanyahu y Obama debieron vérselas con Hamas como el gran contrincante en Palestina, muy prestigiado por la resistencia y defensa de su territorio.

Ese resultado adverso de la invasión a Gaza debe haber ampliado la brecha entre las administraciones Obama y Netanyahu. Y en eso llegó Irán…
El “tira y afloje” entre las potencias occidentales e Irán viene de muchos años atrás, en realidad desde el mismo triunfo de la revolución islámica en 1979, con presidentes más moderados como el actual Rohani o más radicales como Mahmud Ahmadinejad.

El caballito de batalla de EE UU y sus aliados europeos siempre fue que los persas tenían un plan nuclear que aspiraba a fabricar armas atómicas. Y en consecuencia, desde 1996 en adelante empezaron con sanciones económicas y políticas, recrudecidas a partir de 2005. El país afectado replicaba recordando que es firmante del TNP y accedió a inspecciones de sus centrales nucleares por parte de técnicos de la Oiea, cuando la presidía el egipcio El Baradei y luego el japonés Yukiya Amano. Irán reafirmó que su programa nuclear sólo tenía fines pacíficos: producción de energía y fabricación de medicamentos.
En 2013 comenzó esa negociación del “G-5 más 1” con Teherán. Eso amplió la divergencia entre los hasta ese momento monolíticos aliados, EE UU e Israel.

Demonización de Irán

Hasta 2013 la CIA y el Mossad israelí coincidían en demonizar a Irán. Decían que tenía planes de fabricar armas nucleares, sin ninguna prueba fáctica ni conjetural que lo avalara. No era la primera vez que esos servicios de inteligencia se coludían para atacar a Teherán con pruebas falsas. En Argentina la investigación del atentado a la AMIA en 1994 (y la bomba en la embajada de Israel en Buenos Aires en 1992) también registraron esa coincidencia de servicios norteamericanos y sionistas en plantar falsas pruebas contra el país persa. Eso fue realizado por el fiscal Alberto Nisman en un caso y por la Corte Suprema de la “mayoría automática” en el otro, refrendado en la reciente visita de Netanyahu al Capitolio, donde dijo que Irán “bombardeó” la embajada y la mutual judía. Quien sí cometió crímenes de lesa humanidad en Gaza acusa a otros, sin pruebas, de delitos semejantes…
El problema para el premier israelita es que su par norteamericano emprendió una ruta táctica diferente. Obama habló telefónicamente con Rohani. Éste fue el primer presidente que viajó a EE UU desde 1979. Los cancilleres Kerry y Zarif negociaron en Suiza. Etc. Fruto de esos diálogos bilaterales y multilaterales hubo signos de distensión: Irán aceptó poner límites a su enriquecimiento de uranio y en el número de centrifugadoras, para certificar sus fines pacíficos. Y Washington flexibilizó sanciones, no todas, permitiendo que los persas dispusieran de 4.000 millones de dólares congelados por el embargo petrolero.

Por supuesto, para un acuerdo completo faltan trechos importantes. Antes del 31 de presente marzo las partes deben llegar a un convenio general y básico, y luego tienen hasta fines de junio próximo para acordar los detalles y aspectos concretos.
Cuando maduró la posibilidad de firmar un tratado entre Irán y EE UU –más cuatro miembros del Consejo de Seguridad y Alemania-, ese fue el instante elegido por Netanyahu para realizar su “bombardeo”.

El premier fue primero al AIPAC, el lobby sionista mencionado, y dio allí un duro discurso contrario a las conversaciones estadounidense-iraníes. Y luego, como si eso hubiera sido poca cosa, llegó hasta el Congreso, invitado por el líder republicano John Boehner y con el boicot de sólo cincuenta legisladores demócratas (el resto también asistió).
Su definición central fue que “la actual política de la Casa Blanca de acercamiento y negociación con Teherán allana el camino de Irán hacia la bomba atómica”, o sea todo lo contrario de lo pregonado por Obama. Si fuera cierta su denuncia, querría decir que el presidente norteamericano es un idiota útil o socio o cómplice de provocar un gravísimo peligro atómico y de la destrucción del estado de Israel, nada menos.

Los argentinos no deberían dejar pasar la parte que les toca del discurso, pues Netanyahu, en territorio extranjero, aseguró que Irán bombardeó una embajada y una mutual en Argentina, lo que, como mínimo, parece una grave interferencia en asuntos internos.
¿Acaso el orador lo dijo en un sitio poco significativo? No. La corresponsal de “La Nación”, Silvia Pisani, escribió que aquél “usó el poderoso atril del Capitolio” y fue “ovacionado más de 20 veces por legisladores de ambas cámaras”. Pisani agregó: “tan extremo fue lo que sucedió aquí que, por un momento, pareció que Netanyahu era el presidente y no Obama; el israelí se movió sobre la misma escenografía que se reserva al jefe de la Casa Blanca para su solemne discurso anual sobre el Estado de la Unión”.
No se sabe si el premier logrará el cuarto mandato, pero se dio el gusto de dictar cátedra sobre cuál debe ser la política exterior norteamericana. Y lo hizo al hablar por tres veces en el Capitolio, igualando el récord de los líderes extranjeros que tenía Winston Churchill.

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