Un Nisman ególatra y encandilado cae de su pedestal

Arroyo Salgado no está limpia de esas sospechas porque analistas y fuentes judiciales marcan que su juzgado en la zona norte del conurbano era una “cueva de la SIDE”.

Al pobre fiscal, como dice el tango, lo encandilaron las luces del centro

Al pobre fiscal, como dice el tango, lo encandilaron las luces del centro

Por Emilio Marín. Nuevas circunstancias obrantes en la causa acreditarían que Nisman no era el fiscal modelo que muchos creían. El fallo de Ercolini a favor de directivos de Clarín y “La Nación” prueba que la corporación judicial no se rinde.

Que una persona abrumada por sus horrores jurídicos y ante el hecho de que el país entero pudiera enterarse de sus funciones ligadas a servicios de inteligencia extranjeros, llegue a la decisión de suicidarse, no debería verse como un caso excepcional.

Ni esa decisión personal ni los supuestos modos de llevarla a cabo pueden encuadrarse en un “manual del buen suicida”, que obviamente no existe.
De esos casos hay muchos en Argentina y el mundo. El problema es que aquí quien aparentemente tomó una pistola y se disparó a la cabeza es un fiscal. Y las circunstancias de su muerte todavía siguen bajo la categoría de dudosa, para la jueza Fabiana Palmaghini y la fiscal Viviana Fein, con pericias y autopsias que hasta ahora, sin absoluta certeza, tendrían fuertes indicios de lesión autoinflingida.

Esa posibilidad muy cierta no es aceptada por la oposición política, mediática y judicial, que clama desde el 18 de enero, cuando se encontró el cadáver en la Torre de Puerto Madero, que se trató de un crimen. En el variado arco opositor que va desde Mauricio Macri hasta Jorge Altamira, pasando por Elisa Carrió, Ernesto Sanz y Sergio Massa, todos ellos alimentados por raciones del holding Magnetto, hay una coincidencia básica: fue un crimen de Estado. La expresión apunta obviamente contra una presunta culpa de Cristina Fernández de Kirchner.
Sin embargo, la realidad que es tozuda, aunque a veces enrevesada y enrevesable, fue arrojando elementos compatibles con el suicidio. La autopsia realizada por especialistas de la Corte Suprema de Justicia indicó que el tiro se hizo a un centímetro de la cabeza; los análisis informaron la ausencia de ADN de otra persona que no fuera Nisman en su ropa, el arma y el baño donde fue hallado; no hubo lesiones defensivas en el cuerpo; Diego Lagomarsino y un custodio policial declararon ante Fein que el fiscal les había solicitado un arma (la entregada por el primero fue la utilizada); el departamento estaba cerrado con llave desde adentro; la primera persona que ingresó allí fue la madre del occiso, Sara Garfunkel; etc.
Desde el punto de vista criminalístico casi todo hace pensar en suicidio, pero aquella oposición no se convence y menos aún la ex esposa de Nisman, empeñada en afirmar –sin elementos de valor- que se trató de un “crimen de Estado”. ¿Además de los valores afectivos, los habrá de tipo patrimonial o económico que explican los planteos de Sandra Arroyo Salgado?

Apuntan contra Lagomarsino

La novedad es que Arroyo Salgado y sus peritos de parte han apuntado abiertamente sobre Lagomarsino como supuesto homicida o cómplice.

Por eso su estudio ubicó la data de la muerte en el sábado 17 entre las 16 y 22 horas, una franja horaria donde el técnico informático admitió haber estado en el departamento de su jefe para llevarle la Bersa 22. Los registros del peaje de la Autopista confirman que volvió a su domicilio ese día a las 20 y 30. La jueza de San Isidro pidió allanar ese lugar, lo que insumió cinco horas, claro que con 40 días de demora por responsabilidad suya, como bien le reprochó la jueza Palmaghini.
Arroyo Salgado habría declarado ante Fein que Lagomarsino podía tener razones económicas como para sospechar que él tuviera motivaciones de esa índole para matar o ser cómplice de lo ocurrido. Habría deslizado sus sospechas de que “Cerebrito” pudiera ser integrante de algún servicio de inteligencia.
Esto último podría tener alguna probabilidad de ser cierto, en la medida que aquél estaba a las órdenes de Nisman, un fiscal muy operado por servicios de inteligencia locales (SI-SIDE) y extranjeros (CIA y Mossad). La misma Arroyo Salgado no está limpia de esas sospechas porque analistas y fuentes judiciales marcan que su juzgado en la zona norte del conurbano era una “cueva de la SIDE”.

Con las acusaciones casi directas contra el informático, lo que la ex esposa del fiscal quiere lograr son tres cosas. Primero, alimentar el aura de Nisman como mártir de la República. Segundo, traspasar la causa a la justicia federal donde cuenta con muchos amigos, como el juez Luis Rodríguez, también sospechado de funcional a los servicios. Y último pero no menos importante, cobrar los seguros por Nisman que no puede percibir si fuera un suicidio.
En defensa de Lagomarsino hay cosas de sentido común y otras manifestadas por su letrado Maximiliano Rusconi. Entre las primeras, que se retiró de Le Parc a las 20 horas del sábado 17, antes de la muerte, y que sería muy ineficaz como “killer” si mata a alguien y deja su propia pistola en el lugar.
Rusconi hizo constar que tres peritos (uno oficial y dos de parte, uno de la querella de Arroyo Salgado) constataron que la notebook de Nisman se había abierto el domingo a las 07 y 25 horas, con ingresos a portales de tres diarios y sus correos. Tal circunstancia probaría que el personaje estaba vivo ese día y hora, desincriminando a Lagomarsino. Rápidamente el perito de la viuda se retiró y la mujer dictaminó que tal acceso a la computadora fue “remoto” o que el informático podía tener las llaves del departamento. ¿Él habría vuelto al lugar de su supuesto crimen a la mañana siguiente? Suena muy ridículo.
A partir de ese descubrimiento, Arroyo Salgado pidió bloquear los peritajes de computadoras y teléfonos, alegando la “privacidad” del muerto. Rusconi pidió a la fiscal Fein que se avance con esas pericias y calificó ese bloqueo como “inmoral pedido de la querella sólo destinado a interrumpir una prueba pericial informática que rápidamente desacreditaba la conclusiones que la querella expuso sobre el momento del deceso”.

Fabulaciones y egos

Con tal de salvar la imagen del fallecido como un virtuosísimo fiscal que bien podría justificar, no una sino varias marchas como el 18F, se ha fabulado mucho sobre quiénes podrían haberlo ultimado. Arroyo Salgado puso a Lagomarsino bajo la lupa como posible asesino y servicio de inteligencia. ¿Un espía mata con su propia arma y la deja? ¿Ingresó como ladero de Nisman en 2007 y en siete años no se dieron cuenta que era espía? Si así fuera querría decir que era muy buen profesional y no el chanta que dejó su Bersa en ese baño.

Otras fabulaciones, mejor dicho provocaciones políticas, que vinieron desde Tel Aviv, aseguraban que al fiscal lo había matado un espía iraní que vivía en Le Parc o bien un comando iraní-venezolano adiestrado en Cuba. Esas mentiras no resisten el menor análisis, ni político ni fáctico. ¿Esos comandos ingresaron al país sin ser detectados, entraron a Le Parc, mataron y se fueron volando sin dejar huellas?
El cronista vuelve al principio. Mientras más acusen sin pruebas ni elementos sólidos de que se trató de un homicidio o magnicidio, más volverán las circunstancias a acercarse a la certificación de un suicidio.

Dos circunstancias vienen afeando la imagen pública del fiscal.
Una es la manera dispendiosa como parece que gastaba 30 millones de pesos del presupuesto de la UFI-AMIA. Había en su vida demasiadas modelos muy jóvenes, con viajes compartidos a Cancún y tertulias sobre banalidades –como declaró Florencia Cocucci- en boliches VIP. Uno de ellos, Club Shampoo, está reputado como de propiedad de Jaime Stiusso.
Otra es que Lagomarsino podría revelar cuentas no declaradas de Nisman en bancos extranjeros, con importantes sumas de dinero. De ser cierto, ¿de dónde venían esos dólares y la importante cantidad que habría retirado la señora Garfunkel de una caja de seguridad del Banco Ciudad?
A pesar de la denuncia tan flojita de papeles, para el fiscal Gerardo Pollicita, que la sostuvo, era necesario investigar a la presidenta y demás denunciados. Ahora el fiscal Germán Moldes, otro opositor, se prepara para sostenerla en la audiencia citada para el 19 de marzo por la Sala I de la Cámara Federal. Es la misma que falló por la inconstitucionalidad del Memorando de Entendimiento con Irán, sobre el cual fallará Casación Penal el 8 de abril.

Por su parte el juez Ercolini en menos de un día dio una mano formidable a los dueños de Clarín y La Nación en la causa Papel Prensa.
¿Por qué esa corporación judicial insiste en que a Nisman lo asesinaron? Quieren presentar como sólido su descabellado escrito contra la presidenta y otros funcionarios y políticos ligados al oficialismo. La tesis es ésta: era tan grave la maniobra criminal de CFK, denunciada el 14 de enero, que tuvieron que matarlo para frenar a “la justicia”.
A contrario sensu: si la denuncia carecía de fundamentos, nadie podía tener la peregrina idea de hacerle daño al fiscal. Se lo había autoinflingido al presentar semejante mamarracho. Iba a ser el hazmerreír de Tribunales, cayendo desde lo alto del pedestal donde su ego lo había colocado.
Sin aparente conexión con este caso, el Papa Francisco en un reportaje con Televisa, le preguntó a la periodista: “¿Sabe cómo se suicidan los argentinos?”. Y ante el silencio de su interlocutora, él mismo se contestó: “se sube arriba de su ego y desde ahí se tira abajo”. Sin saberlo o sin quererlo, podía estar hablando de la muerte del egocéntrico Nisman.

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