Cumbre de las Américas en Panamá puede ser borrascosa

Panamá, Abril del 2015

Panamá, Abril del 2015

Por Emilio Marín. El 10 y 11 de abril próximo será la VII Cumbre de las Américas organizada por la OEA en Panamá. Pintaba como una reunión muy distendida, luego de las novedades entre EE UU y Cuba. Pero puede ser conflictiva por las sanciones de Obama a Venezuela.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, creía tener todo listo para ser anfitrión de una histórica Cumbre de las Américas. Por ejemplo, Cuba había sido invitada por primera vez y había aceptado, pese a que no está en la OEA desde su expulsión “por dedo” norteamericano en 1962. En 2009 la entidad levantó esas sanciones pero el gobierno socialista no ha pedido su reintegro hasta ahora, prefiriendo trabajar en otras instancias de integración latinoamericanas y caribeñas como la CELAC. El presidente Raúl Castro había anunciado que participaría del evento en el istmo, a tono con la distensión que se produjo en la relación de su país con Estados Unidos. Como se recordará el 17 de diciembre pasado Castro anunció en simultáneo con Barack Obama una serie de medidas tendientes a la normalización del vínculo bilateral; entre otras la liberación de detenidos de las dos partes (los tres héroes cubanos presos en EE UU desde setiembre de 1998 pudieron recuperar su libertad).

El presidente de Panamá, el empresario Varela, siempre se sintió más cerca de los puntos de vista norteamericanos. Por ejemplo, trasuntaba su afinidad con el Departamento de Estado cuando acudió a la reciente asamblea de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Panamá. Y asumió ante los dueños de los medios de comunicación reunidos que sería su vocero ante la VII Cumbre de las Américas. Esto es, llevaría allí el reclamo de “libertad de prensa” supuestamente amenazada por los “regímenes autoritarios” de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
De todos modos, hasta el 9 de marzo todo parecía indicar que la mentada Cumbre sería novedosa por la inédita convergencia de los mandatarios cubano y estadounidense y un cierto clima de distensión regional. Ese día el futuro se hizo añicos. Es que Obama firmó una orden ejecutiva para implementar sanciones políticas y financieras a funcionarios y empresarios venezolanos, adelantadas por una ley contra Venezuela votada en el Capitolio en diciembre del año pasado. El argumento de la Casa Blanca fue que el país bolivariano implicaba una grave amenaza a la seguridad de EE UU.

El imperio tiene un pasado y presente muy frondoso en amenazar a un país, cercano o lejano, y luego sancionarlo, bombardearlo y ocuparlo militarmente, con pretextos varios que nunca se comprueban respecto a la amenaza presunta que eran para Washington. Verbigracia, las armas de exterminio masivo supuestamente atesoradas por Saddam Hussein, nunca halladas tras la invasión de 2003.
Por eso la sanción contra Caracas fue vista como una patada al tablero de cualquier concordia con América Latina y el Caribe.

Es el imperio…

Los once miembros de la Alianza Bolivariana de Nuestra América (ALBA) se reunieron de inmediato y dieron un sólido respaldo a Nicolás Maduro, así como los de la Unasur. Incluso políticos tan poco radicalizados como Ernesto Samper, ex presidente de Colombia que hoy encabeza Unasur, reclamó a Obama que no pretenda imponer criterios del mundo unipolar y respete los derechos de Venezuela y demás socios de la entidad.
No sólo en la región sino también en el mundo surgió una ola de exigencias para que el presidente norteamericano revoque su orden ejecutiva y admita, como lo solicitó Maduro, resolver las diferencias bilaterales mediante la negociación y el diálogo. Sin embargo esto no ha sucedido hasta hoy, 28 de marzo, cuando restan doce días para el inicio de las deliberaciones de los presidentes en ciudad de Panamá (incluso antes hay otros foros alternativos de empresarios, jóvenes, etc, así como una Cumbre de los Pueblos más ubicada a la izquierda, y foros de afroamericanos y de pueblos originarios, etc.).
Lejos de distender la conflictividad que él mismo creó, Obama la incrementó al solicitar al Congreso fondos por 2.000 millones de dólares para “ayudar” a la causa de los derechos humanos y de la libertad de prensa en Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Es la misma lista que la SIP calificó como de regímenes violadores o acosadores de esa libertad.
El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, dijo ayer a Prensa Latina: “hasta ahora el presidente Rafael Correa ha dicho que sí va a ir a la Cumbre, pero no sé si después de tantas tonterías que están haciendo, como las que hicieron con Venezuela, y con este pedido absurdo al Congreso de Estados Unidos, la situación se mantenga igual”.
Cabe recordar que Correa se negó a asistir a la VI Cumbre, en Cartagena de Indias, Colombia, en abril de 2012, porque EE UU había vetado la invitación a Cuba. Ahora, con otras circunstancias pero con el mismo factor de división, EE UU, podría repetir su ausencia. Y capaz que no sea el único…

No sólo contra Maduro

Estados Unidos no sólo ha creado un ambiente inamistoso por sus anuncios y sanciones contra Venezuela, que aumentarán en la previa a Panamá con el 8/4, una reunión en Jamaica del presidente Obama con mandatarios caribeños nucleados en el Caricom. Allí volverá a la carga contra Petrocaribe, la empresa solidaria creada por PDVSA que vende crudo venezolano a mejores precios y con facilidades a esos países.
Además de ello, y siempre en relación con Caracas, el imperio apoya la campaña de desestabilización y golpismo que llevan adelante los opositores a Maduro, de los que al menos dos de sus cabecillas organizadores de las guarimbas o violencia callejera ya están presos (Leopoldo López y Antonio Ledezma).
Esas detenciones sirven de excusa para que ex presidentes bien ubicados a la derecha del espectro, como Sebastián Piñera de México y Álvaro Uribe de Colombia, se solidaricen con aquel par de reclusos. Y que el ex presidente del gobierno español, Felipe González, se ofrezca como abogado defensor de los mismos.
Como forma de atizar esa campaña en Venezuela, la derecha local y sus aliados de varios países, incluida Argentina, sobre todo con el PRO de Mauricio Macri, como la ONG Estela, se aprestan a desembarcar en Panamá con sus grupos de provocación anti-ALBA, disfrazados de “ONG” y miembros de la “sociedad civil”. Ayer disertaban en Buenos Aires las esposas de López y Ledezma, y seguramente pedirán ayuda para que el macrismo las ayude con sus denuncias en la cita de presidentes del istmo. Es muy posible que sellos anticomunistas como CADAL y la Fundación Libertad sean de la partida, junto con Estela. Diarios de Perú y Panamá, como Uno y La Estrella, respectivamente, han informado de los preparativos de grupos similares, subsidiados por partidas de dinero norteamericano de la USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional) y la NED (Fundación Nacional para la Democracia), ambas colaterales de la CIA.
Así van a estar en Panamá la bloguera Yoani Sánchez (vicepresidente regional de la SIP para Cuba) y otros mercenarios como Juan Antonio Madrazo Luna, coordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), Guillermo Fariñas, Rosa María Payá, Eliécer Ávila y otros pagados por la SINA, levantando falsos cargos con Castro, Maduro, Correa y Evo Morales. La coordinación sería de la argentina Micaela Hierro Dori, Presidenta de CICES Asociación Civil y fundadora de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia en Cuba, dependiente de la Fundación Adenauer.

Cumbre borrascosa

Como quedó dicho, a partir del 9 de marzo las perspectivas de una Cumbre Histórica fueron mudando a la posibilidad de una Cumbre Borrascosa, por la política injerencista de la administración Obama.
Para poner un ejemplo que grafique de quién es la responsabilidad de ese envenenamiento del ambiente, se puede citar la forma razonable como Cuba abordó los debates con EE UU. Pedro Pedroso, del Minrex, informó que el 31 de marzo se reanudarán las conversaciones de ambas partes, en Washington, sobre el ríspido tema de los derechos humanos. Dijo el funcionario cubano: “somos conscientes de que tenemos profundas diferencias con el gobierno de EE.UU. en el ámbito de los sistemas políticos, la democracia, los derechos humanos, y el derecho internacional. A su vez, tenemos la invariable voluntad de que ambos países puedan relacionarse civilizadamente dentro del reconocimiento y el respeto de estas diferencias”.
Hay dos posibilidades respecto al encuentro de Panamá.
Una es que Obama despliegue toda su batería contra Venezuela y otras naciones del ALBA. En ese caso los presidentes presentes de esos países agredidos pueden responderle y demostrar la falsedad de sus acusaciones, demandándolo ante el mundo para que cese esas agresiones.
La otra posibilidad es que los líderes del ALBA decidan no concurrir a Panamá, como forma de boicotear una reunión de la OEA que ahora viene mal parida políticamente, donde se les quiere tender una emboscada como si fueran “estados delincuentes”. Esta táctica, del boicot, tendría de bueno que esos países no se prestarían al juego imperial. Pero tendría de malo que Obama y sus socios de la Alianza del Pacífico (Colombia, Perú, México y Panamá) dispusieran de toda la tribuna del Centro de Convenciones Atlapa para decir a la región una sarta de mentiras, sin réplicas.

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