Obama no puede imponerse en la Cumbre de las Américas

Las Cumbres de las Américas son un nombre de fantasía para disimular la decadencia de la Organización de Estados Americanos, llamada en su tiempo “ministerio de colonias” por la aguda crítica cubana. Cada tres o cuatro años se dan cita los presidentes y cancilleres de los países del continente, excluida Cuba. Hoy estuvo presente por primera vez.

Obama y Raúl castro se saludan en la Cumbre de las Américas 2015

Obama y Raúl castro se saludan en la Cumbre de las Américas 2015

Por Emilio Marín. Hoy culmina en Panamá la séptima versión de la Cumbre de las Américas. El insulso tema de “Prosperidad con equidad” no logró diluir las diferencias entre los 35 países. Obama no pudo sostener sus sanciones contra Venezuela, si bien no las anuló.

Las Cumbres de las Américas son un nombre de fantasía para disimular la decadencia de la Organización de Estados Americanos, llamada en su tiempo “ministerio de colonias” por la aguda crítica cubana. Cada tres o cuatro años se dan cita los presidentes y cancilleres de los países del continente, excluida Cuba.

La serie comenzó en 1994 en Miami, a tono con los intentos de Bill Clinton por lanzar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Dos de los más fervorosos adherentes a una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego fueron Carlos Menem y Domingo Cavallo, quienes la propagandizaron como idea propia.
Después las citas siguieron en Santiago de Chile, en 1998; en Quebec, Canadá, en 2001; en Mar del Plata en 2005; en Trinidad y Tobago, en 2009; y en Cartagena de Indias, Colombia, en 2012.
Así se llega a la VII Cumbre que culmina hoy en Panamá y donde la novedad absoluta es la presencia de Cuba. El arribo del presidente Raúl Castro al evento fue posible por la invitación del anfitrión, Juan Carlos Varela, pero también por la presión que metieron desde 2012 varios presidentes, entre ellos Rafael Correa de Ecuador, que declararon que no concurrirían a Panamá si la isla socialista era discriminada. Correa no asistió a Cartagena por ese motivo, cuando Juan M. Santos aceptó el veto estadounidense y dejó afuera a La Habana.
Un dato positivo del encuentro del istmo es la plena participación de Cuba, por primera vez. Es un testimonia de los cambios que vive la región, que ya no es la del 31 de enero de 1962, cuando aquella fue expulsada de la OEA durante la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, a instancias de Washington. Hoy Castro está sentado a la par de los demás presidentes y, vale la pena recordarlo, ha ratificado que no pedirá el reingreso a la OEA pese a que en 2009 se levantó la referida sanción. La isla apuesta a la CELAC, no a aquélla.

Cuba-EE UU

Coherente con esa presencia inusual, la cumbre panameña ganará en calidad de propuestas. Es que a nivel de diálogos presidenciales como en los foros de la sociedad civil (rectores de universidades, jóvenes, empresarios, etc), la revolución cubana tiene mucho por aportar.

Por ejemplo, siendo el narcotráfico un drama para la zona, el presidente Castro tiene antecedentes y doctrinas impecables de lucha contra el flagelo, que ha sido extinguido en el inmenso lagarto verde. Cuba es un país libre del narcotráfico. ¿Cómo lo hizo? Santos, Enrique Peña Nieto (México) y especialmente Obama tienen muchísimo para aprender del general de Ejército a cargo formalmente de la presidencia desde 2008.
Cuando esta edición llegue a los lectores quizás ya haya una foto de un apretón de manos entre Castro y Obama. Sería un salto cualitativo de cuando se saludaron, por diplomacia, en el sepelio del gran Nelson Mandela, en diciembre de 2013. Si hay otra foto será porque ambos líderes ratifican la distensión de las relaciones bilaterales, cuyo punto de inflexión fue el 17 de diciembre pasado, con los anuncios simultáneos de liberación de tres héroes cubanos presos en EE UU y de dos espías norteamericanos.
Por ahora la foto que ya circula es de John Kerry, secretario de Estado, y Bruno Rodríguez Parrilla, el canciller cubano, en el primer saludo de cancilleres desde el triunfo de la revolución en 1959.
¿Quién viene haciendo las mayores concesiones? El imperio. Ya está casi consumada la salida de Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, donde figuraba desde 1982. El Departamento de Estado decidió sacarla de una nómina donde nunca debió incluirla: la isla no es terrorista y el imperio sí lo es.
Lo que se va a demorar un tiempo más, con la excusa de que hay leyes del Congreso que la Casa Blanca no puede soslayar, es la cuestión del bloqueo contra la mayor de las Antillas. Peor para Obama. En Panamá deberá escuchar no sólo a Castro sino también a Cristina Fernández de Kirchner y al resto de los mandatarios, incluso a su aliado Canadá, despotricar contra ese bloqueo. En ciudad de Panamá no estará la representación de Israel, el único aliado que acompaña a EE UU a votar a favor del bloqueo, en cada Asamblea General de la ONU. Allí el score es 188 contra 2; en Panamá bien podrían ser 34 a 1. Paliza. Goleada. Nock out. Mientras más se demore en levantar el bloqueo, peor será el costo político que pagará el agresor.

Obama a la defensiva

El 9 de marzo el presidente norteamericano emitió una orden ejecutiva sancionando a Venezuela por considerarla una “amenaza inusual y extremadamente grave para la seguridad de EE UU”. Funcionarios y militares bolivarianos fueron sancionados y no podrán ingresar a territorio norteamericano; sus cuentas bancarias fueron bloqueadas.

Eso desató inmediatamente una réplica del gobierno encabezado por Nicolás Maduro, que denunció la impostura yanqui. Venezuela no era ninguna amenaza para el país del Norte ni para ningún otro de la Tierra. Ese decreto de la Casa Blanca bien podía significar nuevos pasos de su plan injerencista en Caracas, donde venía alentando las guarimbas y revueltas violentas.
Huelga decir que la abrumadora mayoría de los pueblos y gobiernos latinoamericanos y caribeños reaccionaron en solidaridad con Venezuela y en son de crítica a Obama. ObamaDerogaElDecreto fue tending tropic en Twitter y sólo en aquel país se colectaron más de 10 millones de firmas, certificadas por la autoridad electoral, para reclamar esa derogación.
Con ese aval, Maduro encaró el vuelo a Panamá. Las autoridades norteamericanas se vieron en aprietos para sostener sus falsas acusaciones y pidieron una reunión de su enviado especial Thomas Shannon con la canciller venezolana, Delcy Rodríguez. La entrevista se hizo en Caracas el 8 de abril pero no hubo acuerdo pues Delcy siguió exigiendo, como era su derecho, la derogación del decreto de EE UU.
Al día siguiente fue Obama, de paso por Jamaica y luego de reunirse con mandatarios centroamericanos del SICA, quien quiso bajar los decibeles de su provocación. Alegó que Venezuela no era una amenaza para EE UU sino que lo que su decreto había querido era llamar la atención sobre la situación de detenciones arbitrarias de opositores. Aludía así a Leopoldo López y Antonio Ledezma, los dos referentes de la violenta oposición, presos en el penal de Rama Verde.
Frente a ese paso atrás del representante del imperio, Maduro ganó en mayor confianza y ratificó que irá al encuentro de aquél, dispuesto a entregarle las referidas más de diez millones de firmas y por otro lado, con ánimo de recomenzar un diálogo. Esto no está claro si podrá darse o no en el centro de convenciones de Atlapa, Panamá. En caso que se dieran algunos pasos en dirección dialoguista quedará claro que el afroamericano tuvo que disculparse con Venezuela, aunque no lo haya presentado como una formal autocrítica.

Mejor sin documento

En la reunión de cancilleres del jueves 9 en el Sheraton no hubo acuerdo en el rol del Estado en trabajo, salud y educación. Por eso, al cabo de un diálogo con algunos sordos, llegaron a la conclusión de que no sería posible factible un documento final en común. Solamente elaboraron algunos conceptos en unidad, que le acercarán al dueño de casa Varela para que los lea con los presidentes.

¿Cómo valorar la falta de un documento final?
Para Héctor Timerman es un dato negativo. “Realmente es una pena. Durante muchos años no hubo documento porque no había acuerdo sobre Cuba, ahora está Cuba sentado y seguimos sin tener coincidencia”, se lamentó el canciller.
El cronista discrepa con esa visión. Cree mejor que no haya un documento final antes que uno con posiciones antagónicas presentadas como amigables y convergentes. Que cada presidente y cada bloque digan lo que proponen, para que se escuchen todas las campanas y se saquen conclusiones.
O hay que reflotar el ALCA, sepultado en Mar del Plata en 2005, o es mejor profundizar la integración latinoamericana opuesta a multinacionales y bancos norteamericanos.
O Maduro y Correa son unos dictadores, como los acusó la SIP, o esta entidad es una tapadera del Departamento de Estado.
O Cuba es una dictadura, o es la única nación de la región que, según la Unesco, cubrió los 7 objetivos del Plan mundial “Educación para Todos”, entre 2000 y 2015.
¿Hubo espionaje yanqui o Dilma Rousseff se queja de pura paranoica?
O tienen razón los ingleses y socios norteamericanos de que Argentina quiere invadir las Malvinas, o es cierta la denuncia de CFK contra la militarización de las islas y los planes extractivos de las petroleras intrusas.
O Thomas Griesa es un gran magistrado y los “fondos buitres” tienen razón, o el gobierno hizo bien en no pagar a esos fondos y proponer un marco legal internacional para la discusión soberana de las deudas.
Las diferencias son profundas. Sería positivo que los presidentes las discutan, con prensa y de cara al público. Así se conocerían las razones de cada uno, sin que Clarín y la SIP puedan demonizar impunemente a los gobiernos populares latinoamericanos.

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