Rodrigo Rato y FM: la salvaje mafia neoliberal

Bankia es un conglomerado de cajas de ahorro para ricos que hubo de ser rescatado con más de 23 mil millones de euros y por uso indebido de tarjetas de crédito propiedad de esa institución, las cuales fueron utilizadas por Rato y sus colaboradores para gastos personales.

Rodrigo Rato, Strauss Kshn y Christine Lagarde, son la punta del iceberg de la mafia neoliberal que se queda con los ahorros del pueblo de España y de Europa

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Editorial de La Jornada. ¿Rato la punta del iceberg?. El ex vicepresidente español y antiguo director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, fue detenido por unas horas e interrogado ayer en Madrid por la policía fiscal, la cual cateó su vivienda, su despacho principal y otros locales de su propiedad.

Las acciones policiales se realizaron en el marco de una investigación por delitos de fraude, lavado de dinero y ocultamiento de bienes, las cuales se suman a otras causas abiertas contra el ex funcionario por su papel en la quiebra de la empresa financiera Bankia –un conglomerado de cajas de ahorro para ricos que hubo de ser rescatado con más de 23 mil millones de euros– y por uso indebido de tarjetas de crédito propiedad de esa institución, las cuales fueron utilizadas por Rato y sus colaboradores para gastos personales y, para colmo, sin declarar al fisco las percepciones correspondientes.

Prontuario no oficial:
Rodrigo Rato nació en Madrid el 18 de marzo de 1949, fue ministro de Economía entre 1996 y 2004 y vicepresidente (2003-2004). Después, por su alianza con el presidente del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero, logró el cargo de director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) hasta su dimisión el 19 de junio de 2007 cuando alegó problemas personales. Dirigió el grupo financiero Bankia de 2010 a 2012.

En 1996, impulsó pactos que permitieron gobernar al Partido Popular (de Aznar) tras la victoria electoral obtenida por mayoría simple, y al ser nombrado ministro de Economía y Hacienda, llevó sus ansias neoliberales al extremo pues realizó la más profunda privatización de empresas públicas: Argentaria, Tabacalera, Telefónica, Endesa, y Repsol, entre otras.

La incomprensible renuncia de Rato en 2007, tuvo una aclaración en enero de 2011 cuando un informe interino del FMI efectuó una crítica a la actuación del organismo entre 2004 y 2007.

El informe puntualizó que la institución vivió en una burbuja de optimismo mientras se gestaba la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1929.

El documento citó deficiencias organizativas, batallas internas, falta de comunicación, sesgos analíticos, presiones políticas, autocensura, y falta de supervisión y control por parte de la dirección del FMI que impidieron prevenir la crisis que ya se abalanzaba.

La prepotencia de Rodrigo también se puso de manifiesto en sus presiones a los gobiernos de América Latina para que adoptaran recetas liberalizantes y que abrieran los recursos petroleros y energéticos a las compañías transnacionales para “resolver” los problemas económicos. Como jefe del FMI, llegó a Ecuador en febrero de 2005, en momentos que esa nación padecía enorme hambre y miseria para que el entonces gobierno tomara fuertes medidas de austeridad y de privatizaciones.

Innegablemente que era la encarnación de las profundas medidas neoliberales que llevaron a la debacle y la crisis a varios gobiernos dóciles de América Latina y de Europa Occidental, cuyo mayor ejemplo es España.

Rato, el todo poderoso político-empresario de cuello blanco, cayó en su propia ratonera. Esperemos que como piden millones de españoles, al fin se haga justicia. – Hedelberto López Blanch

Aunque el que llegó a ser el segundo hombre más poderoso en los gobiernos de José María Aznar (perteneciente al Partido Popular, PP, actualmente en el gobierno) es investigado desde hace unos años, su detención temporal y el cúmulo de imputaciones a las que tiene que hacer frente cimbraron el ambiente político español. La presidencia que encabeza Mariano Rajoy ha pretendido salir del paso al afirmar que el caso prueba que en el país la justicia se aplica para todos y que el estado de derecho está vigente. Sin embargo, diversos sectores ciudadanos y políticos se preguntan en qué medida las acciones judiciales contra Rato son una suerte de vendetta interna en las filas del PP, en tanto que otros las interpretan como una política de control de daños orientada a desviar la atención de otras circunstancias graves de corrupción en un régimen cuyo partido gobernante ha sido mantenido, por años, por una trama de operaciones financieras tan ilícitas como turbias, que ha salido lentamente a la luz mediante otra investigación judicial: el llamado caso Gürtel, protagonizado por el ex financista del PP Luis Bárcenas. Por si fuera poco, la propia familia del rey Felipe se encuentra involucrada, por las personas de su hermana, la infanta Cristina, y su cuñado, Iñaki Urdangarin, por las pesquisas en torno a manejos financieros oscuros y fraudulentos.

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En términos de política interna los hechos referidos –así fuera la causa contra Rato una maniobra distractora– constituyen un severo golpe para la credibilidad del PP, del gobierno de Rajoy y del conjunto de la institucionalidad. Tales episodios, además, socavan el discurso tradicional que Madrid dirige a otros países –en especial a naciones latinoamericanas– desde una posición de pretendida superioridad moral, normalidad democrática, transparencia y vigencia del estado de derecho. A juzgar por la extensión de las corruptelas en el seno del partido que actualmente gobierna, y que hacen palidecer incluso las cometidas durante los primeros gobiernos del Socialista Obrero Español (PSOE, hoy en la oposición), la corrupción es un fenómeno que florece por igual en ambas orillas del Atlántico.

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Por último, las investigaciones judiciales contra Rato obligan a ver bajo una nueva luz el proceder de organismos como el FMI –del que el investigado fue presidente–, pues es claro que nada los exime de ser dirigidos por personas de probidad dudosa. Ello deja ver el gravísimo peligro de que las decisiones en esas instancias, generadoras de políticas económicas con frecuencia desastrosas para los países en los que son impuestas, estén orientadas ya no por la ideología neoliberal, sino por intereses mafiosos de sus directivos.

Fuente: LaJornada

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