El PRO ganó en la Capital; es importante, pero no decisivo

Como se trata de la Capital Federal, la vidriera de la Argentina, el triunfo del "guasón" adquiere mayor resonancia. No es para desmerecerlo, pero todos los actores políticos y el electorado saben que allí vive sólo el 9 por ciento del padrón nacional. Por lo tanto no se puede ningunear esa victoria pero tampoco ponerla exagerar su importancia.

Miguel del Sel y Horacio Rodríguez Larreta: los candidatos selectos de Mauricio Macri.

Miguel del Sel y Horacio Rodríguez Larreta: los candidatos selectos de Mauricio Macri.

Por Emilio Marín. PRO ganó en la Capital y es importante, pero no decisivo. El domingo hubo elecciones PASO en la Capital Federal. Los dos candidatos del PRO sumaron la mayor cantidad de votos. Es un triunfo importante, pero no decisivo de cara a las presidenciales de este año.

No se puede subestimar la victoria política del PRO en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias realizadas el domingo 26 de abril en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con sus dos candidatos que dirimían la candidatura a jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, colectó el 47,3 por ciento de los sufragios. Ganó el primero, al que críticos llaman “Guasón” por cierto parecido físico con Jack Nicholson, el malo de una versión anterior de Batman.

Contrariando a los encuestadores que pronosticaban un final reñido entre los dos competidores macristas, el jefe de Gabinete de la CABA le sacó diez puntos de ventaja a la senadora nacional. Tal diferencia no obedeció en absoluto a su carisma, escaso por demás, sino sobre todo al peso que tuvo en ese electorado la preferencia de Mauricio Macri expresada en reiteradas oportunidades.
La lectura del resultado es unívoca: es una victoria del PRO y Macri, quien corrió ciertos riesgos al jugarse por un desangelado Rodríguez Larreta frente a la más política Michetti, que al principio pareció correr con ventaja.
Como se trata de la Capital Federal, la vidriera del país, ese triunfo adquiere mayor resonancia. Y no es para desmerecerlo, pero cabe puntualizar una cosa: allí vive el 9 por ciento del padrón nacional. Por lo tanto no se puede ningunear esa victoria pero tampoco ponerla por las nubes ni identificarla poco menos que una a escala nacional. La otra aclaración es obvia: se trató de las PASO y el 5 de julio serán las elecciones “de verdad”. De todos modos, por la contundencia del resultado del domingo cabe deducir que el Guasón volverá a ganar aunque quizás deba ir a una segunda vuelta el 19 de julio.

Voto a Macri

Desde el ángulo del gobierno nacional, representado en la elección porteña por siete precandidatos del Frente para la Victoria, no se explica muy bien por qué el conservador PRO ganó por tanto. La desorientación campeaba el domingo a la noche entre los panelistas del programa 678 que va por la Televisión Pública. Ellos ya no podían repetir la frase burdamente triunfalista de Aníbal Fernández, que apenas terminado el comicio se ufanaba con que el FPV había salido segundo. Inmediatamentes se supo que era falso: la segunda posición era de Martín Lousteau, de ECO, que sumado lo suyo y lo de Graciela Ocaña había superado el 22 por ciento. Mariano Recalde con sus colectoras acumulaba casi el 18 por ciento, o sea quedaba abajo cuatro puntos respecto al ex ministro de Economía de tiempos de la resolución 125.
El cronista cree que no hay una sola causa de aquel voto casi en masa por los candidatos de Macri.
En primer término, para contradecir la tendencia, se puede recordar que esta victoria fue menos abultada que la del ballotage contra Daniel Filmus, cuando el empresario logró el 61 por ciento de las adhesiones. De todos modos este 47,3 por ciento en las PASO también es un resultado fenomenal y demanda explicaciones.
Una puede ser que la CABA es un distrito políticamente conservador, de una fuerte clase media antiperonista, históricamente gorila y hoy en buena medida antikirchnerista, como se expresó en los cacerolazos y el apoyo a las demandas sojeras de la Sociedad Rural en 2008, y en la marcha de los fiscales anti K del 18 F.
Otra razón puede ser que con algunas obras de menor importancia, como el Metrobus, las bicisenda, ciertas urbanizaciones en zona sur y la Policía Metropolitana, aquellas clases medias ampliaran su adhesión al proyecto neoliberal.
En tal caso ha sido invalorable la cobertura mediática de Clarín y el blindaje judicial de la corpo tribunalicia; con un doble procesamiento por espionaje ilegal Macri pudo haber escuchado o visto los “boca de urna” desde algún lugar de detención y no bailando entre globos amarillos en Costa Salguero.
El Macri real es el empresario que recauda con cenas de sus pares a 50.000$ el cubierto; el Macri fabricado por Durán Barba es el disfrazado con colores xeneizes, como si fuera puro pueblo. En épocas de elecciones es empresario y es Boca, es concheto y de la 12. Todo suma. Y mucho más si viene en alza como ahora, con la victoria de Miguel del Sel en Santa Fe y buenas performances en Mendoza. También presumiblemente en Córdoba, donde el árbitro de la Triple Alianza no fue el ex internacional Héctor Baldassi sino él, Macri, que pone y cambia las reglas de juego según le convenga.

No da pie con bola

El kirchnerismo no da pie con bola en la Capital desde que le soltó la mano al aliado Aníbal Ibarra en la Legislatura, tras la tragedia de Cromagnón, cuando varios de sus legisladores votaron por su destitución. Así fue que ganó el PRO en 2007 y amplió el margen en 2011, cuando Filmus logró la segunda posición con el 27 por ciento de los votos (en segunda vuelta aumentó al 39 por ciento pero no le alcanzó).

Algunas falencias parecen cometidas en esta campaña, como haber dispersado el espacio en muchos candidatos. El macrismo las redujo a una competencia de dos; el FPV tuvo siete. ¿No era mucho? ¿No pudieron congeniar y simplificar en dos o tres? Eso podría haber logrado un trabajo en equipo con mayor afinidad y mejores resultados. No se dio así porque falta sintonía fina dentro del kirchnerismo porteño. Muchos caciques y pocos indios…
Y el cacique preferido por la presidenta (que a Russia Today le dijo en Moscú que no tiene favoritos) no tenía una implantación real en el distrito. ¿Alguna vez Recalde había sido concejal o legislador porteño? Negativo. Ser un dirigente de La Cámpora no parece suficiente para salir a la palestra con posibilidades frente a a una derecha ducha en el poder porteño desde hace ocho años.
El kirchnerismo se quedó a mitad de camino. Tenía dos opciones para vengar cara una derrota frente al macrismo. Una, elegir a alguien como Jorge Taiana, o incluso a un joven de La Cámpora como Recalde, pero unir a todo el espectro progresista y de izquierda en un frente, con un discurso beligerante contra la derecha. O dos, elegir a un candidato más oportunista, que sintonizara algo con la clase media pedorra, onda Daniel Scioli. No hizo ni una ni otra. Fue con siete candidatos y el principal, que tuvo el 12,2 por ciento propio, anteanoche arrojaba flores de “paz y amor” con todos, incluso luego de la derrota, con la ilusión de recoger votos disconformes del michettismo el 5 de julio.
Un detalle menor pero no tanto. Si Cristina Fernández no se hubiera empecinado en mantener el mal llamado impuesto a las ganancias con un mínimo no imponible tan bajo y con categorías tan desactualizadas, podría haber captado varios miles de votos de asalariados fulminados por el impuesto. Al no hacerlo, empujaron esos peces hacia las aguas profundas del macrismo, el ECO y el FIT.
Al distrito tan gorila hay que darle una dura pelea o dorarle la píldora. El FPV no hizo ni una ni otra cosa. Y así le fue, aunque el jefe de Gabinete y Recalde fabularan con que habían salido segundos. De aquí al primer domingo de julio se verá si corrigen…

Los rulos

Elisa Carrió dijo en campaña que no había que votar al Pelado (Rodríguez Larreta) sino por los rulos, y Lousteau arribó en segundo lugar, con los colores de ECO, una sigla de fantasía que disimula los restos de lo que en vida era llamado Unen. Pero esa sombra se sigue pegando al joven economista, por lo que en su búnker aparecieron Carrió y Ernesto Sanz.
Ese puede ser el abrazo del oso para Lousteau. Ambos referentes nacionales armaron una fea alianza con Macri que de hecho puede terminar, según el 90 por ciento de las probabilidades, dirigida por éste, para su candidatura presidencial.
Eso conspira contra el economista en la Capital y da chances de que sea Recalde quien vaya a ballotage. Es que los votantes de ECO deberían ser muy analfabetos políticos para no darse cuenta que hay un “original” macrista y una “fotocopia” de Carrió y Sanz.
El 22 por ciento de porteños que votó por Lousteau y Ocaña le perdona al primero haber sido ministro de Economía que dictó la 125, pero lo odian a Recalde a pesar de volar bien confortables y seguros en Aerolíneas Argentinas. Cosas veredes, Sancho…

Cosa de troscos

La propaganda cara y bien visible del Partido Obrero y el FIT decía: “Somos tercera fuerza en Salta y Mendoza, ahora la Capital”. Desde ese ángulo, el 2,3 por ciento de Myriam Bregman y Marcelo Ramal no fue un buen resultado. Es que quedaron en cuarto término pero a 16 puntos del FPV.
Y hubo otra circunstancia que a esos partidos trotskistas les debe haber dolido. Luis Zamora, de Autodeterminación y Libertad, prácticamente sin aparato en comparación con aquéllos, logró el 2 por ciento y también participará de los comicios de julio. No hay peor astilla que la del mismo palo. Zamora viene del trotskista MAS, con el que -en alianza con el PC, dentro de IU- fue diputado nacional en 1989.
El mayor papelón lo hizo Sergio Massa. El Frente Renovador llevó a Guillermo Nielsen, que “cortó clavos” hasta que el escrutinio lo dejó afuera, con menos del 1 por ciento. Massa no dio la cara. Se quedó en Tigre lamiendo sus heridas. Fea la actitud…

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