La semana política en Argentina

Este 1 de Mayo se notó en las calles que el movimiento obrero ha dejado de ser “la columna vertebral” del peronismo. Sin actos y menos aún movilizaciones callejeras, la jornada obrera por excelencia aquí y en el mundo se limitó, en el mejor de los casos, a humeantes ollas de locro preparadas por empresas del sector gastronómico.

Casa de Gobierno. Poder Ejecutivo. Buenos Aires, Argentina.

Casa de Gobierno. Poder Ejecutivo. Buenos Aires, Argentina.

Por Emilio Marín. La semana política en Argentina. Dos 1 de Mayo, no sólo el de los trabajadores. La dirigencia burocrática ya ni recuerda el 1 de Mayo, Día Internacional de los trabajadores. Tampoco conmemora el otro 1 de Mayo, del debut de la aviación argentina enfrentando a barcos ingleses por Malvinas. Son dos 1 de Mayo.

Este 1 de Mayo se notó en las calles que el movimiento obrero ha dejado de ser “la columna vertebral” del peronismo. Sin actos y menos aún movilizaciones callejeras, la jornada obrera por excelencia aquí y en el mundo se limitó, en el mejor de los casos, a humeantes ollas de locro preparadas por empresas del sector gastronómico.

En esos conciliábulos, lejos de reflexionar entre plato y plato por los problemas de la clase trabajadora, la mayoría de los caciques gremiales intercambió figuritas sobre si le conviene seguir alrededor de Daniel Scioli o dar el salto hacia las figuras de la oposición, Mauricio Macri y Sergio Massa, elecciones de por medio. De hecho muchos estuvieron con Massa el 1 en su lanzamiento de Vélez.

Y no es que esté mal que los sindicalistas actúen en política. Es su derecho y supone romper con el sindicalismo estrecho, pero a condición de asegurar primero lo fundamental: la defensa de los intereses de sus afiliados y demás bases trabajadoras.

Y no es eso lo que desvela a Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Momo Venegas, Omar Maturano, Ricardo Pignanelli, Roberto Fernández y otros dinosaurios vivos del mundo sindical (léase del sindicalismo-empresario).

Por supuesto que toda regla tiene sus excepciones. Y en este caso fue la CTA de los Trabajadores, que encabeza Hugo Yasky, la que realizó el 30 de abril un numeroso acto de trabajadores y cooperativas en el Luna Park.

El límite de ese buen gesto fue doble. Por un lado en política pareció, a la luz de los discursos, que esta central ya estaría siendo cooptada para confluir con la candidatura de Scioli dentro del FPV. Por otro lado pareció muy angosto el programa allí enarbolado: reclamar las licencias parentales, elevar el mínimo no imponible y actuar contra la tercerización laboral. ¿Acaso con el salario y jubilaciones está todo bien? ¿Está olvidado el programa de Huerta Grande, La Falda, la CGT de los Argentinos y el Sitrac-Sitram, de nacionalizar la banca y el comercio exterior?

Se podría anotar que la otra excepción al locrismo fue el FIT con su acto en Plaza de Mayo. Es discutible que ésta sea realmente la izquierda, visto el carácter funcional que suele tener con la derecha (por caso el voto junto a la UIA en contra los acuerdos con China o en 2008 con la Sociedad Rural).

Mejor no es bien

El gobierno nacional hizo la pausa del feriado. Se sabe que en reemplazo de la referida “columna vertebral” cuenta con La Cámpora, de base juvenil mayoritariamente de clase media urbana.

Y desde la tranquilidad de Olivos la presidenta aprovechó para tuitear con recomendaciones a los trabajadores de cuidar lo logrado, que es mucho. Al mismo tiempo, admitió que “mientras haya alguien sin trabajo, el modelo estará inconcluso”.

Ese enfoque es correcto y sólo peca, que es bastante, de no decir claramente cómo se puede lograr lo que aún falta conseguir.

Es evidente que, mal que le pese a la oposición macrista y massista, en estos doce años de kirchnerismo se mejoró en mucho la situación de los asalariados y demás sectores populares. No es “relato” la mención oficialista a los 5 millones de puestos de trabajo logrados, la mejoría de los jubilados y los 160.000 créditos para viviendas con el programa Pro.cre.ar. Fruto de esa política, e importa mucho en una fecha como el día del trabajador, la tasa de desempleo bajó desde el 25 por ciento de la peor fase del menemo-cavallismo, hasta el 6,9 por ciento de la última medición del Indec.

Esto es tan así que los candidatos de la oposición tienen que controlar su lengua para no herir susceptibilidades en el electorado ni dejar la impresión de que en caso de ganar van a anular todo lo hecho.

A su vez esa mejoría real no significa que todo esté bien. La actividad económica viene contrayéndose al 1 por ciento anual, con unos 40.000 empleos menos en un año. El salario perdió también por goteo frente a la inflación una leve parte de su capacidad adquisitiva. Se le cobra a la porción mejor remunerada de los asalariados el llamado “impuesto a las ganancias” que los empuja a manos de la oposición, en tanto se podría y se deberían gravar otras actividades empresarias que no pagan o pagan bicocas.

Esos asuntos irresueltos en doce años, así como el alto nivel del trabajo en negro, cercano al 35 por ciento, deben preocupar a Cristina Fernández, pero no se ve que ella tenga medidas efectivas para solucionarlos en poco tiempo.

¿De dónde sacarlos?

Normalmente cuando se hacen estas críticas observaciones, desde el oficialismo se argumenta la necesidad de más tiempo y recursos.

Lo primero ya no tiene la razonabilidad de antaño, porque nadie le exigió que tuviera soluciones mágicas en pocos años. Ya transcurrieron doce años de una misma administración y eso es un lapso razonable para hallar buena parte de aquellas soluciones, aunque no todas.

Para financiar esos cambios cualitativos en la situación de los millones de argentinos que todavía no están bien (por ejemplo, siguen en la pobreza un 18 por ciento de la población, según el instituto CIFRA de la citada CTA), por supuesto que en este país rico hay muchos recursos disponibles.

Hay fondos, pero el problema es atreverse a sacarlos a quienes los tienen por demás e injustamente, y darles una justa asignación. Por ejemplo, el Banco Central informó de la ganancia de los bancos en el país, durante el primer bimestre de 2015. Las entidades ganaron 9.236 millones de pesos, una verdadera fortuna (resulta un poco inferior a lo que ganaron en el primer bimestre de 2014 pero sólo porque en el presente año no hubo la injusta devaluación del anterior).

La información del Central de Alejandro Vanoli precisó que en los últimos doce meses los bancos ganaron 41.966 millones de pesos.

¿No puede el gobierno gravar con más impuestos a esta actividad financiera o poner en manos del Estado parte de la misma, aún sin llegar a los citados programas nacionalizadores de la banca planteados en Huerta Grande, La Falda y otros históricos programas obreros?

Hay un tema sobre el que insiste este cronista: los depósitos bancarios. Estos no son propiedad ni capital de los bancos sino de los argentinos que ponen un depósito a plazo fijo o caja de ahorro, etc. Esas modalidades de los clientes suman 450.000 millones de pesos. ¿Por qué el Estado no pasa a controlar esos depósitos como hizo con las AFJP y les da un mejor destino que los lucrativos negocios rayanos en la usura de los copetudos miembros de ABA y Adeba?

Tres tristes tigres

Medidas de fondo como esas no las piensan Mauricio Macri y Carlos Melconián, ni Sergio Massa con Roberto Lavagna, pero tampoco Daniel Scioli con su asesor Miguel Bein y Gustavo Marangoni, titular del Bapro.

Los tres candidatos con más chances, por el contrario, tratan de no generar cortocircuitos con el establishment empresarial y en particular el financiero, como quedó de manifiesto en las citas de semanas pasadas de la capa superior de los capitalistas, organizadas por Cippec y Cicyp.

Tienen sí diferencias políticas importantes. Scioli dizque se juega por la continuidad con cambios menores; Macri quiere dar vuelta todo, de cara a los ’90; y Massa quiere cambiar 70 o más y dejar un 30 por ciento o menos.

La novedad de estos días fue que para la consultora Aresco va primero el gobernador bonaerense con 36 por ciento de intención de voto, segundo el candidato del PRO con el 30 y tercero el de Tigre con 22.

A los tres les habló el FMI con su informe sobre la economía mundial, y en especial en su capítulo argentino, el pasado 30 de abril. Pidió contener el gasto público, devaluar la moneda y abrir la economía levantando barreras proteccionistas, tal como solicita la Organización Mundial de Comercio. Los dos opositores acuerdan casi el 100 por ciento con esa receta; Scioli no llega a ese extremo pero piensa actuar en esa dirección, por etapas.

Los aviadores

El 1 de mayo el ministro de Defensa Agustín Rossi estuvo en la Brigada Aérea del Palomar, recordando el debut militar de la aviación argentina en el conflicto de Malvinas. Ese día de 1982, frente a la agresión de la flota fletada por Margaret Thatcher, con el apoyo logístico y político de Ronald Reagan y los Estados Unidos, nuestros aviadores dieron un duro y valeroso combate.

Nuestros pilotos y aviones averiaron al HMS Glamorgan, destructor misilístico; al HMS Arrov, fragata; y al HMS Alacrity, fragata. Tres días más tarde hicieron lo propio con el destructor HMS Sheffield.

Rossi dijo en esta ocasión: “la causa de Malvinas es del conjunto del pueblo argentino, que en cada uno de los rincones de la patria reivindica el derecho soberano”.

Siendo objetivos, los 55 oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que murieron en Malvinas no son bien recordados por el conjunto del pueblo. Los británicos y estadounidenses tienen aquí algunos admiradores, igual que los “fondos buitres”, Clarín, la UIA y el FMI. Muchos de ellos visten trajes civiles y algunos el uniforme militar, y no están de acuerdo en reivindicar de ese modo el 1 de Mayo malvinero, del mismo modo como están en las antípodas del 1 de Mayo obrero.

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