Una empresa echó sin causa a una mujer que padece cáncer

“Es traumático que te digan que tenés cáncer, que cuando te despertás de la cirugía te digan que te tuvieron que hacer una mastectomía de urgencia, y encima que te despidan por tu aspecto físico”, comentó Gisela.

Antes, después y ahora. Gisela Ferrero cuando trabajaba, cuando fue despedida y hoy, en plena recuperación del cáncer de mama que padeció.

Antes, después y ahora. Gisela Ferrero cuando trabajaba, cuando fue despedida y hoy, en plena recuperación del cáncer de mama que padeció. Foto de Los Andes.

Por Mariana Carbajal. A Gisela Ferrero la contrataron por su belleza en una concesionaria de autos de Mendoza. Pero dos años después contrajo cáncer de mama y, al cambiar su aspecto, la despidieron y quedó sin prepaga. Ahora un fallo obliga a que sigan pagándosela.

Una analista de sistemas denunció en la Justicia Laboral que la despidieron de su trabajo porque a sus empleadores ya no les gustaba su aspecto físico, después de que, como consecuencia de un tratamiento oncológico, perdiera todo el cabello y quedara calva y sin cejas ni pestañas. “Les molestaba que me vieran así los clientes”, dijo a Página/12 Gisela Ferrero, de 39 años. Luego de una cirugía en la que le extirparon el pecho izquierdo, por un cáncer de mama, le indicaron quimioterapia. “Además de talento y preparación, cuando fue contratada Gisela tuvo una discriminación positiva. Una mujer linda suele tener más chances que una que no lo es. Pero después la echaron por fea. No es lo mismo un hombre calvo que una mujer pelada. La discriminaron por ser mujer y porque su imagen deterioraba el negocio”, señaló a este diario su abogada Carolina Jacky. Hace dos semanas la Justicia hizo lugar a un recurso de amparo que presentó la mujer y obligó a la firma, que posee tres concesionarias de autos en las provincias de Mendoza y San Luis, a pagarle la prepaga mientras dure el juicio, porque la habían dejado sin cobertura médica en pleno tratamiento por el cáncer.

Gisela vive en la ciudad mendocina de Godoy Cruz, donde está una de las concesionarias del grupo Denver SA y Fullrapid SA, en las que ella se desempeñaba, desde el 1º de julio de 2011. “Era responsable del call center y del Laboratorio Comercial. Era personal jerárquico, con catorce personas a cargo”, detalló en diálogo con este diario. Pero dos años y siete meses después, mientras enfrentaba un tratamiento por un cáncer de mama –igual que su madre y su hermana–, fue despedida sin causa, cobrando la indemnización. “Es traumático que te digan que tenés cáncer, que cuando te despertás de la cirugía te digan que te tuvieron que hacer una mastectomía de urgencia, y encima que te despidan por tu aspecto físico”, comentó Gisela.

La demanda la inició contra las dos empresas y su titular, Carlos Regino Martín. En un principio, presentó la denuncia por daños y perjuicios en el fuero Civil. Pero la jueza a cargo del Juzgado Civil y Comercial 18 de Mendoza, Alicia Borromei Aráoz, se declaró incompetente. Y el expediente pasó a la Primera Cámara del Trabajo, que el 20 de abril hizo lugar a una medida cautelar y ordenó que le paguen la prepaga mientras continúa el juicio.

En la presentación, alegó distintos tratados internacionales que amparan los derechos de las mujeres y puntualmente la Ley 26.485 de Protección contra la Violencia hacia las Mujeres, al sostener que la empresa incurrió en violencia laboral contra Gisela, al discriminarla por su aspecto físico.

Gisela recibió el diagnóstico de “carcinoma ductal invasor” en agosto de 2013. Al mes siguiente, el 18 de septiembre se sometió a una cirugía en la Clínica de Cuyo, en la que le extirparon el pecho izquierdo. “Jamás oculté mi enfermedad en la empresa”, contó la mujer. Luego de la intervención quirúrgica tuvo treinta días de licencia para recuperarse y volvió a trabajar. “Todo seguía con normalidad hasta que mi médico oncólogo, Jorge Ibarra, me indicó que debía hacer quimioterapia y que debería tomarme licencia durante el tratamiento. Por temor a que la noticia de la licencia no fuera bien recibida por mi empleador, le pedí al médico que por favor certificara la reducción de mi jornada laboral e intentáramos hacer el tratamiento bajo esta modalidad. Las sesiones de quimioterapia fueron programadas cada 21 días a partir del 2 de diciembre de 2013 y requerían que realizara 72 horas de reposo y luego yo me presentaba a trabajar y me ocupaba de los temas del sector con normalidad”, precisó. Gisela aclaró que “nunca” ocultó su tratamiento médico en su empleo.

“A los pocos días de la primera sesión de quimioterapia, cerca de Navidad, se me empezó a caer el pelo. Yo no atendía al público, pero por mi tarea me movía en lugares donde veía a los clientes. La gente me veía. Yo iba con un pañuelo en la cabeza, pero perdí también cejas y pestañas. Me hacía bien trabajar, por eso traté siempre de seguir, sin tomarme licencia. Tener cáncer es un golpe tremendo para la autoestima. La quimioterapia te pone algunos días irritable. Es difícil. Pero yo me sentía bien y mi psicóloga me recomendó que para mi salud mental lo mejor era seguir trabajando. Además, no quería perder mi trabajo, porque dependía de la prepaga para el tratamiento”, contó la mujer.

Pero el 29 de enero de 2014 la llamaron de la oficina de Recursos Humanos y le comunicaron que estaba despedida. “La directora de Recursos Humanos me dijo que se habían asesorado con un abogado y que, como yo no estaba con licencia, técnicamente no estaba enferma”, recordó. Le pagaron la indemnización por despido sin causa. Pero la dejaron sin prepaga. “Imaginate el shock para mí. Estaba absolutamente pelada por el tratamiento. Y que te digan eso, cuando no es que estás resfriada: sino que tenés cáncer”, agregó. Hasta hace dos semanas, cuando presentó la medida cautelar y se la otorgaron, pagó la medicina prepaga Omint con la indemnización. Ahora está con tratamiento psicológico y psiquiátrico. “Vivo en un mundo de incertidumbres. Hace un año que no trabajo. Porque estoy en medio del tratamiento oncológico y es difícil buscar empleo así. Y no me puedo largar por mi cuenta porque me he devorado mis ahorros para pagar la prepaga”, dice Gisela. Una persona allegada a ella le recomendó que le contara su caso a la abogada Jacky, especializada en temáticas de género, quien ahora la representa en la Justicia, en la demanda por daños y perjuicios “por la discriminación por padecer de cáncer de mamas y por su condición de mujer”.

Fuente: Página12

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