La semana política en Argentina

La ambición de los dirigentes por ocupar un lugar que les queda muy grande es un error por estos días en el oficialismo, y por supuesto también en la variopinta oposición.

Obelisco en el Centro de Buenos Aires, Argentina.

Obelisco en el Centro de Buenos Aires, Argentina.

Por Emilio Marín. “Egos” y otros errores políticos que pueden complicar al gobierno. La presidenta admitió desde Resistencia que en el oficialismo hay muchos “egos” e individualismo de dirigentes. También se cometen otros errores políticos que pueden complicar innecesariamente al gobierno.

No todo lo que reluce es oro en el kirchnerismo, aun cuando corra con la ventaja de una gestión con más aciertos que errores. Cristina Fernández de Kirchner estuvo en Chaco, acompañando a Jorge Capitanich –candidato a intendente de Resistencia- e inaugurando obras importantes del gas para el noreste.

Allí reconvino a los dirigentes del justicialismo. Lamentó cierta prevalencia de los “egos” e individualismos, recordándoles que se trata de un proyecto colectivo y no personal. Reclamó que de las muchas candidaturas presidenciales del oficialismo se bajen las de menos chances.
En esto último tiene mucha razón, porque ir con 5 candidatos a las PASO de agosto sería repetir el error del FPV en el distrito porteño, cuando tenía 7 aspirantes a jefe de gobierno. El PRO e incluso ECO y radicales se vieron favorecidos. Semejante amplitud de oferta no es sinónimo de pluralismo sino como ambiciones desbocadas de fracciones internas sin un mínimo de centralidad.
CFK no quiere repetir en las nacionales ese mal paso de la CABA. Inmediatamente se reunió el Congreso del Partido Justicialista en Parque Norte, pero los aludidos guardaron silencio respecto al ultimátum cristinista. El que al menos tuvo tres palabras en inglés fue Agustín Rossi, que traducidas fueron “tiempo al tiempo”. Con anterioridad se habían bajado Julián Domínguez y Aníbal Fernández, que junto a otros candidatos se verán las caras en la pulseada para gobernador de Buenos Aires. Pero el resto sigue aferrado a competir en las PASO donde los dos únicos que tendrían chances reales son Daniel Scioli y Florencio Randazzo.

Otros errores

La ambición de los dirigentes por ocupar un lugar que les queda muy grande es un error por estos días en el oficialismo, y por supuesto también en la variopinta oposición.

Otro defecto que está a la vista es hegemonismo del PJ evidenciado en su Congreso de Parque Norte. Allí deliberó con sus 942 delegados y un presidente como Gildo Insfrán, gobernador de Formosa denunciado por asuntos varios, como la represión a los qom y originarios.
La pregunta es: ¿y el Frente para la Victoria, cuando delibera? La respuesta es: no lo hará. El PJ decidirá candidatos, alianzas y política, que dependerá del que gane las PASO. Si es Scioli habrá una plataforma y si es Randazzo, otra diferente. Y a partir de allí se estructurará la campaña electoral y, en caso de ganar en octubre, así será el gobierno entrante. Estos asuntos trascendentes los discute y decide el PJ. Los aliados del FPV, léase Sabbatella, Heller, Tupac Amaru, Carta Abierta, Concertación Forja, Frente Grande, CTA de Yasky, CTEP, PH, Miles, etc., son convidados de piedra.
Para graficarlo: mucho PJ y nada FPV. Pejotismo extremo. Esa falta de apertura no es buena en términos electorales, por más que el discurso de Carlos Zannini en el Congreso y el documento aprobado hablen de formar una alianza lo más amplia posible. Esas son palabras bien intencionadas pero no correspondidas con los pasos prácticos dados en Parque Norte. Será que muchos de los aliados antes nombrados no se caracterizan por reclamar su lugar y son dóciles acompañantes…
Estas cuestiones no se resuelven mágicamente poniendo una figura extrapartidaria en la fórmula. Supongamos, nominar a Gerardo Zamora o Leopoldo Moreau como candidatos a vicepresidentes no sería una alianza de clases bien estructurada y plasmada en un frente político.
Algo similar a esos manotazos de ahogado se hizo en el distrito porteño. Se ungió como candidato a vice al radical Leandro Santoro, del sector Moreau, sin trayectoria frentista ni aportista de alguna cantidad de votos interesante.

Sólo a medias

La modificación anunciada por Axel Kicillof para el impuesto a las ganancias en la cuarta categoría puede ser vista como una mejoría leve, si se aplica tal como la planteó. Según sus declaraciones implicaría una mejora salarial del 6 por ciento para los casados con dos hijos que cobraban entre 15.000 y 25.000 pesos en agosto de 2013, y del 5 por ciento para los solteros de ese mismo rango salarial.

Sin embargo, los críticos de la medida, por considerar que se quedó menos que a la mitad del camino, llamaron la atención sobre que –como va a ocurrir- con los aumentos salariales que dispondrán las paritarias del año en curso, al final esos trabajadores aportarán más dinero por el impuesto. En declaraciones a una radio capitalina, Kicillof terminó admitiendo esa perspectiva, a medida que haya aumentos salariales por las paritarias.
La parte más positiva del anuncio es que las modificaciones serán retroactivas a enero de 2015, algo a lo que Ricardo Echegaray, de la Afip, no era muy propenso.
El aspecto negativo es que con estas rebajas o mayores deducciones para los que pagan el mal llamado impuesto a las ganancias, el Estado resignará entre 6.000 y 7.000 millones de pesos. Y Economía no anunció planes para saber de dónde recaudará una cantidad similar, para colmar el bache. No es que no haya lugares de donde captar más recursos, como ser la renta financiera, pero el problema es que Kicillof ninguneó esa posibilidad, como descartándola. Aunque su enfoque fue despreciativo para con la idea de percibir más impuestos sobre dicha renta, se puede interpretar que en realidad no quiere tensar más la cuerda con el sector financiero, nacional ni internacional. Y eso no es un signo de progresismo. ¿Será que la buena colocación del BONAR 24 y los planes para atraer más inversión y comenzar a endeudarse lo disuaden de avanzar en aquella dirección?

El gobierno parece haber despilfarrado, una vez más, la oportunidad de hacer una reforma impositiva en serio, aliviando mucho más a las capas superiores de los asalariados que pagan ese impuesto y supliéndolo con más recaudación sobre algunos sectores adinerados que más ganan.
Y esto tendrá políticamente sus consecuencias. La Bancaria ha ratificado su cronograma de paros y se apresta a hacer algo similar la Coordinadora de gremios del Transporte (CATT).
Aunque Antonio Caló diga bien que el paro dispuesto por su UOM no es contra el gobierno, en los hechos fue el ministerio de Trabajo el que le impidió concretarlo mediante conciliación obligatoria. Los metalúrgicos que quieren ganar de mínimo 8.500 pesos tampoco se van a acordar bien del gobierno nacional, aun cuando el suyo sea un reclamo a las patronales por el 32 por ciento en paritarias.
En la calle van a confluir la huelga de los bancarios de altos sueldos y la de los metalúrgicos de bajos ingresos. Y eso perjudica al gobierno, que lo pudo haber evitado con un buen plan B (el plan A, no olvidarlo, es que los trabajadores vuelvan a ser la “columna vertebral” del movimiento, diría el General). Contar con La Cámpora es bueno, pero no puede cumplir ese rol político y económico.

A los palos no

En el oficialismo se escuchan críticas muy correctas contra el macrismo y el massismo en el sentido de que cualquiera de estas alternativas de gobierno implicará ajuste neoliberal y, como correlato inevitable, represión policial.

Eso es cierto. Hay casos donde la represión se está aplicando en este momento, como en la capital de Córdoba, donde el fin de semana anterior hubo razzias policiales y 400 jóvenes detenidos por “portación de rostro”.
Los kirchneristas dirán que eso sucedió en los pagos de un opositor de derecha, José M. de la Sota, ahora aliado al massismo. Y es verdad, aún con la aclaración que es el mismo gobernador aliado de los K en las elecciones de 2011.
¿Qué decir de los procedimientos policiales en Abasto, cerca de La Plata? Esta semana la Policía Bonaerense desalojó de madrugada a 750 familias que ocupaban un predio de varias hectáreas y que tenían un fallo favorable de un juez de control, Arias. La ferocidad del procedimiento se prueba en que dejó 35 heridos entre los desalojados y 13 detenidos, lo que motivó críticas muy fuertes del magistrado y el vicegobernador de la provincia, Gabriel Mariotto.
Parece que quien decía ser el dueño privado del predio tenía conexiones muy fuertes con el negocio inmobiliario, pero también con una parte del poder judicial (un juez penal autorizó el procedimiento con la nocturnidad de los que buscan quedar impunes) y, por lo visto, de las fuerzas de seguridad.
Y todo eso ocurrió en Buenos Aires, donde gobierna Scioli que es el de mayores posibilidades de ser presidente por el PJ.

Antes que se produjera ese brutal desalojo, el CELS, en su balance de Derechos Humanos en 2013 y 2014 había saludado los avances en Memoria, Verdad y Justicia. Al mismo tiempo había advertido: “la vulneración de derechos humanos se concentra sobre ciertos grupos y zonas. La aún inexistente reforma de las fuerzas de seguridad, el retroceso de los discursos políticos a la demagogia punitiva, la persistente violencia institucional y la falla o ausencia de aplicación práctica de avances que la lucha histórica de organizaciones sociales ha logrado en el ámbito legal e institucional son algunos de los puntos que generan un límite que no se puede perforar”. Queda a la vista que con Scioli presidente tampoco se lo podrá perforar.

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