Los medios de desinformación mienten constantemente en Colombia

Si las Farc no fuera una organización político-militar, el gobierno no se habría sentado en una Mesa de negociación. Cobra vida la vieja teoría jurídico penal del partisano: con los paramilitares se negocia únicamente justicias de transición, en cambio con la insurgencia, además de una justicia transicional, se negocian propuestas políticas.

Los medios de comunicación contribuyen en Colombia a someter a los ciudadanos a mentiras permanentes.

Los medios de comunicación contribuyen en Colombia a someter a los ciudadanos a mentiras permanentes.

Por Héctor-León Hernandez. La mentira mediática y el sesgo ideológico en Colombia está al orden del día. Para que el desescalamiento del conflicto armado en Colombia siga el camino de un proceso de paz real, los medios deberán comprometerse y dejar de desinformar.

Los medios de comunicación hacen mucho daño al país confundiendo a un pueblo entero no solo acerca del acontecer nacional socioconflictivo, neutralizando de esta manera la posibilidad de una fuerza política de izquierdasino también presentando una mala imagen de procesos como el venezolano, ecuatoriano y nicaragüense y demonizándolos.

La ética es una asignatura que se enseña pero que no se practica, decía Carlos Gaviria Díaz. Es el momento comenzar a llamar las cosas por su nombre en lo que respecta a los medios de comunicación ‘mainstream’ .

El Diario de Nuestra América presenta 10 mentiras constantemente repetidas en los medios de desinformación del establishment, acompanadas de aclaraciones precisas:

1. “Las Farc son una organización narco- terrorista”

Impreciso. Las Farc son una organización político-militar. Terrorismo es una metodología que usan los actores en una guerra (o en estado de “paz”) para infundir miedo general; métodos utilizados de igual forma por el Estado colombiano, ya a través de su Fuerza Pública o de ejércitos paramilitares o los dos. También es cierto que en el curso de la guerra la insurgencia se ha financiado con el narcotráfico; el Estado colombiano también, incluso desmovilizó a los narcoparamilitares con una justicia transicional, esta sí, pese a sus esfuerzos, con alta dosis de impunidad.

2. “Las Farc atacan a la población civil”

Una verdad incompleta. En una guerra o conflicto armado, los actores actúan de manera indiscriminada contra todas las personas o bienes. Si las Farc argumentan “errores en combate”, los medios callan que el Estado colombiano ha hecho lo mismo por su parte y de manera constante, casos todos perdidos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

3. “Las Farc no tienen ideología”

Mentira. Si las Farc no fuera una organización político-militar, el gobierno no se habría sentado en una Mesa de negociación. Cobra vida la vieja teoría jurídico penal del partisano: con los paramilitares se negocia únicamente justicias de transición, en cambio con la insurgencia, además de una justicia transicional, se negocian propuestas políticas: Política de tierras, derechos de las víctimas del conflicto, participación política, política de drogas, desarme, garantías, etc. (Recordemos que en una anterior desmovilización parcial de las Farc se constituyó la Unión Patriótica, posteriormente exterminada).

4. Las Farc nacen como meros narcotraficantes

Falso. Contrariamente a como lo disfrazan los medios, las Farc nacen del enclave de Marquetalia con campesinos armados de corte comunista en dirección a la toma del poder desde mediados de la década de 1960.

5. “Colombia es una democracia y las Farc se unirá a aquella democracia que ha atacado”

Mentira. En una guerra es imposible llevar una vida bajo la idea de democracia. Colombia siempre ha tenido un gran disfraz de democracia; las voces disidentes y los movimientos alternativos al establecimiento han sido exterminadas, incluso los que han tenido opción de poder desde las urnas.

6. “El problema de las minas antipersona es de las Farc”

Mentira. En una guerra TODOS los actores acuden a la guerra sucia. El Estado colombiano también es responsable en el proceso de desminado que se plantea en La Habana.

7. “Las Farc pasaran de ser una organización ilegal a ser legal”

Verdad parcial. También es cierto que muchos congresistas, presidentes, ministros, generales, policías, gobernadores, alcaldes, etc, y empresarios seguirán actuando en la ilegalidad, aunque amparados por sus leyes injustas, hechas por ellos.

8. “Gobierno y Farc firmarán la paz”

Impreciso. Lo que firmarán las partes en La Habana, Cuba, será un acuerdo, una negociación. La firma de los acuerdos es tan solo una fase de los proceso de paz que los constituyen generalmente: exploración de las partes en conflicto, acercamientos, gestos conciliatorios, negociación de una agenda, firma del acuerdo, implementación de los acuerdos, supervisión seguimiento y veeduría de cumplimiento del proceso.

9. “Después de la firma, no habrá conflicto en Colombia”

Impreciso. Con el actual proceso de paz, en fase de negociación de acuerdos, se busca terminar con un CONFLICTO ARMADO. Sin embargo, el conflicto social continuará debido a estructuras socioeconómicas y culturales que ya están enraizadas en instituciones y leyes injustas, lo que no depende de la firma de un acuerdo sino del empoderamiento de la sociedad civil en los distintos sectores, por ejemplo, los conflictos socioambientales generados por transnacionales extractivistas a las que, por supuesto, se oponen organizaciones campesinas, ambientalistas, ecologistas, etc.

10. “La paz depende de la firma de un acuerdo en La Habana entre Farc y gobierno”

Mentira. El (neo) paramilitarismo, la Fuerza Pública y las guerrillas, en este orden, son los mayores violadores de los derechos humanos pero no son los victimarios los que hacen la paz real con justicia social. Este eventual pacto entre victimarios (desde arriba), en todo caso, es indispensable para garantizar la vida y desestigmatización de las organizaciones de la sociedad civil y las víctimas quienes realmente harán la paz desde abajo. El proceso de paz ya ha comenzado desde que la sociedad civil se volcó hace unos años a empoderarse de lo público, pensando en la posibilidad de decidir e incidir en la vida política del país, en utilizar las herramientas jurídicas y políticas, y hasta la desobediencia civil para reivindicar su dignidad. Por último, recordar que si los gobiernos no cambian las estructuras que reproducen la desigualdad, corrupción, clientelismo, exclusión política y estructuras paramilitares, indudablemente se generarán nuevos conflictos armados en el futuro.

Fuente: Diario de Nuestra América n°3, Abril 2015, Investig’Action

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