La triste tinellización de la política

Los elogios a Macri y sin hacer ninguna pregunta sobre los dos chicos muertos en un taller clandestino de ropa, dio bronca. Sobre todo porque la familia de Juliana Awada fue denunciada por La Alameda como explotadora de trabajo esclavo.

Marcela Awada, Mauricio Macri y Marcelo Tinelli en Showmatch.

Marcela Awada, Mauricio Macri y Marcelo Tinelli en Showmatch.

Por Emilio Marín. Ya empezó la triste tinellización de la política. Nadie duda de que la campaña electoral está lanzada, bastante antes de las PASO. Más debate político sería positivo. La tinellización de la política, en cambio, es negativa porque hay farándula y rating, pero no ideas.

Marcelo Tinelli es un as de la tele de alto rating y ganancias millonarias (25.000$ el segundo, en avisos). Lo ratificó con su reentré con un rating de 40 puntos, que habrá puesto verde de envidia a la competencia. Lamentablemente esa audiencia cautivada reportó a Clarín que está lejos de ser sinónimo de cultura y democracia.

Tinelli tuvo dos cartas ganadoras, fuera de su vistoso programa y bellas mujeres: el día del debut puso en pista a los tres principales candidatos y al día siguiente a un actor turco de “Las mil y una noches”, conocido como Alí Kemal.
Que el también vicepresidente de San Lorenzo invite a aquél o a Onur, es cosa suya. Que ponga como jurados a chimenteros como Ángel de Brito y Marcelo Polino; que elija para bailar a la ex pareja de Amado Boudou y al kirchnerista dueño de frigoríficos Samid, también es asunto suyo. Y al hombre mal no le va con su programa, del que habla más de medio país.
Sí es cuestionable que al terceto político los haya lisonjeado para que le prometieran apoyo para su candidatura a presidente de AFA, algo que según sus adversarios sería ilegal por no cumplir con los requisitos de antigüedad.
También pareció criticable que la producción de Tinelli hubiera arreglado con Scioli, Macri y Massa su comparecencia junto con sus esposas. Un espectáculo bien hollywoodense, al estilo yanqui. Quien tenga alguna duda sobre ese modelo puede evacuarla viendo algunos capítulos de “House of cards”, atento a la forma como actúan Frank Underwood y su esposa Claire.
El falso Scioli bailando con Rabollini y dejándole caer el brazo ortopédico sobre su traste una y otra vez pudo ser un motivo de risa, o de tristeza por el rol no tanto de la bailarina sino sobre todo por su marido. Los elogios a Macri y sin hacer ninguna pregunta sobre los dos chicos muertos en un taller clandestino de ropa, dio bronca. Sobre todo porque la familia de Juliana Awada fue denunciada por La Alameda como explotadora de trabajo esclavo. Escuchar a Massa proponerle al dueño de casa que los debates presidenciales se hicieran en Showmatch, también provocó enojo. ¿Llevar los debates políticos al living donde se putean Casán y Polino con algún bailarín o bailarina? ¿Quién daría puntaje al ganador o perdedor de los debates: Nacha Guevara o Soledad Silveyra

Florencio Randazzo cuestionó a Showmatch

Independiente de los resultados que obtenga en las PASO de agosto, Florencio Randazzo ganó en simpatías a los ojos del cronista por cuestionar a su rival directo, Scioli, por aquella participación en Showmatch. El ministro del Interior y Transporte declaró que lo suyo era trabajo; de hecho anduvo esas dos primeras noches del programa en Santiago del Estero y Plaza Constitución, con formaciones de trenes. Aclaró que no iría a esos programas ni solo ni con su esposa e hijos, separando la política de los faranduleros.

Y profundizó esa crítica hacia el gobernador de Buenos Aires, retomando los dichos de Cristina Fernández de que los candidatos pueden llegar al gobierno con el apoyo del pueblo o con las tapas de los medios concentrados. Fue otro punch contra su rival en la interna del FPV y también contra los referentes del PRO y el Frente Renovador.
Esa mayor simpatía por Randazzo puede no servir de nada, electoralmente hablando, en relación a la propaganda que supuso para el terceto estar en un programa que veían millones de espectadores.
De todos modos, en la semana el ministro del Interior tuvo una muy buena noticia. Varios precandidatos del palo kirchnerista declinaron sus postulaciones: Sergio Urribarri, Agustín Rossi y Jorge Taiana. Con antelación habían bajado las suyas Jorge Domínguez y Aníbal Fernández, que competirán con otros kirchneristas por la gobernación de Buenos Aires.
Esa disminución de los aspirantes a la chapa presidencial por el FPV es una condición favorable para Randazzo. Es que el voto más progresista de los K se iba a dividir entre él y esos otros cinco aspirantes, con lo que estaba cantada una segura derrota frente a Scioli. Ahora al menos tendrá la ventaja de que son sólo dos, él y el actual gobernador de Buenos Aires. La polarización está planteada.
Randazzo necesitaría una mano de la presidenta, considerada la gran electora. Pero lamentablemente ese aval público en principio no va a llegar, con el disimulo formal de que sólo “los reyes tenían favoritos y favoritas”, como dijo Cristina en su viaje de febrero a Moscú.

Macri y las “relaciones carnales” con “La Doce”

Ambos candidatos kirchneristas y también Sergio Massa, que viene remando desde la tercera posición, detrás del FPV y del PRO, tuvieron una circunstancia externa favorable. Se las brindó un partido por la Copa Libertadores, cuando el jueves 14 se enfrentaron Boca y Ríver en el estadio del primero.

Es que allí se produjo una cobarde agresión con gas pimienta o similar, por parte de grupos violentos de la barra xeneize, contra jugadores de Ríver que caminaban por la manga hacia el campo de juego, para el segundo tiempo.
Serias quemaduras en el cuerpo en cuatro futbolistas e imposibilidad en la visión, fueron el saldo del ataque, por un grupo de violentos que más que boquenses parecieron una caricatura de pequeña célula de Al Qaeda.
Ese hecho no sólo llevó a la suspensión del partido sino también a un amplio debate en la sociedad y en los medios futbolísticos y sociales en un sentido bien abarcador, sobre los manejos del club donde se produjo la agresión.
Y allí saltaron los sólidos vínculos de Daniel Angelici, abogado y empresario del juego, con Mauricio Macri y el PRO, al que sirve como operador en la justicia porteña. Angelici está relacionado con el fiscal general de la Ciudad, Martín Ocampo, de cuyo hijo es padrino. Esos tupidos lazos ya se habían evidenciado entre 2011 y 2013 cuando el secretario de Seguridad del club fue Carlos Stornelli, el fiscal federal ligado al PRO.
Las “relaciones carnales” de la directiva boquense con la barra brava “La Doce” también están fuera de discusión. Aparte de negocios varios, millonarios, facilitados por Angelici a esos violentos, se sabe que con anterioridad no quiso aplicarles el derecho de admisión con el argumento de que eran “socios del club”. Más recientemente y al contrario de lo que le reclamaba el secretario de Seguridad de la Nación, el titular de Boca quería volver a admitir en el estadio a Rafa Di Zeo y Mauro Martín, los dos referentes antes enfrentados a degüello por el control de la tribuna (y los negocios).
Ante la gravedad de los sucesos del jueves, como se venía una segura sanción muy dura de la Conmebol, Angelici y Macri hicieron declaraciones deplorando lo ocurrido. Eso sí, hicieron la “gran Pilatos” como si su conducción del club no tuviera nada que ver con esos violentos de procederes mafiosos.
Macri y sus muchos operadores mediáticos, caso de Fernando Niembro (Fox), quisieron tirar la pelota “a la sociedad”, o sea la culpa al gobierno nacional: dijeron que estos escándalos muestran la necesidad de un “cambio político”. O sea, que en agosto y octubre se vote al PRO. Más cinismo es casi imposible.

Fútbol y sociedad

Esos argumentos macristas sobre la supuesta culpa de “la sociedad” demandan una contestación.

Por supuesto que hay una relación entre fútbol y sociedad, entre deporte y cultura, entre lo que pasó en la Bombonera y lo que sucede en otros ámbitos del país. Pero esas relaciones no son mecánicas ni se debe tomar lo que ocurre en los peores rincones de la sociedades -muchas veces los countries o lugares VIP- para justificar lo sucedido en la Boca. Hay vínculos entre una y otra cosa, pero también enormes diferencias.
Un ejemplo extremo. Jorge Mangeri está acusado de haber estrangulado a Ángeles Rawson y luego metido su cuerpo en una bolsa para que fuera a la basura compactada en la Ceamse. Eso no puede tener traducción en que los barras de Boca atentaran contra la salud de Ponzio y Funes Mori. Y al revés, que este mellizo pegara una patada voladora en el Monumental en el partido de ida, no puede explicar una patada similar que alguien le propine a mi vecino en la parada del colectivo.
Por supuesto que lo que hacen los dirigentes políticos (y más si también lo son o lo fueron en Boca) puede tener influencia en lo que piense cierta gente que los tiene de referentes. Si Macri llegó a hacer espionaje ilegal sobre su cuñado, si creó una Metropolitana con la jefatura del Fino Palacios, procesado en la causa por encubrimiento del atentado a la AMIA, y si mandó a reprimir a quienes se oponían al derribo de los talleres protegidos del Borda, eso por supuesto puede ejercer influencia negativa en ciertas personas.
Aún aún con esa influencia posible, nadie podría acusar a Macri de tener que ver con los aspirantes a Al Qaeda en la Bombonera. Lo habrán hecho reclamando una tajada de negocios, para pasarle una factura a algún adversario o por desesperación porque se quedaban fuera de la Libertadores.
Que nadie acuse a Macri de lo sucedido, directamente. De todos modos no podrá zafar de que se exhiban su paternidad de la dirigencia de la Ribera. Todo allí huele mal y no es una cargada de Ángel Labruna tapándose la nariz.

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