Cristina Kirchner, Daniel Scioli, Carlos Zannini y el control político

Si uno repasa las notas de los columnistas de Clarín y “Gaceta ganadera” (léase “La Nación”), verá que rezuman bronca y resentimiento por todos sus poros. Joaquín Morales Solá, Mariano Obarrio, Eduardo van der Kooy y otras plumas están desflecadas por la novedad. ¿Motivo? Saben que la fórmula Scioli-Zannini estará cerca de ganar en primera vuelta.

Zannini, CFK y Scioli, o el poder detrás del sillón presidencial.

Zannini, CFK y Scioli, o el poder detrás del sillón presidencial.

Por Emilio Marín. La jugada de Cristina y Scioli es ganadora, pero polémica. Daniel Scioli reveló que su candidato a vicepresidente será Carlos Zannini. Y que así se lo había comunicado a Cristina Fernández. Parece una movida ganadora, de cara a las PASO y a octubre, pero no está exenta de polémicas y riesgos.

La jugada de Scioli, al anunciar que había propuesto a la presidenta que su candidato a vice sea Carlos Zannini, ha disgustado mucho a la derecha opositora, Wall Street y al monopolio Clarín.
La razón de ese enojo es fácil de comprender. El gobernador de Buenos Aires, que ya venía punteando en la intención de voto, ahora se habría asegurado la pole position para las PASO y quizás también para las presidenciales de octubre. Incluso sin necesidad de tener que dirimir la presidencia en un ballottage de noviembre.
Es que a su actual capital político y electoral habría sumado, vía la incorporación del Secretario de Legal y Técnica, el caudal del kirchnerismo de paladar negro que hasta ahora lo miraba con cierta desconfianza y ponía fichas en Florencio Randazzo.
Con esa sumatoria, Scioli ha demostrado que no es ningún tonto, políticamente hablando. Su imagen desteñida, mediocre, conservadora, de centro-derecha, podrá ser cierta, pero la jugada que hizo el martes lo revela como un político hábil, sea él quien tomó ese camino o algunos asesores con materia gris que lo aconsejaron.
Al momento de escribir estas líneas no hay declaraciones de los involucrados. Scioli no volvió a hablar y tampoco lo hicieron Zannini ni CFK. Habrá que aguardar la confirmación oficial, pero Scioli no se hubiera tirado a la pileta si no había agua allí. La reunión en Olivos existió y de su contenido habló con un canal, sin que nadie lo desmintiera.
Un comentario inevitable “de color” sobre ese anuncio. Scioli estaba hablando con Julia Mengolini y Pablo Duggan, en ese programa televisivo, y les anticipó que la persona elegida para completar la fórmula era alguien con aporte fundacional al kirchnerismo, que había estado con Néstor y Cristina desde antes que éstos fueran presidentes. Y la ex de Fito Páez lo interrumpió preguntándole: “¿es Máximo Kirchner?”. Obviamente que no Mengolini. En ese tiempo Máximo era un purrete. Carlos Zannini era el aludido por el gobernador de Buenos Aires. Está con los Kirchner en política desde 1984.
Al margen del desconocimiento de esa periodista, el canal del empresario Cristóbal López fue el elegido para tirar la noticia bomba. Eso explica en parte el desasosiego de Clarín. Este monopolio tendrá un premio consuelo pobrísimo, cuando sea el escenario devaluado del debate entre Sergio Massa y José M. de la Sota.

Monopolio mediáticos, impotentes, en contra

Si uno repasa las notas de los columnistas de Clarín y “Gaceta ganadera” (léase “La Nación”), verá que rezuman bronca y resentimiento por todos sus poros. Joaquín Morales Solá, Mariano Obarrio, Eduardo van der Kooy y otras plumas están desflecadas por la novedad. ¿Motivo? Saben que la fórmula Scioli-Zannini estará cerca de ganar en primera vuelta.
En consecuencia, aquellos presentaron los hechos como una imposición de la presidenta sobre el bonaerense, citado a Olivos y obligado a una aceptación de un vicepresidente que no quería. ¿No les entra en la cabeza que pudo ser el resultado de una negociación que ya llevaba su tiempo y ambas partes vieron como favorable, por lo que la terminaron así? Cristina Fernández ponía un incondicional y asesor suyo en la fórmula presidencial. Y Scioli se garantizaba o cree haberlo logrado, captar el voto del kirchnerismo duro, del FPV, La Cámpora, la mayor parte de Unidos y Organizados, etc, con lo que estima podrá sentarse como presidente en Balcarce 50, su viejo sueño.
En vez de analizar un escenario de discusión y negociación entre la presidenta y el gobernador, los medios hegemónicos pintaron el suceso como una artera emboscada en Olivos donde a Scioli le robaron hasta la prótesis del brazo.
En esos diarios, radios y canales calificaron a Zannini como “comisario político”, “el cerebro de las peores políticas del gobierno cristinista”, “gendarme político” y “hombre de la lapicera”, entre otras descalificaciones. Así trataron de matar dos pájaros de un tiro: al presunto comisario y a la supuesta jefa de Policía.
No son los únicos intereses que se sienten al menos rozados, no digamos fulminados, por las novedades. Clarín tituló ayer: “Por el efecto Zannini, caen los títulos argentinos en Wall Street. Las acciones argentinas bajaban hasta un 5,5% y los bonos un 1,3%. Los mercados creen que el actual secretario de la Presidente podría condicionar la gestión de Scioli”.
Esa presentación de las cosas busca hacer un petit terrorismo ideológico-financiero, porque en realidad Scioli es un buen amigo de Wall Street, el Council of Americas y la embajada estadounidense en Argentina. Las acciones y títulos que bajaron ayer pueden subir mañana…

Y Mauricio Macri, “el puro”, la mira por TV

Sea una jugada de Cristina y Scioli, o bien una imposición brutal de la primera, lo concreto es que de este modo la fórmula justicialista quedó en un primer lugar de la largada de la carrera presidencial. Reitérase: sólo en caso que se confirme oficialmente, lo que a esta hora no se ha producido.
Hubo una reacción histérica de Elisa Carrió, diciendo que esa fórmula oficialista pone las cosas en términos de contradicción entre “República Democrática o Dictadura Estalinista (sic)”. La chaqueña, como el resto de la oposición, está “nerviosha”, diría Kirchner.
El único que trata de aliviar esos pesares es Morales Solá. Su argumento es que la mayoría de la ciudadanía pide un cambio, y Scioli estaría perdiendo votos al sellar una alianza con Cristina y La Cámpora. Es un razonamiento minoritario. La mayoría de los observadores ve otra perspectiva, más bien ganadora para el FPV.
Mauricio Macri viene de perder una óptima oportunidad de fortalecer el PRO, tras su resbalón y caída en Santa Fe. El acuerdo de Olivos lo volvería a dejar afuera de la conversación, porque él actuó a contramano de su rival de la bailanta de Showmatch.
Es que el ex motonauta buscó alianzas con sectores del kirchnerismo con los que no se llevaba bien, para fortalecer su fórmula. En cambio el empresario jefe de la ciudad autónoma rompió todos los puentes con Massa e incluso al interior de su fuerza, con dos signos de sectarismo. Uno, la fórmula en provincia de Buenos Aires será 100 por ciento amarilla y porteña, con Vidal-Ritondo. El otro ejemplo de “pureza” es que su candidato a vicepresidente sería del mismo palo, Marcos Peña u otro.
Y esa es la desesperación de Clarinete, que mira azorado cómo Scioli pacta con el kirchnerismo en tanto Macri se conduce como el chileno Arturo Vidal, alcoholizado, en su Ferrari. ¿También terminará chocando?

El “peligro chino”

Donde no han mentido los que tanto critican a Zannini, tirando por elevación contra la presidenta, es en la referencia a su pasado como militante maoísta, de la agrupación universitaria TUPAC en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, y en Vanguardia Comunista, actual Partido de la Liberación.
El cronista puede dar fe de que esa historia de vida, que para otros es “prontuario”, es cierta. Militaba en la misma organización y misma ciudad que “el Chino”. Y cuando éste fue detenido en la vía pública, en 1975, en los tiempos del brigadier Lacabanne y el jefe de Policía García Rey, de un peronismo que tenía a la Triple A como fuerza orgánica en operaciones, fue a limpiarle la modesta pieza que el detenido alquilaba en la terraza de una vivienda en Barrio Jardín.
Eso lo relata con bastante exactitud Eduardo Zanini en su libro “El creador, Zannini el verdadero cerebro del kirchnerismo” (Editorial Planeta, pág. 72).
Seguramente el nacido en Villa Nueva y ex maoísta no es “el creador” del kirchnerismo pero tampoco “la lapicera”. Era y es una persona inteligente, como lo admite Morales Solá, y tiene un patrimonio a prueba de investigación, hecho con honestidad, según el autor del libro mencionado. La honradez, la contracción al trabajo y la oratoria deben ser algunas cualidades que le quedan de aquellos años ’70. Ahora esas y otras condiciones suyas están puestas al servicio de otro proyecto político.

¿La sumatoria de Zannini cambia la valoración de un eventual gobierno de Scioli?

¿La sumatoria de Zannini cambia la valoración de un eventual gobierno de Scioli? No. Puede mejorarla y limitar las aristas más conservadoras del mismo, pero no cambiarlas de raíz. Scioli es el amigo del embajador norteamericano Noah Mamet, de los diarios controlantes de Expoagro, de la Unión Industrial y Sociedad Rural, y siempre lo fue. Su bonaerense es la “mejor maldita policía del mundo” como ironizó Horacio Verbitsky. Sus cárceles no son sanas y limpias, son para castigo de los reos. Su estructura política es el PJ bonaerense, lleno de barones y varones del conurbano, y el PJ nacional, de similar signo.
Por eso muchos sectores kirchneristas, de centro-izquierda e izquierda, entre los que el cronista se incluye, veían con simpatía la precandidatura de Randazzo, hoy más cerca del arpa que de la guitarra, pues puede dejar la carrera y entrar a boxes. ¿Doce años de kirchnerismo para terminar en Scioli?, se atormentan. Para ellos este es un sapo muy difícil de tragar, para parafrasear a Jaroslavsky, por más estiramiento de tráqueas que aconsejan los pragmáticos de la victoria a cualquier precio, así sea pírrica.

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