Las mujer y la opresión neocolonial

En la sociedad falocrática de Senegal, la palabra “mujer” continúa significando pasividad, aceptación, debilidad, resignación, inferioridad. Ser humano de una dignidad inferior a la del hombre y de cuyo cuerpo puede adueñarse el hombre.

Senegal es mujer.

Senegal es mujer.

Por Guy Marius Sagna. “Se cuenta que Napoleón reprochó a una compatriota suya el que se ocupara de la política; ella le respondió: ‘Señor, en un país en el que las mujeres son condenadas a muerte es completamente natural que quieran saber por qué’”.

Queridas compatriotas, en este Senegal donde las mujeres son la mayoría de ese 46,6 por ciento de la población que vive bajo el umbral de la pobreza, donde son la mayoría de ese 50 por ciento de los menores de 15 años no alfabetizados, donde 392 de ellas son forzadas a morir por cada 100.000 partos, donde apenas hay dos comadronas por cada 1.000 parturientas –muy lejos de la norma de la OMS, que recomienda seis por cada 1.000 nacimientos vivos–, donde cada día 93 mujeres –más de 33.000 mujeres por año– lloran la muerte de su hijo de menos de cinco años, donde cuando ellas nacen no pueden esperar vivir más de 59 años –es decir, menos de 10 años que la media mundial–… es completamente natural que alguien responda a la pregunta “¿por qué?”. El destino ha reservado a la mujer senegalesa por lo menos dos trances amargos: haber nacido en un país semicolonial y haber nacido mujer.

¿Cómo tener recursos suficientes cuando los teléfonos, el agua, el ferrocarril… son privatizados? Privatizaciones impuestas por el FMI y el Banco Mundial. Privatizaciones que benefician a los multimillonarios del Norte.

Mujer nacida en un país semicolonial

La verdad es que no hay por qué sacar pecho. La situación de Senegal es grave. En Senegal, para hacer una diálisis, no hay más que dos máquinas de diálisis mientras que en otros países con una población similar, la dotación es de entre 560 y 600 de estas máquinas. Senegal quiere aumentar su producción de semillas certificadas del 12 al 25 por ciento de aquí a 2017. En la región de Sedhiou, 116 aldeas de un total de 924 disponen de electricidad, es decir, el 12,6 por ciento. Y el 40 por ciento de las aulas escolares funcionan en abrigos precarios, es decir, 1.666 de un total de 2.996 aulas.

En este contexto, es posible ver a una minoría de senegaleses, servidores de la mayoría, conduciendo los mismos coches en los que se mueven los ministros y diputados de países con un PIB altísimo o teniendo villas, fortunas, salarios y cajas de caudales que hacen palidecer de envidia a muchos en los países desarrollados; todo un escándalo. En fin, este estado de cosas, a pesar de tanto palabrerío sobre la buena gobernanza, es la condición para que esta minoría acepte transitar el camino de la traición antinacional.

El personaje de Ousmane Sembene, Gulewar, será todavía más desdeñoso después de la donación de 2.300 millones de francos CFA de Japón a Senegal el viernes 13 de febrero de 2015 por la compra de 8.000 toneladas de arroz en el marco de un programa de ayuda alimentaria. O incluso la recepción el mismo día por parte de Senegal de una donación de 1.200 millones de francos CFA para la electrificación solar de 120 centros de salud en el medio rural. ¿Qué decir entonces –algo todavía más reciente– de las 10.000 toneladas de medicamentos del rey [de Marruecos] Mohamed V?

El colono francés, cuando fue otorgada la independencia, se las arregló para colocar en lo más alto de Senegal a aquellos y aquellas de nuestros conciudadanos que hasta entonces nunca habían pronunciado la palabra “independencia” y huían de ella si acaso era sugerida. Todo esto con el objetivo de facilitar el pillaje y la dominación de nuestro pueblo mediante las políticas liberales, Esos conciudadanos para quienes la traición resultaba rentable se han afanado –con la ayuda de sus amos– por mantenerse en el poder todo el tiempo que fuera posible, es decir, hasta nuestros días. El Senegal digno, con sus batallas ganadas aunque sin haber ganado la guerra, jamás ha dejado de luchar por el [partido] “Mom Sa Rew”, a pesar de las novatadas, la marginación, los asesinatos… He aquí el porqué de que esos políticos neoliberales –ayer con los planes de ajustes estructurales (PAS) y hoy con los acuerdos de asociación económica (APE), pero también con otros mecanismos como el franco CFA– se impusieran a nuestro pueblo con la complicidad del Senegal indigno.

Son estos políticos los que privan a nuestro pueblo de los recursos necesarios para que haya suficientes comadronas, pediatras, ginecólogas y otros trabajadores de la salud; infraestructura sanitaria, personal de enseñanza e infraestructura educativa; industrias y un mercado nacional capaz de consumir lo que ellas produzcan; la necesaria maquinaria agrícola y subvenciones para la población campesina…

Son estos políticos los que acaparan el sector bancario y otras áreas estratégicas. Los que despojan a nuestra gente de su tierra y de los recursos pesqueros… también de su oro. El presidente de la república de Senegal acaba de confesar “nosotros no tenemos más que el 3 por ciento del oro que se explota en nuestro país”. Lo mismo pasará con el petróleo descubierto recientemente mientras el Senegal indigno esté en el poder. ¡El capital en detrimento del trabajo! Esta contradicción, que no es algo exclusivo de Senegal ni de las minas, ha hecho que Odile Tobner dijera “si bien, según Capital.fr, la actividad africana de Bollore es de lejos la más rentable del grupo, que representa solo el 25 por ciento de sus cifras de negocios pero produce el 80 por ciento de sus beneficios, para los pueblos africanos implicados es cualquier cosa menos jauja. Sin una soberanía de verdad, el crecimiento económico jamás se transformará en desarrollo de los pueblos”.

El 6 de mayo de 2015, durante la ceremonia de rehabilitación del programa “jangando” para la región de Dakar, el inspector académico de Dakar dijo: “estamos volviendo al reclutamiento a menor costo”. Del mismo modo que los senegaleses en las piraguas de 2006 o en las barcas de vela de 2015 son la muestra de un Senegal que se está recuperando de la Nueva Política Industrial, la Nueva Política Agrícola y el resto de Planes de Ajuste Estructural, ancestros a su vez de los Acuerdos de Asociación Económica.

Un kilómetro de pista cuesta entre 20 y 25 millones de francos CFA; un centro de salud bien equipado, 1.500 millones; un almacén de depósito cuesta 80 millones; un profesor y un ginecólogo cuestan… Esos políticos nos privan de recursos que nos permitirían hacer frente a nuestras necesidades. ¿Cómo tener recursos suficientes cuando los teléfonos, el agua, el ferrocarril… son privatizados? Privatizaciones impuestas por el FMI y el Banco Mundial. Privatizaciones que benefician a los multimillonarios del Norte.

Para ilustrar esto, volvamos al caso de la región de Sedhiou. Antes del consejo de ministros descentralizado realizado en Sedhiou, las necesidades de inversión se estimaron en 856.000 millones de francos CFA. El primer ministro informa de que el Estado y sus asociados ya han librado 137.000 millones (por lo tanto, aún restan 719.000 millones). Ahora bien, el costo de lo más urgente ha sido estimado en 356.000 millones de francos CFA (según Nfaly Badji, director de la ARD de Sedhiou, en Radio Le Soleil del martes 24 de febrero de 2015). El consejo de ministros descentralizado del 25 de febrero de 2015 anunció una ampliación de 13.000 millones realizada por Macky Sall a los 187.000 millones presupuestados por el consejo interministerial el día anterior. Vale decir, 200.000 millones de inversión en el marco de un programa especial de inversiones públicas 2015-2017. A continuación, se informó públicamente de que después habrá un programa trienal 2018-2021 que tomará el relevo de las grandes inversiones.

Esto es igualmente viable para el resto de las regiones senegalesas, como la de Kaffrine. Para modernizarse, esta región necesita realizar un programa de unos 344.431 millones de francos CFA. Solo 19.745 de esos millones, es decir, el 6 por ciento ya se han librado por parte del Estado y sus asociados, ha dicho el gobierno.

Para la campaña agrícola de este año, el gobierno ha informado de que subvencionaría 13.000 sembradoras, 1.040 azadas occidentales y 650 azadas chinas. En Senegal hay 14.958 aldeas. En el sector de la agricultura, la política de opresión llevada a cabo contra el pueblo senegalés en general y contra la porción campesina en particular, significa 0,869 sembradora por aldea, 0,069 azada occidental por aldea y 0,043 azada china por aldea. Estas cantidades irrisorias sumadas a la falta de manejo del agua –algo histórico en la opresión neocolonial– en un año de escasas lluvias como ha sido 2014, tienen como consecuencia la existencia de 1,5 millones de senegaleses en situación de inseguridad alimentaria en junio de 2015; una situación que revela la tragedia del mundo rural senegalés, de la mujer campesina de Senegal en particular.

Esas políticas golpean por igual a todos los senegaleses, no importa cuál sea su sexo ni su edad. Es por eso que a todos los senegaleses, sin distinción de sexo ni edad, corresponde la tarea de liberar a nuestro país de la dominación de un sistema que nos impone una situación trágica, que se muestra inequívocamente por la falta de 4.000 comadronas en un país en el que solo el 59 por ciento de los partos es asistido por personal médico calificado.

“Si sentís vuestras cadenas, ya sois la mitad libres”

En estos momentos, el interés de los pueblos de Senegal y de África exige, con una fuerza especial, la entrada de las mujeres en los sectores organizados del país y del continente, la entrada de las dignas combatientes por la liberación de Senegal y de África. Esta tarea será realizada con más facilidad en la medida que las mujeres tomen parte en ella; la más importante, la más consciente y la más voluntaria.

Dado que las organizaciones antiimperialistas pretenden tomar el poder, es peligroso no actuar en relación con las masas inertes de mujeres no preparadas en el movimiento de las amas de casa, las empleadas, las campesinas… carentes del concepto de colaboración y de prejuicios, y no ligadas por un vínculo cualquiera al gran movimiento de liberación que es el antiimperialismo. Las mujeres senegalesas que no participan en ese movimiento constituyen inevitablemente un apoyo para el imperialismo y sus colaboradores, y un objetivo para su propaganda semicolonial. La falta de conciencia de las mujeres puede desempeñar un papel negativo en la lucha de nuestro pueblo contra el imperialismo y sus efectos.

Todo lo que acabamos de decir es la tarea inmediata de las mujeres herederas de aquellas de Nder: extender la influencia del antiimperialismo en las amplias capas de la población femenina de Senegal y sustraer a las mujeres de la influencia de las concepciones imperialistas y de la acción de los partidos que están por la colaboración para hacer de ellas una auténticas combatientes por la liberación total de la mujer.

En ningún caso, lo que el antiimperialismo dará a la mujer podrá dárselo el movimiento femenino de la colaboración. Mientras Senegal sea objeto de la dominación, la liberación de la mujer es imposible.

“La revolución y la liberación de la mujer van juntas. No se trata de un acto de caridad ni de un impulso humanitario sino de la emancipación de las mujeres. Es una necesidad fundamental para el triunfo de la revolución. Las mujeres son las portadoras de la otra mitad del cielo”

La paridad no acaba con la dominación imperialista

Todo trato y apoyo de la mujer antiimperialista al feminismo proimperialista no hace otra cosa que debilitar las fuerzas por la independencia y retardar la revolución antiimperialista, vale decir, la liberación de la mujer. Solo liberaremos Senegal y África cuando se dé la unión en la lucha de todas las mujeres y los hombres antiimperialistas, y no con la unión de las fuerzas femeninas pertenecientes a dos campos opuestos (anti- y proimperialistas). De cara a la cuestión nacional, la cuestión del sexo pasa a un segundo plano.

La lucha de la mujer contra su doble opresión, la imperialista y la dependencia familiar y doméstica, es una lucha de los antiimperialistas de ambos sexos contra el imperialismo y por la emancipación de las mujeres.

Las raíces de la opresión de las mujeres senegalesas están en primer lugar en el imperialismo. Para acabar con esta opresión es necesario un nuevo orden social: un Senegal liberado del imperialismo.

Lo dicho nos lleva a cuestionar la paridad hombre-mujer en las funciones electivas senegalesas. ¿Qué ha cambiado en la gestión de los municipios senegaleses desde el 29 de junio de 2014, fecha de las primeras elecciones municipales, en las que se exigía la paridad en la confección de las listas de candidatos? ¿Es diferente el Consejo Económico-Social y Medioambiental desde que a la cabeza del mismo se encuentra una mujer? ¿Existe una asamblea nacional senegalesa de ruptura debido al hecho de la paridad en la constitución de las listas de candidatos durante las elecciones legislativas de 2012? Para las 33.000 mujeres que cada año pierden a su hijo de menos de cinco años, para las que pierden a sus hijos o a su marido en las fosas comunes del Mediterráneo y otros mares o del desierto como consecuencia de las políticas neoliberales o para aquellas comprendidas en el 46,6 por ciento que viven debajo del umbral de la pobreza… ¿la paridad es su prioridad? Del mismo modo que la burguesía engaña al pueblo tratando de reunirlo bajo su bandera, del mismo modo que la grande y la pequeña burguesía femeninas se han burlado de las grandes masas de mujeres atrayéndolas a sus agendas pequeñoburguesas.

La mayoría de las mujeres senegalesas, cada una en su choza, piensa en aliviar su trabajo doméstico, en tener acceso al agua, anhela poder trabajar fuera de su casa… Mientras que las otras, en sus palacios, sueñan con la participación en el parasitismo de nuestros recursos.

En el contexto actual, la lucha por la paridad no puede asimilarse a la consigna leninista “Cada cocinera debe aprender a dirigir el Estado”, lanzada en un contexto como el ruso en el que era necesario atraer a las mujeres rusas, incluso a las más atrasadas, a la vida pública y los soviets. En Senegal, lo que se enseña es cómo embaucar a sus mandantes, es decir, al pueblo.

Cambiemos la situación económica y social de la mujer senegalesa y ella será emancipada. Permitamos que las mujeres pequeñoburguesas accedan a los puestos electivos y así permitiremos que ellas se integren en la burocracia burguesa mediante el acceso a los medios de enriquecimiento personal igual que sus compañeros masculinos. No es necesario reinventar a G. Deville, cuyas palabras suenan tan adecuadas: “(…) no empezamos una campaña por la admisión hoy día de las mujeres a los derechos políticos para que, a partir de entonces, la fantasía de la candidatura femenina no nos cuente entre sus partidarios, aunque, ¿están acaso las mujeres en el más completo pie de igualdad con los hombres en los grupos del partido obrero? Sabiendo que el derecho al sufragio no es el camino hacia la emancipación humana, no podemos perder un tiempo precioso en la persecución de un objetivo que, por imposible de alcanzar, es incapaz de mejorar la situación de la mujer. Para ellas y para ellos, cuyos esfuerzos se habrían perdido, sería otra decepción más que se sumaría a la larga lista de decepciones provocadas por el sufragio universal; aunque, en este caso, la responsabilidad caería por entero sobre quienes se habrían abandonado a un sentimentalismo demasiado irreflexivo. La emancipación femenina está subordinada a la transformación económica; solo trabajando por esta transformación es que se hará algo por la liberación de la mujer. Actuar de otra manera es, concientemente o no, hacerse cómplice de desviaciones perjudiciales a los intereses que se pretende defender”.

Cabral ya lo decía: “nuestro partido y la lucha deberían estar dirigidos por los mejores hijos e hijas de nuestro pueblo”. Lo mismo puede decirse para los municipios y la asamblea nacional… cuando los antiimperialistas hayan conquistado el poder.

La transformación social en Senegal pasa por romper los vínculos con el imperialismo; de no ser así, no habrá transformación social alguna.

Haber nacido mujer

En la sección “Sucesos” [de la prensa] se habla de una historia que tiene lugar en Yang-Yang. Es la de Taubel, una mujer asesinada a machetazos por su marido el 1 de junio de 2015. Le habría cortado la carótida y partido el hombro y la rodilla derechos. El 5 de junio, nos han hablado de Fanta, esta vez en Goudiry, que había sido golpeada por su marido y después apuñalada. Estos actos de violencia, como otros practicados contra mujeres senegalesas están muy lejos de ser sucesos policiales. Es el destino de muchas mujeres senegalesas solo por el hecho de ser mujer.

En 2014 se han registrado 3.600 violaciones en Senegal. Podríamos parafrasear a Angela Davis: La violencia debe recordar a la mujer la inmutabilidad esencial de su condición femenina. En la sociedad falocrática senegalesa, la palabra “mujer” continúa significando pasividad, aceptación, debilidad, resignación, inferioridad. Ser humano de una dignidad inferior a la del hombre y de cuyo cuerpo puede adueñarse el hombre.

La opresión de nuestras compatriotas por el hecho de su condición femenina es tal que su cuerpo no le pertenece. Esto está confirmado incluso por la última encuesta demográfica y de salud (EDS-C, por sus siglas en francés) El 25 por ciento de las mujeres de entre 15 y 49 años declara haber sufrido la ablación del clítoris.

El índice de prevalencia contraconceptiva ha aumentado en ocho puntos entre 2010 y 2014, es decir, ha pasado del 12 al 20,3 por ciento. La mayoría de las mujeres [senegalesas] no puede utilizar métodos contraceptivos si no cuentan con el permiso de su marido. Entonces, ¿qué pasa con la interrupción voluntaria del embarazo? Los guardianes del templo falocrático están vigilantes.

Hay algo más que ilustra la opresión que viven las mujeres senegalesas: el 80 por ciento de ellas no tienen acceso directo a los bienes inmuebles. Solo el 20 por ciento de las mujeres posee un título regular de propiedad de su tierra. A esto es necesario agregar que la superficie media de las parcelas explotadas por un senegalés está en las 6,9 hectáreas, mientras que las de las mujeres está en alrededor de las 3,4 hectáreas.

Es imposible no recordar este otro pernicioso ejemplo de la doble opresión sufrida por nuestras hermanas y madres representada por la práctica consistente en blanquearse la piel llamada “xeesal”. Incluso existe una tipología de esta práctica, un verdadero problema de salud pública. Algunas de nuestras compatriotas no dudan y dicen con orgullo: “Yo lo único que hago es el ‘leral’”. Dos opresiones a la vez: la racial y la falocrática. Además de la lucha compartida con el resto de senegaleses, ellas tienen reivindicaciones específicas.

En la sociedad que quieren edificar los progresistas senegaleses, la mujer es igual al hombre. Es por eso que no se detendrá la lucha resuelta que se libra contra las teorías y prácticas que ponen a la mujer en un plano de inferioridad.

La transformación social en Senegal pasa por romper los vínculos con el imperialismo; de no ser así, no habrá transformación social alguna. Paralelamente, increpamos a los más temerarios como tan bien lo hizo Sejourner Truth: “Allá, los pequeños señores vestidos de negro dicen que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombre porque Cristo no era mujer. ¿De adónde viene el cristo? ¿De adónde viene vuestro Cristo? ¿De Dios o de una mujer? ¡El hombre no tiene nada que ver con él!”. Y si no están dispuestos a entender, añadimos: “¡Si la primera mujer creada por Dios era tan fuerte para dar vuelta el mundo ella sola, las mujeres deberían ser capaces de volver a ponerlo al derecho!”. No trabajar por la emancipación de la mujer equivale a mutilarse. Es lo mismo que decidir usar una sola pierna en lugar de las dos. Ahora bien, Senegal se moverá con más rapidez si utiliza las dos piernas y no una sola. Lo mismo vale para la revolución antiimperialista. De ahí lo muy acertado de Sankara cuando dice: “La revolución y la liberación de la mujer van juntas. No se trata de un acto de caridad ni de un impulso humanitario sino de la emancipación de las mujeres. Es una necesidad fundamental para el triunfo de la revolución. Las mujeres son las portadoras de la otra mitad del cielo”. Esta mitad, los antiimperialistas de ambos sexos la conquistarán juntos.

En un Senegal liberado, liberaremos a la mujer ya que toda acción contra la opresión neocolonial es un progreso que alivia la situación de la mujer. Incorporemos a la mayoría de las mujeres senegalesas a la lucha contra la opresión neocolonial. Ellas constituirán el ejército decisivo que cambiará los fundamentos de Senegal. Y se dirá de ellas aún más que lo que se dijo de las mujeres rusas, chinas, cubanas, argelinas, surafricanas… O quizás lo mismo que un observador burgués de la Comuna [de París] escribía en 1871 en un diario inglés: “Si la nación francesa estuviera compuesta solo de mujeres, ¡qué terrible nación sería!”.

Dakar, 7 de junio de 2015

Referencias bibliográficas:

Femmes, race et classe , Angela Davis, 1981

La femme et le communisme , Jean Freville, enero de 1950

La propaganda entre las mujeres , Tercer Congreso Internacional Comunista, junio de 1921

* Guy Marius Sagna es coordinador de la coalición nacional “Non aux APE”, Senegal

Traducido del francés para Rebelión por Carlos Riba García.

Fuente: Michel Collon

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