Estados Unidos, país de asesinos, fanáticos y racistas

Una histórica iglesia metodista de Carolina del Sur, símbolo de la lucha por los derechos civiles, fue escenario de una masacre. Obama queda como un inútil de cara a su gente. No fue capaz siquiera de hacer aprobar una ley de control de armas para al menos limitar esa clase de asesinatos en masa. Y para hacer más evidente el papelón, los 9 muertos de este último episodio son mujeres y hombres negros, de su propia piel.

Dylan Roof, el asesino de Carolina del Sur, es uno de los tantos símbolos de la violenta y salvaje sociedad norteamericana.

Dylan Roof, el asesino de Carolina del Sur, es uno de los tantos símbolos de la violenta y salvaje sociedad norteamericana.

Por Emilio Marín. Otra masacre en Estados Unidos, con varios afroamericanos asesinados en una Iglesia. Es un país ideal para esas masacres: practica la violencia afuera y adentro, tiene un pasado y presente racista, y la venta de armas es libre.

El arma del criminal le había sido regalada por su padre por su cumpleaños, según reportó su tío, Carson Cowles. Es un arma de guerra, pero allí puede ser comprada sin impedimentos, gracias al lobby de la Asociación Americana del Rifle, que supo presidir el ex actor Charlton Heston, y los fabricantes de armas.

Para Barack Obama es uno de los peores finales, habiendo comenzado en 2009 rodeado de tantas esperanzas multicolores y especialmente de la población negra. Es que por primera vez en la historia del país un afroamericano llegaba a la Casa Blanca.
En el tramo semifinal de su gobierno, una histórica iglesia metodista de Carolina del Sur, símbolo de la lucha por los derechos civiles, fue escenario de una masacre.
Resultado político: Obama queda como un inútil de cara a su gente. Como alguien que no fue capaz siquiera de hacer aprobar una ley de control de armas para al menos limitar esa clase de asesinatos en masa. Y para hacer más evidente el papelón, los 9 muertos de este último episodio son mujeres y hombres negros.
La conocida Iglesia AME Episcopal Iglesia Metodista Africana Emanuel, ubicada en Charleston, Carolina del Sur, tenía reuniones los miércoles para estudiar la Biblia. Y este 17 de junio junto a personas que iban habitualmente, se coló un blanco de 21 años, Dylann Roof, que estuvo orando y conversando con ellos una hora. Luego extrajo una pistola calibre 45 y empezó a disparar en medio de expresiones tales como “tengo que hacerlo, ustedes violan a las mujeres y se quieren quedar con el país”.
Uno de los primeros en morir fue el reverendo Clementa C. Pinckney, de 41 años, que a la vez era senador estadual por los demócratas (a los 23 fue diputado por ese partido, uno de los más jóvenes de la historia de esa cámara).
El arma del criminal le había sido regalada por su padre por su cumpleaños, según reportó su tío, Carson Cowles. Es un arma de guerra, pero allí puede ser comprada sin impedimentos, gracias al lobby de la Asociación Americana del Rifle, que supo presidir el ex actor Charlton Heston, y los fabricantes de armas. Si quieren un fusil como el que los marines usan en Afganistán, y tienen la plata para pagarlo, también lo pueden llevar. El negocio por encima de todo…

Una agencia de noticias publicó el listado de las últimas masacres en EE UU. Descartando las anteriores a su asunción, quedan éstas: 5/11/2009, un ex psiquiatra del ejército mató a 13 compañeros en la base texana de Ford Hood. 16/04/2012, un estudiante surcoreano mató a 32 personas en la Universidad de Virginia. 20/7/2012, disfrazado de villano, James Holmes, de 24 años, irrumpió en un cine de Denver y mató a 12 personas. 16/9/2013, un hombre mató a 13 personas en el cuartel general de la armada en Washington. 14/12/2012, un joven abrió fuego contra estudiantes de la escuela Sandy Hook, en Connecticut y 20 chicos murieron.

Verdades a medias sobre la criminalidad de EEUU, que incluye al propio gobierno

El asesino fue detenido en el estado vecino, Carolina del Norte, y su acción fue catalogada por la justicia y la policía como “crimen de odio”. El presidente dio una conferencia de prensa donde manifestó su “tristeza y rabia” por un suceso repetitivo. Obama llamó la atención sobre la falta de limitaciones a la venta de armas y dijo que estas masacres ocurren en Estados Unidos pero no en otros países desarrollados.

Ya se consignó que uno de sus más sonoros fracasos -no el único- fue el no haber podido imponer límites a ese armamentismo de rango constitucional. En la conferencia se lo notó resignado, porque no anunció ninguna iniciativa legal al respecto. El “pato rengo” carece de ánimos para alguna limitación legal en la materia como si supiera que el Capitolio se la va a voltear.
Una agencia de noticias publicó el listado de las últimas masacres en EE UU. Descartando las anteriores a su asunción, quedan éstas: 5/11/2009, un ex psiquiatra del ejército mató a 13 compañeros en la base texana de Ford Hood. 16/04/2012, un estudiante surcoreano mató a 32 personas en la Universidad de Virginia. 20/7/2012, disfrazado de villano, James Holmes, de 24 años, irrumpió en un cine de Denver y mató a 12 personas. 16/9/2013, un hombre mató a 13 personas en el cuartel general de la armada en Washington. 14/12/2012, un joven abrió fuego contra estudiantes de la escuela Sandy Hook, en Connecticut y 20 chicos murieron.
Con lo de la iglesia se engrosa su triste récord internacional donde nadie le discute el campeonato de la muerte. Obama se queda muy corto en sus palabras. Crímenes aberrantes como esos no sólo que no fueron cometidos en otros “países desarrollados”, como él dijo. Tampoco se conoce de matanzas por el estilo en “países en vías de desarrollo”. La comparación se refiere a asesinatos hechos por una persona armada; si entraran en el cotejo represiones de gobiernos y Fuerzas Armadas claro que hay masacres numéricamente muy superiores. También en esa categoría el imperio está en el podio, con cerca de un millón de muertos en Irak.
De eso no habló Obama. Prefirió tomar un aspecto y compararlo con un solo tipo de países. Así y todo la criminalidad de la enferma sociedad norteamericana quedó al tope, sin disimulos.

El dato mete miedo: entre 2000 y 2013, el FBI registró 160 tiroteos, en los que murieron 486 personas.

Stop and go. Una sociedad enferma

Se puede traducir como paro y sigo. Justo el día de la masacre en la iglesia, iba a llegar a la ciudad el precandidato republicano Jeb Bush, hermano de George W, que lucha por heredar el Salón Oval. El día antes había estado Hillary Clinton, precandidata demócrata que perdió la pulseada de 2008 con Obama y ahora va por su revancha, aunque el Salón Oval u Oral tenga el recuerdo de los encuentros de Bill con la becaria Mónica Lewinsky.
Frente a la tragedia, los candidatos suspendieron sus actos por dos días. Es la respuesta “políticamente correcta”, también aconsejada por sus asesores para que el costoso marketing no se gaste en vano, con audiencias cautivadas por otros temas de actualidad.
Después reanudarán sus actos proselitistas como si nada. Y quizás llegue a Carolina del Sur el candidato republicano Donald Trump, el bimillonario con inversiones en la construcción y el mercado inmobiliario, que dijo tener 9.000 millones de dólares de patrimonio, por lo que no pedirá aportes a empresarios como hacen los demás. Trump debutó con un discurso que prometió levantar muros de contención a los inmigrantes mexicanos, como si fueran la peor peste. Dijo que los muros construidos por su empresa son los mejores y más baratos, por lo que no se podría descartar algún negocio.
Ese empresario siembra violencia, especialmente contra los inmigrantes mexicanos. ¿Qué tendría de extraño que otro neonazi como Dylann Roof empiece a los tiros contra personas de esa colectividad, por ejemplo en un estadio de fútbol? El criminal podría gritarles mientras dispara: “ustedes nos están sacando el trabajo a los americanos”.
Lo que el cronista trata de decir es que allí hay un sistema económico, político y cultural basado en la desigualdad social, la explotación, la violencia, las guerras y el racismo. Y de ese terreno contaminado, como tierra fértil, surgen personajes como el joven supremacista blanco que empezó a los tiros en la Iglesia. Es su culpa, pero no sólo suya ni es un problema individual. Ya la gobernadora del Estado, Nikki Haley, planteó que si se comprueban los cargos prefiere un juicio en Carolina del Sur y no en la justicia federal, para aplicar la pena de muerte. Se contesta a la violencia con más violencia y eso cierra el círculo vicioso de la muerte, hasta la próxima masacre. Y de paso, algunos de los asesinos que están en proceso de maduración, tomarán a Dylann Roof como un ídolo, listos a emularlo.
El dato mete miedo: entre 2000 y 2013, el FBI registró 160 tiroteos, en los que murieron 486 personas.

No todo está perdido contra el racismo 

Aquella sucesión de crímenes puede inclinar a muchos norteamericanos a un pensamiento derrotista, de que su sociedad no tiene remedio. Pero también puede llevarlos a una indagación de porqué les ocurre eso, a diferencia de, por caso, Cuba. La isla socialista, a sólo 90 millas de La Florida, no tiene estas sacudidas criminales y no tanto porque su policía y seguridad puedan prevenir atentados. Sobre todo, porque tiene una educación diferente, un piso cultural más elevado y un culto por la igualdad de las personas en todo sentido, también en sus ingresos y posibilidades (no la igualdad absoluta, claro). No hay opresión de clase de las personas ni por el color de su piel, y eso que Cuba cuenta un importante sector de afrodescendientes. Estos pueden sufrir aún hoy algún menoscabo pero no racismo.
Plantear estos temas de confrontación ideológica es lo que Fidel Castro llamó “Batalla de Ideas” y a su modo aludió el Papa Francisco como “Revolución Cultural”, exponiéndose a que los comunistas chinos le pidan pagar el copyright por cuenta de Mao.
De ese dolor que hoy se palpa en Carolina del Sur puede surgir un cambio para bien de muchas personas, si perciben las raíces profundas y envenenadas del racismo.
Sobre todo el cambio no va a venir de las oraciones ni la introspectiva, sino de una costumbre recuperada desde fines de 2014, cuando Ferguson, Nueva York, Cleveland, Baltimore y otras ciudades vieron rebasar sus calles con protestas de organizaciones y familiares de las víctimas de “gatillo fácil” policial. Los policías que tiraron a matar eran blancos y los muertos todos negros.

En esas luchas actuales viene bien, para los norteamericanos y también para los argentinos, saber algunas cosas de la historia. El cronista desconocía que la iglesia AME donde se produjo la masacre, había sido una modesta iglesia de los negros que a principios del siglo XIX fue quemada por los blancos y varios de sus fieles condenados a la horca. ¿Su delito? Denmark Vesey organizó un levantamiento de esclavos en 1822 para huir en barco hacia Haití, la primera república negra independizada de Francia. Los descubrieron y los mataron, pero unas décadas más tarde los negros reconstruyeron su iglesia. Ahora los vuelven a asesinar. Difícilmente los puedan vencer para siempre.

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