La Ley Mordaza es retroceder en cuatro patas

La reciente entrada en vigor de la ‘Ley de Seguridad Ciudadana’, apropiadamente conocida como ‘Ley Mordaza’, supone graves pasos atrás, hasta el punto de hacer (falsamente) buena a la Ley Corcuera. Aparece, siempre bajo la coartada de la “seguridad ciudadana”, un...

España retrocede en cuatro patas.

España retrocede en cuatro patas.

Por Juan Antonio Aguilera Mochón. La Ley Mordaza: el retorno del ‘Orden Público’. Vuelven tiempos oscuros y, para ser precisos, grises. Los grises (o ‘policías armados’) personificaron un Estado precisamente policial, represivo, con un control social que en el franquismo alcanzó su cénit mediante la desvergonzada apelación al “Orden Público”, que justificó sus correspondientes Ley y Tribunal (el “TOP”).

La utilización de simbología franquista seguirá sin castigo tras la aprobación de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. El Ministerio del Interior ha confirmado que no bastará la mera exhibición de banderas o emblemas de este tipo para cometer una infracción grave, sino que las Fuerzas de Seguridad deberán entender, además, que con ello se incita a la violencia o se está justificando el odio.

La muerte del dictador trajo mejores aires, simbolizados sobre todo por la pronta disolución de esas instancias tenebrosamente emblemáticas (la Policía Armada, la Ley de Orden Público de 1959 y el TOP; no entro aquí en otras). Pero nunca ha acabado España de desprenderse de los vicios represores; en este sentido, fue especialmente dolorosa la aprobación, bajo el gobierno de Felipe González, de la ‘Ley Corcuera’ o ‘de la patada en la puerta’ (en el BOE, ley orgánica sobre “Protección de la Seguridad Ciudadana”) que, además de otras cosas como la resumida en ‘la patada’, restringía el derecho de huelga de los trabajadores, y que fue parcialmente corregida por el Tribunal Constitucional.

La reciente entrada en vigor de la ‘Ley de Seguridad Ciudadana’, apropiadamente conocida como ‘Ley Mordaza’, supone graves pasos atrás, hasta el punto de hacer (falsamente) buena a la Ley Corcuera. Aparece, siempre bajo la coartada de la “seguridad ciudadana”, un ataque en toda regla a las libertades de manifestación, reunión, expresión e información; como hemos dicho desde Europa Laica, es una agresión, en definitiva, a la libertad de conciencia. Parece que se busca meter miedo a quienes traten de expresarse y manifestarse libremente, sobre todo si ponen en entredicho o meramente incomodan a los poderes. De paso, se menoscaba el derecho a la intimidad. La creación de nuevas figuras delictivas y de diversos instrumentos de control lleva a criminalizar a quienes simplemente ejercen sus derechos, cuando, en la situación económica y social actual, ese ejercicio es cuestión de dignidad y de salud democrática.

Este tipo de sanciones conlleva un criterio de criminalización de los aspectos básicos de la libertades que solo encontraremos en los regímenes autoritarios. Nos debatimos entre lo indignante, lo surrealista y lo patético.

No obstante, sí hay algo evidente: la derecha gobernante y sus aparatos represivos campan a sus anchas atravesando cada espacio de la vida cotidiana. Sabemos que el pack de las tres leyes que entraron en vigencia el miércoles tiene por objeto amedrentar, hostigar y si pueden eliminar a la disidencia. Una forma efectiva de lograrlo es normativizando el día a día, las pequeñas libertades, los actos sociales más imperceptibles: Todo el tiempo y por cada cosa puedes ser culpable. – Momento de resistencia y de indignación. No paremos.

Con la nueva ley, la propia policía reverdece viejos y grises tintes de fuerza represora (de los que, ay, no llegó a desprenderse del todo nunca), mostrándose entonces como ciega garante del status quo. Además, la ley se ceba en quienes pretenden entrar a España en busca de una vida mejor o de la mera supervivencia. Lo que se percibe es que, en realidad, no se trata de proteger la ‘seguridad ciudadana’, sino de utilizar esta como coartada para aproximarse a un concepto del ‘Orden Público’ que era coherente en la dictadura franquista, pero es totalmente incompatible con una verdadera democracia. En cuanto al daño a la libertad de información, es lo que nos faltaba en un país donde ya es un clamor que los grandes medios están secuestrados por el poder económico.

La perversión de la Ley Mordaza es aún mayor porque es la puntilla que remata lo que ya habían avanzado (léase retrocedido) otras. La Ley Orgánica de Protección de Datos y la Ley de Propiedad Intelectual eran sin duda necesarias e introducen regulaciones encomiables, pero se han aprovechado para articular limitaciones inadmisibles de la libertad de expresión. ¿Y qué decir de la represión y el autoritarismo que respira el flamante Código Penal?, ¿no se ensaña con los excluidos, no arrincona los principios reeducativos y de reinserción social de las penas? Por último, en muchos municipios las Ordenanzas de Convivencia Ciudadana ahondan en la exclusión de los ya excluidos, y, como promete la denominación, ordenan la convivencia desde el infantilismo, el rigorismo y el necropolismo.

Estamos por tanto, como dice Europa Laica, ante toda una extensa acción coordinada que no se explica si no es con el fin de controlar y reprimir a la ciudadanía, en defensa de unos intereses espurios, ajenos a ella.

Contra los movimientos sociales

En su blog,  ARMAK de ODELOT comenta: “Creíamos que no tenían en cuenta a los movimientos sociales pero han tomado exacta cuenta de sus acciones y han diseñado un traje a medida para terminar con sus movilizaciones.” y enumera diez cosas que se prohíben en la nueva Ley Mordaza:

1. Contra el 15-M 
 
2. Ya no se podrá volver a acampar en Sol ni en Las Setas de Sevilla, ni en ningún espacio público. No se podrá acompañar a las víctimas de los desahucios porque supone obstaculizar la labor de funcionarios públicos.
 
3. No se podrán celebrar manifestaciones en torno al Congreso de los Diputados, el Senado, ni el Parlamento de Andalucía. No importa que desde hace 30 años se esté haciendo a diario y sin conflictos. Vaya a manifestarse donde no estén sus representantes.
 
4. No se podrán grabar actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni compartirlas en redes sociales. Si hay violencia policial debe quedar en la estricta intimidad e impunidad.
 
5. No podrá colgar pancartas ni banderas en edificios.
 
6. No podrá instalar tenderetes para recoger firmas o repartir propaganda.
 
7. Tenga cuidado de que sus expresiones no supongan una ofensa a España a juicio de la autoridad competente Diga que recitaba a Cernuda, Machado o Gil de Biedma por si acaso.
 
8. No haga reuniones o manifestaciones en lugares de tránsito público. Busque lugares recónditos de tránsito privado.
 
9. No pierda el DNI ni dejen que se lo sustraigan tres veces en cinco años porque será multado. Llévelo siempre atado al cuello.
 
10. No pronuncie injurias, calumnias ni acusaciones contra las autoridades o instituciones en las manifestaciones públicas. 

En definitiva, la situación es de una gravedad extraordinaria, pues se están pisoteando derechos democráticos muy básicos por los que tantos españoles lucharon durante tantos años. Aunque todo se hace, según el Partido Popular, por nuestro bien. Como dice el dicho, nos están meando y quieren que digamos que llueve. Creo que debemos sumar fuerzas con quienes denuncian el hedor con que nos empapa una Ley de Seguridad Ciudadana que atenta contra derechos y libertades fundamentales, y exigen al Gobierno su inmediata retirada, pues en una democracia sólo es aceptable una legislación que ampare los derechos de la ciudadanía.

Fuente: Rebelión 

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