PASO presidenciales en Argentina

La victoria de los candidatos a presidente y vice del FPV no significa automática ni íntegramente que lo sea del kirchnerismo, pues Scioli no es eso aún cuando en los últimos dos meses emprendió un giro dialéctico en tal dirección.

Daniel Scioli  y Carlos Zaninni, triunfantes en las presidenciales PASO 2015 de  Argentina.

Daniel Scioli y Carlos Zaninni, triunfantes en las presidenciales PASO 2015 de Argentina.

Por Emilio Marín. Victoria de Daniel Scioli y Carlos Zaninni. Algunas cosas que dejaron las PASO a nivel nacional. Con los números finos del país se podrán sacar más conclusiones políticas. Pero las más gruesas quedaron expuestas el domingo a la noche. Octubre queda cada vez más cerca…

Al principio se dijo que había votado “sólo” el 69 por ciento del padrón nacional. Se la consideraba una marca mediocre, comparada con el 78 por ciento de 2011 en votación similar. Sin embargo, al final ese porcentaje subió al 73,96 por ciento, un índice importante. Más teniendo en cuenta que en partes de la provincia de Buenos Aires y otros distritos el clima no ayudó con precipitaciones e incluso algunas inundaciones.
Se puede decir que la democracia aprobó un nuevo examen, al menos en lo cuantitativo. El enamoramiento, la pasión militante y la calidad de una masiva participación política, esas ya son otras cosas. La hubo también, pero no en la misma proporción que marcan aquellos números.
Como fue una elección nacional, sería ridículo empezar a lo Menem diciendo que había ganado en Perico, Jujuy, o a lo Rodríguez Saa, en una mesa de la costa bonaerense. Lo parcial debe ceder necesariamente lugar a una óptica nacional. Y así corresponde destacar que el Frente para la Victoria ganó en 20 de los 24 distritos; dicho de otro modo, en todo el país menos Capital Federal, Córdoba, San Luis y Mendoza. En el resto, incluyendo un distrito esquivo, como Santa Fe, ganó el oficialismo, en este caso con Omar Perotti dando otra agradable sorpresa luego de su muy buena performance y el “triple empate” en las elecciones a gobernador que terminó ganando por muy escasos votos Miguel Lifschitz.
Triunfar en la abrumadora mayoría de las provincias es un signo de vitalidad política para un ciclo kirchnerista que la oposición política y mediática habían dado por cerrado antes de tiempo.
Ahora, a lo sumo, columnistas como Joaquín Morales Solá, de “La Nación”, y Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy, de Clarín, deben limitarse a decir que el triunfo fue por menos de lo esperado por Scioli y Cristina Fernández. Y se consuelan haciendo comparaciones con el 50 por ciento de ésta en las PASO de cuatro años atrás.
El consuelo de aquella derecha también pasa por solazarse con que Scioli-Zannini no alcanzaron el 40 por ciento. Creen que tal marca menor podría repetirse el 25 de octubre, con lo que vida de la oposición podría prolongarse con alguna probabilidad de victoria hasta el 22 de noviembre, en el ballottage. Sin embargo, eso no borra que la marca oficialista llegó al 38, 41 por ciento. Es verdad, no es el 40, pero ¡cuán cerca está! Y esto es lo que oculta Clarinete.

No tan K

La victoria de los candidatos a presidente y vice del FPV no significa automática ni íntegramente que lo sea del kirchnerismo, pues Scioli no es eso aún cuando en los últimos dos meses emprendió un giro dialéctico en tal dirección.
Su discurso el domingo 9 en el Luna Park y su conferencia del mediodía del lunes en la sede porteña del Banco de la Provincia, así como sus declaraciones a Radio Mitre, del grupo Clarín, ese mismo día, fueron señales de que trata de abrirse un camino propio hacia la presidencia. “Desarrollo”, “inversión extranjera”, “flexibilizar”, “diálogo con todos”, etc, fueron sus latiguillos, incluso confirmó que su política es buscar un arreglo con los “fondos buitres”, aunque aclarando que no cualquier arreglo, y terminó citándolo a Axel Kicillof. También se supo que en reuniones previas al comicio, mantenidas con empresarios top, les prometió autorizar aumentos de tarifas con la condición de que éstos aumentaran sus inversiones. Ya en 2003 había hecho una promesa similar, siendo vicepresidente de Néstor Kirchner, lo que le valió un fuerte tirón de orejas del santacruceño. Ahora nadie podrá desmentirlo, desautorizarlo ni menos sacarle una tarjeta roja por esas transas con cúpulas empresarias.

En su conferencia de prensa planteó la necesidad de crear un Banco de Desarrollo como en Brasil. Sin embargo, el viernes 7, en reportaje de Fernando Cibeira en Página/12, éste le había preguntado: “¿Va a crear un Ministerio de Comercio Exterior para eso?”. Su respuesta fue: “No, es la misma Cancillería pero potenciada en ese sentido. Sí vamos a hacer de los bancos públicos Bancos de Desarrollo”. Cibeira insistió: “¿Con un Banco de Desarrollo como en Brasil?”. Contestó Scioli: “No, va a haber reconversión de los bancos con un perfil desarrollista. No va a haber nuevos bancos. El actual BICE se convierte en Banco de Desarrollo y el Banco Nación apalanca el desarrollo también. Cuando llegué a la gobernación, el Banco Provincia estaba, yo lo convertí en un Banco de Desarrollo. No es otro banco, es el mismo”.
Se nota que el candidato del FPV está tironeado por fuerzas diferentes y habla según “la cara del cliente”. Sobre el fin de esta campaña por las primarias había prometido crear cuatro ministerios nuevos, que en el reportaje del diario semi oficialista desmintió. Lo interrogaron: “¿pero no son nuevos ministerios?”. Dijo Scioli: “No, es readecuar la estructura existente. En la suma y resta no va a dar más burocracia”.
El ex motonauta que fue a votar con su campera naranja -un detalle no sólo de color- tiene que ganar para octubre votos peronistas de los opositores Massa, De la Sota y Rodríguez Saá. Y por otro lado, quiere atraer a votantes independientes e indecisos. Por eso es probable que tome más distancia de CFK, el kirchnerismo de La Cámpora y el cuestionado ganador bonaerense, Aníbal Fernández.

Macri lejos pero con posibilidades

Mejoró la situación de Macri, en comparación con el 19 de julio, cuando festejó una victoria con sabor a derrota en el ballottage porteño. Ahora quedó implantado como referente de una fuerza nacional y no de un mero partido municipal, de la avenida General Paz hacia el Obelisco.
Su cosecha del 24 por ciento, algo inferior a lo pronosticado, es un capital interesante que, sumado a lo poco aportado por Ernesto Sanz y Elisa Carrió, lo paran sobre un 30,07 por ciento del frente Cambiemos. Y él es el dueño de esa empresa, no sus dos socios menores.
La otra señal auspiciosa para Macri es que María Eugenia Vidal, su candidata trasplantada, fue individualmente la más votada en Buenos Aires, con el 30 por ciento. Claro que Cambiemos quedaba segundo pues el FPV lo superaba: sumaba los 21 puntos de Fernández y los 19 de Domínguez-Espinoza. La exigua diferencia entre ambos desairó a los pronósticos de la mayoría de las encuestas que daban 8, 10 y 12 puntos favorables al jefe de Gabinete.
Aún con esa interesante cosecha, Vidal no deja de ser una flor exótica en territorio bonaerense. A pesar del libreto intimista y elemental de Durán Barba, se mueve como pez en el agua en Costa Salguero antes que en Avellaneda o Florencio Varela.
Todo el frente Cambiemos está 8 puntos abajo de Scioli-Zannini. Remontar eso para octubre parece imposible, no así la meta más modesta, de congelar allí la diferencia e impedir que el oficialismo consiga diez o más puntos de ventaja y llegue al 40 por ciento, porque en este caso no habría segunda vuelta. “Mi reino por un ballottage”, clama el ingeniero. Hoy no se puede decir si lo logrará o no. Es un final abierto e incierto que depende en parte de sí mismo: si incurre en nuevos errores, como ordenar votar en contra de leyes que luego admite como positivas, entonces esas chances se evaporarán.

De Altamira a Bajamira

El que resucitó fue Sergio Massa, porque entre él y su socio-rival De la Sota amasaron un 20,63 por ciento de votos. Un premio consuelo que al ex intendente de Tigre y al “círculo rojo” empresarial les confirma que si hubiera unido la oposición se le podía ganar al kirchnerismo. Afortunadamente para éste, y para las conquistas de estos doce años, tal integración al uso venezolano no fue posible, sobre todo por negativa de Macri y su gurú ecuatoriano. Menos mal, porque la unidad Macri-Massa podría haber sacado doce puntos de ventaja al gobernador bonaerense.
Massa está muy entusiasmado por su performance y la de su candidato Felipe Solá, con el 17 por ciento. En las PASO se vota según los gustos y luego, en la general, una buena parte de los votos van a las opciones que tienen más posibilidades de ganar. Si así fuera, la resurrección del Frente Renovador sería efímera. Scioli y Macri, cada uno por su lado, buscarán erosionar y captar una parte de esas bases electorales para octubre.
Sanz y Jorge Altamira (José Saúl Wermus) tuvieron una pésima jornada. El primero se pareció a Leopoldo Moreau en 2003, sacando el 3,5 por ciento. El centenario partido pagó cara la factura de Gualeguaychú, de ser amanuense de Macri.
Altamira, del PO, viejo y repetido candidato del trotskismo, lleno de pronósticos fallidos, como cuando dijo que la devaluación de 2014 era igual que el Rodrigazo, terminó perdiendo en el FIT frente al joven Nicolás del Caño, del PTS, con similares pifias pero 38 años menor. Tanto despotricó Altamira contra La Cámpora y al final lo derrotó la juventud de su palo.
Al margen del FIT hubo 989.823 votos en blanco (4,27%); universo muy heterogéneo de quienes querían votar pero no tenían un buen candidato. Para octubre deberían tratar de convencer a estos electores o de lo contrario el votoblanquismo aumentará.

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