Huracán Francisco pasó por la isla socialista y no lastimó a nadie

Dicho en términos argentinos, la suya no fue “una visita de médico”, breve. Hubo muchas reuniones, misas y visitas, además del diálogo con 70 periodistas que venían con él en el avión de Alitalia.

Raúl Castro y Papa Francisco Bergoglio. Cuba 2015.

Raúl Castro y Papa Francisco Bergoglio. Cuba 2015.

Por Emilio Marín. Paso de Francisco por Cuba dejó cosas positivas e importantes. El Papa visitó Cuba y tuvo una intensa actividad entre el sábado y el martes de esta semana. El saldo para él y la Iglesia católica fue muy positivo. También para el gobierno cubano, que fue un excelente anfitrión. La derecha mundial, desairada.

El Papa estuvo de visita oficial en Cuba; lo había invitado Raúl Castro cuando se entrevistaron en el Vaticano en mayo del corriente año, a raíz del agradecimiento que el gobierno cubano quería expresarle a Francisco por su papel en el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Esa distensión fue hecha pública en diciembre pasado.
El viajero de blanco continuó rumbo a Washington, donde está cumpliendo una apretada agenda hasta el 27/9, cuando regresará a Roma. Un aspecto importante es adónde fue primero. El orden de los factores podría alterar el producto. El Pontífice puso primero los pies en la tierra de José Martí. Puede ser interpretado como a quién quiso abrazar antes, si a la isla o al imperio. Podría haber organizado su periplo a la inversa, pero fue de este modo: primero Cuba.
El Papa estuvo en La Habana, Holguín y finalmente en Santiago de Cuba, desde donde siguió hacia tierra estadounidense. Si bien en cuatro días no se puede decir que alguien pueda llegar a conocer profundamente un lugar, hubo sí una conexión con la población y gobierno de la isla. Por cierto que ya la tenía con Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, y Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia Episcopal.
Dicho en términos argentinos, la suya no fue “una visita de médico”, breve. Hubo muchas reuniones, misas y visitas, además del diálogo con 70 periodistas que venían con él en el avión de Alitalia. Los mil hombres y mujeres de prensa que cubrieron su estadía tuvieron material de sobra, además de contar con declaraciones de su vocero, Federico Lombardi. Esa libertad de trabajo brindada por la isla socialista no siempre es respetada en otros países capitalistas para estos eventos. Cuba resiste y gana en las comparaciones, mal que les pese a quienes la estigmatizan como “dictadura comunista”.

Damas de blanco, furiosas

Durante décadas, un puñado de opositores al socialismo, de prósperas relaciones con la Sección de Intereses de Norteamérica (Sina), ganó en dólares sirviendo esos intereses. Hasta alabó el bloqueo norteamericano con tal de seguir la lógica sesentista de Washington, de que esa medida llevaría a la población a insurreccionarse contra el castrismo, cansada del hambre y necesidades.
Últimamente esos sectores se vieron muy mermados, debido a cambios parciales de Barack Obama en cuanto al bloqueo, luego de 53 años de fracasos. Quedaron en la vieja política algunos mercenarios como las “Damas de Blanco” encabezadas por Berta Soler y la bloguera Yoani Sánchez, vicepresidenta regional de la proyanqui Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Estos reducidos grupos bebieron ahora de su propio veneno. En sus misas y declaraciones, el Pontífice no criticó al gobierno local ni hizo suya las acusaciones de que viola los derechos humanos y sus cárceles están llenas de presos políticos.
Uno no sabe quién falta más a la verdad, si esos mal llamados “disidentes” o ciertos periodistas argentinos. Soler fue entrevistada por Miguel Clariá, de Cadena 3, y se quejó de que la policía cubana la había demorado cinco horas para que no pudiera llegar a una reunión en la Vicaría habanera. Al cerrar la nota Clariá aseguró que en la isla “hay presos políticos de hace 20 o 30 años”. Quizás la demora policial de Soler pudo ser, de un par de horas, pero detenidos de tres décadas es un invento que ni la CIA se atreve a repetir. Sobre todo cuando EE UU tiene preso al independientista boricua Oscar López Rivera desde hace 34 años.
Los círculos más ligados al bloqueo y las mafias cubano-americanas se sintieron abandonadas a su suerte por el viajero. Algunos periodistas extranjeros que cubrían la visita le preguntaron a Lombardi porqué su Santidad no recibía a “los disidentes”. La respuesta no los satisfizo: la agenda fue convenida con el gobierno de Cuba. Punto. No hubo lugar para las Damas verdes de odio.
Aún cuando Francisco les hubiera dispensado un rato y unas fotos, quedó claro ante el mundo que considera al gobierno como respetable, aún cuando él tenga convicciones políticas y doctrinarias diferentes, propias del peronismo conservador donde abrevó por décadas. El Papa respeta a la isla; aquellos sátrapas no, coludidos con agresores externos de su propio país.

Mucha gente, pero no tanta en la Plaza de la Revolución

Los cubanos concurrieron masivamente a la misa dominical en la Plaza de la Revolución. Las agencias de noticias hablaron de unas 200.000 personas que se emocionaron con Francisco. De todas maneras, sin negar esa magnitud, hay que recordar que en 1998 Juan Pablo II reunió casi un millón de personas en ese mismo lugar.
Esa comparación no quiere disminuir la importancia de lo logrado por el actual Pontífice, que además congregó a casi 150.000 personas en su segunda misa, en Holguín. En la última escala, en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, hubo centenares de personas adentro y muchos miles alrededor. En esta homilía y las anteriores estuvieron Castro, el vicepresidente Miguel Díaz Canel-Bermúdez, el canciller Bruno Rodríguez y otras autoridades.
Como se trataba de misas o reuniones del visitante con cúpula de la Iglesia y familias, el gobierno no se metió. Solamente en la recepción del aeropuerto el presidente Raúl hizo uso de la palabra para darle la bienvenida. Fue muy amable y remarcó la solidaridad con otros pueblos: “millones de personas han recobrado su salud con la cooperación cubana: 325.710 colaboradores han trabajado en 158 países; hoy, 50.281 trabajadores cubanos de la salud prestan sus servicios en 68 naciones. Gracias al programa “Yo sí puedo”, 9.376.000 personas han sido alfabetizadas en 30 estados; y más de 68.000 estudiantes extranjeros, de 157 países, se han graduado en Cuba”.
En sus diez giras al exterior el Papa no debe haber escuchado de un presidente un balance tan solidario y generoso.
Desairando las críticas que se hacen a su monolítica disciplina, algunos cubanos se permitieron disentir con la invitación del Partido Comunista a ir a la misa en la plaza “José Martí”. Una fue Aleida Guevara, hija del Che, quien explicó a la agencia AFP: “a la misa no voy porque eso para mí es hipócrita; ¿qué voy a hacer parada ahí, horas y horas? No, no; “mi papá está ahí (en la Plaza) porque es símbolo de este país”.

Unidad y lucha

Por la visita en sí, más sus palabras conciliatorias y amistosas con Cuba, se puede afirmar que los puntos de unidad fueron muchos y sólidos entre el visitante y visitados.
Al enlazar en este viaje a Cuba y EE UU, hay una idea más precisa del rol positivo que jugó el Vaticano en la negociación entre esos dos países. Reafirmando eso, Francisco dijo en la capital cubana: “nos llena de esperanza el proceso de normalización de las relaciones entre dos pueblos, tras años de distanciamiento. Es un signo de una victoria de la cultura del encuentro, del diálogo”. La única precisión que cabría hacer es que esa pelea la originó una sola de las partes, el imperio, con sus agresiones, bloqueo, invasión, terrorismo, etc.
El viajero alentó que prosiga la negociación Castro-Obama y en la misa habanera también formuló votos para la paz en Colombia. Encomió “todos los esfuerzos que se están haciendo, incluso en esta bella isla, para una definitiva reconciliación”, en referencia a las negociaciones de paz en La Habana entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Dos días después de su partida, el presidente Juan M. Santos y el comandante guerrillero Timoleón Jiménez se dieron la mano, ante Castro, y prometieron firmar un acuerdo de paz a más tardar en seis meses. El Papa puso para eso un grano de arena; una camionada del mismo árido aportó Cuba.
El Pontífice se reunió con Raúl Castro y luego con su hermano Fidel, con quien intercambió unos libros de regalos. Esas entrevistas fueron muy significativas como hechos políticos y sociales, pues uno es el presidente y el otro un estadista, aunque la ultraderecha norteamericana y la gusanería sigan con sus injurias.
Junto con esas flores y sonrisas, se pudieron entrever algunas diferencias entre las dos partes que cumplen 80 años de relación oficial. El Papa bajó línea política y doctrinaria buscando ampliar base de apoyo para la religión. Su Vaticano está en reconstrucción por el estado calamitoso en que lo encontró, abandonado por millones de creyentes en el mundo.
En ese marco se quejó, con tacto, de que la Iglesia tendría pocos espacios para desarrollar su obra, como pidiendo más apoyo estatal. Debe añorar a Argentina, cuya Constitución Nacional obliga al Estado a apoyar al culto católico. Francisco quiere influir para que el gobierno cubano entregue a la curia espacios de radio y TV, como veladamente pidió en el aeropuerto: “libertad y medios y espacios necesarios para llevar el anuncio del Reino hasta las periferias existenciales de la sociedad”.
Habrá que ver si se los conceden, pues las autoridades sólo lo escucharon, sin decirle amén. En el fondo de sus almas, la mayoría atea, debe haber rezado para que el Papa condenara el bloqueo, pero no hubo milagro.

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