Francisco y cinco días que conmovieron al mundo

El estadounidense John Reed escribió su célebre “Diez días que conmovieron al mundo”, por la revolución soviética de 1917. Se puede parafrasear su título, reduciéndolo a la mitad, para hacer referencia al impacto de la gira de Francisco por Estados Unidos.

John Boehner (derecha), Presidente de la Cámara de Representantes, se mostró muy emocionado por la presencia del papa Francisco en el Capitolio.

John Boehner (derecha), Presidente de la Cámara de Representantes, se mostró muy emocionado por la presencia del papa Francisco en el Capitolio.

Por Emilio Marín. Exitosa movida internacional del Papa. EE UU: Francisco y sus cinco días que conmovieron al mundo. El Papa cerró su gira de cinco días por Estados Unidos. Sus resultados políticos y mediáticos fueron espectaculares. Seguramente la Iglesia católica recuperará allí y en otros países una buena cantidad de fieles que se habían alejado.

El estadounidense John Reed escribió su célebre “Diez días que conmovieron al mundo”, por la revolución soviética de 1917. Se puede parafrasear su título, reduciéndolo a la mitad, para hacer referencia al impacto de la gira de Francisco por Estados Unidos.
Coinciden en esa valoración positiva observadores de muy diferente manera de pensar, lo que confirma lo positivo que fue el paso del “Huracán Francisco” por territorio estadounidense.
Francisco reunió 15.000 personas en inmediaciones de la Casa Blanca, en Washington, cuando se reunió con Barack Obama. Visitó el Capitolio y bajó línea a legisladores demócratas y republicanos; a algunos hizo llorar de la emoción. Luego fue a Nueva York, donde habló ante la 70° Asamblea General de la ONU, siendo el primer pontífice en inaugurar una reunión de ese tipo. Allí volvió a hablar de temas importantes de índole internacional, ambiental, etc. Fue a orar con referentes de otras religiones al Ground Zero donde antes de erigían las Torres Gemelas. Dio misa para 20.000 asistentes en el Madison Square Garden. Recorrió el Central Park adonde habían dejado pasar a 80.000 invitados con su tarjeta (algunos beneficiados por los sorteos revendieron su ticket). De Nueva York se mudó a Filadelfia para participar del VIII Encuentro Mundial de las Familias, con 18.000 asistentes, y luego celebró misa al aire libre con un millón de personas. Concluidas sus actividades, se tomó el avión de regreso a su residencia vaticana, muy cansado por nueve días de su décima gira internacional, la más prolongada pero también la más productiva de todas.

Pequeños grandes gestos

Antes de posar la lupa sobre sus palabras en los grandes eventos, hay que destacar otros que algunos pueden calificar de demagogia papal, pero que el cronista les otorga mucho valor. Son los pequeños gestos que encierran poderosos mensajes.
Por ejemplo, haber ordenado al servicio de seguridad dejar pasar a una niña inmigrante de 5 años que le entregó una carta, pidiendo ayuda para los inmigrantes en EE UU, donde 11 millones de indocumentados aún aguardan una reforma migratoria. Básicamente los republicanos se oponen a ese blanqueo, y Obama fue rebajando los objetivos de sus primeras iniciativas.
Otro caso, haberse reunido con los empleados, taquígrafos, ordenanzas y cocineros de la ONU, luego de hacerlo con el secretario general Ban Ki-moon. Es muy raro que un líder de ese tamaño político descienda a agradecer el trabajo sencillo y no tanto que hace ese personal subalterno. En forma refleja el autor pensó en Mao Tsé tung y su artículo permanente “Servir al pueblo” donde homenajea al cocinero del Comité Central que había fallecido y dice que todos los trabajos son importantes. Quizás el jesuita lo haya leído en sus tiempos de militancia en Guardia de Hierro…
Y posiblemente la reunión más valiosa, de esas que se organizan fuera de la agenda oficial, fue la que mantuvo en Filadelfia con víctimas de violaciones y pederastia llevadas a cabo por miembros de la iglesia.
Los enviados especiales de los diarios estimaron que hasta 100.000 personas pudieron haber sido víctima de esos delitos sexuales. Eso le costó a la iglesia católica una doble pérdida. Una, fundamental, el alejamiento de muchísimos fieles. Y otro, menor, pero importante desde otro ángulo, el déficit financiero por juicios y pagos de indemnizaciones contra los clérigos pedófilos. Sólo unos pocos pudieron ser condenados por la justicia.
Francisco recibió a una delegación de esas víctimas, les pidió perdón y reiteró que los responsables de esos actos tendrán que rendir cuentas. Además deploró que hubo figuras intermedias y encumbradas de la iglesia cometiendo esos crímenes, y hasta obispos encubriéndolos. “Llevo grabado en mi corazón su testimonio y el sufrimiento por el que pasaron”, se condolió.

Buena bajada de línea

A lo largo de sus 18 discursos pronunciados en EE UU, varios de ellos en español, el visitante bajó una buena política.
Además hay que tener coraje para ir al Congreso, donde hay mayoría republicana, y reclamar que se cuide el medio ambiente como algo fundamental para la vida humana, se termine el derroche de los recursos por parte de minorías y la consiguiente exclusión de multitudes de pobres. Es que entre sus oyentes los había de los dos partidos, pero sobre todo del republicano, que hacen lobby por los monopolios petroleros, energéticos, automotrices y del agro-business, o sea de los que precisamente envenenan el medio ambiente y niegan toda responsabilidad en la contaminación. Es más, los más recalcitrantes niegan que exista ese problema ambiental. El Papa en cambio pidió avanzar con buenos acuerdos hacia la cumbre mundial de noviembre próximo en París.
Ir al Congreso y defender a los inmigrantes, recordándoles que muchos de los legisladores provienen de ese origen, tiempo atrás, también requería de valentía. Sobre todo en épocas de crisis económicas donde -con la ralentización y pérdidas de empleos- se demoniza más a los inmigrantes como si fueran los causantes de esa falta de oportunidades. Y el Papa se plantó en defensa de los inmigrantes, cuando ese cuerpo bloqueó las necesarias reformas migratorias. Hizo lo propio en la ONU, donde moran muchos países que han maltratado a los inmigrantes, levantando muros y barreras, poniendo policías a reprimirlos, encerrándolos en condiciones indignas, etc.
Otro asunto donde se necesitaba carácter fue la postura contraria a la pena de muerte, que exhibió sin vacilaciones en el Capitolio a sabiendas de que buena parte de los estados mantiene esa pena. Fue evidente en los primeros planos de la televisión que algunos congresistas aplaudían, en tanto otros no lo hacían y un grupo se mantenía de brazos cruzados, haciendo ostentación de su contrariedad.
En combinación con esa posición, el viajero fue a visitar a presos de una cárcel en Filadelfia, los saludó y reiteró su idea de que todo ser humano debe tener una segunda oportunidad, de rehabilitarse. Otro pequeño gran gesto el suyo…
El lobby sionista del AIPAC se debe haber sentido perturbado por su reivindicación del acuerdo de EE UU y otros cinco países con Irán, tan rechazado por aquel sector e Israel. “Es una prueba de las posibilidades de la voluntad política. Hago votos para que sea duradero y eficaz”, valoró en cambio el Pontífice.

Tres palos duros, tres

De sus conceptos en la Asamblea General de la ONU caben destacar tres pasajes, entre otros que merecen aprobación.
Uno fue su rechazo de la guerra y su reclamo de soluciones pacíficas a los conflictos que en algunos casos provocan centenares de miles de muertos y millones de refugiados, como el caso sirio. ¿Acaso la OTAN y el Pentágono van a tomar nota del reclamo vaticano? El cronista cree que no.
Otra referencia valiosa fue: “los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sustentable de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios”. Fue una llamada al FMI, el Banco Mundial y la “troika” europea que impulsa el ajuste griego. ¿Atenderán ese pedido Christine Lagarde y otros burócratas de esas entidades? A juzgar por lo hecho hasta ahora, no.
El tercer palo fue para la ONU, al solicitar más igualdad y representación plural en los órganos ejecutivos de las entidades internacionales. Se entendió como una sugerencia de reforma en el Consejo de Seguridad donde sólo 5 grandes cuentan con derecho a veto. Tampoco hay chance de un cambio democrático de ese calibre.

Omisiones deliberadas

Ante el Capitolio y/o la ONU, el orador bien pudo criticar el bloqueo estadounidense contra Cuba. No vulneraba ninguna “línea roja” de la diplomacia porque la Asamblea General viene votando así desde 1992. Una pena que no lo hizo.
El Papa hizo bien en rezar en el Ground Zero y recordar a las 3.000 víctimas del ataque a las Gemelas. Ya que evocó ese acto terrorista, hubiera sido interesante que cuestionara la “guerra antiterrorista” emprendida por George Bush contra Afganistán, Irak y otros países, que no fueron responsables de aquel 11-S. Estos sufrieron más de un millón de muertos, en su mayoría civiles.
En los mensajes de Francisco se condenó las guerras, la venta de armas y al fundamentalismo desviado de religiones que hoy matan en Medio Oriente, en referencia al ISIS de tenebrosa actuación en Irak y Siria. Pero con las omisiones suyas en este campo, parecería que ese califato fuera la matriz de guerras. Y no lo es, con todo lo brutal de sus proclamas y métodos. La fuente mayor de guerra sigue siendo el capitalismo y el imperialismo, con sede en Norteamérica, que hace padecer al mundo y también a América Latina. Cualquier duda, Francisco pudo haberla evacuado con Raúl Castro, Fidel Castro, Cristina Fernández, Rafael Correa, Nicolás Maduro y Evo Morales, que las han sufrido y sufren en carne propia.
En ese marco de ausencia de precisiones sobre la causa madre de la violencia y guerras en el mundo, mentar a EE UU como “la tierra de los libres y en la patria de los valientes”, y la bendición de “God bless America” pareció una exageración u oportunismo.

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