Volando, muy arriba, el Arsat-2, abajo, reptando, la oposición

El miércoles 30 se pudo ver por la televisión pública el lanzamiento del Arsat-2 desde Guayana Francesa. Como el que abrió la serie, éste servirá a las telecomunicaciones y venderá servicios a empresas públicas y privadas de aquí y otros países.

Equipo de técnicos y científicos argentinos que trabaja en el proyecto Arsat.

Equipo de técnicos y científicos argentinos que trabaja en el proyecto Arsat.

Por Emilio Marín. En el espacio el Arsat-2 y en el llano las miserias políticas. El segundo satélite argentino ya está en el espacio, un avance estratégico en ciencia y técnica. A contramano, en el territorio abundan las miserias políticas, falta de debates, cambios de bando y todo por un voto.

Hay que empezar por lo importante, que no es el cambio de bando de Mónica López, la de los 240 pares de zapatos, ni la declaración patrimonial fuera de término de Mauricio Macri.

No. Lo estratégico es que el miércoles 30 se pudo ver por la televisión pública el lanzamiento del Arsat-2 desde Guayana Francesa. Como el que abrió la serie, éste servirá a las telecomunicaciones y venderá servicios a empresas públicas y privadas de aquí y otros países. Es de esperar que el grueso de esa comercialización sirva al interés público y estatal, teniendo en cuenta que los millones de dólares que costaron el satélite y su puesta en órbita fueron puestos por el Estado.

Esta experiencia demuestra lo válido de tener  Arsat y el Invap, de Bariloche, y de realizar una fuerte inversión en ciencia, como hizo el gobierno nacional.

Los argentinos bien nacidos podrán hacer una comparación con Domingo F. Cavallo, que mandó a los científicos “a lavar los platos” (quizás él los lavaba, mandado por su esposa Sonia, y no le gustaba). No son cosas del pasado. Ante el lanzamiento del Arsat-1, Sergio Massa dijo que había que cortar con eso de “mandar heladeras” al espacio. “La ignorancia es atrevida”, diría Sarmiento…

Como dato de color, fue positivo que el gobierno nacional no cayera en la tentación de bautizar a los satélites con el nombre de Néstor Kirchner, como ha sucedido con centros culturales y represas. Simplemente Arsat, satélite argentino. Así es mejor para que la clase media relativamente gorila no tenga excusas para no alegrarse por un logro científico casi cien por ciento argentino.

Cristina Fernández anunció que se construirán varios satélites en los próximos años, para el país y para vender a otros. También dijo que la participación estatal en Arsat no podrá ser vendida sin contar con dos tercios de votos en las cámaras. Eso evitará privatizaciones, igual que se procuró con ley para las acciones del Estado en empresas privadas tras la recuperación de los fondos previsionales (lástima que se exceptuó de ese resguardo a YPF, la más valiosa).

Fue digna de ver la transmisión televisiva del despegue del Arsat-2 y de escuchar las palabras de CFK. La oposición, obvio, estaba viendo otro canal.

Tarjeta azul o roja para Stiusso

En fútbol sería “tarjeta amarilla” la que le sacaron a  “Jaime” Stiusso, el ex capo de los servicios de inteligencia (bueno, de algún modo hay que llamarlos) que ahora reside en EE UU y no contesta los requerimientos de la justicia argentina.

Esas demandas quieren averiguar qué relación pudo tener con los últimos días de vida del fiscal Alberto Nisman, si lo empujó al suicidio o qué. Tiene otros procesos penales por contrabando, enriquecimiento ilícito y encubrimiento en la causa AMIA.

Cristina Fernández de Kirchner lo hizo público en lo que fue su última intervención ante la Asamblea General de la ONU. Habían citado al embajador estadounidense Noah Mamet para pedirle colaboración en la ubicación del ex agente prófugo. En este trámite como en otros (remember el affaire IBM-Banco Nación), los jueces estadounidenses y las secretarías de Justicia y de Estado no suelen ser muy atentos con países que consideran de segundo orden.

Esa demora va en línea con la que observan Microsoft y Google, a las que la fiscal Viviana Fein pidió detalles de la computadora del fiscal y sobre la navegación que hizo la última vez que se conectó a Internet. Fein todavía aguarda en línea…

El deber del oficialismo y oposición política es demandar que EE UU responda sobre Stiusso. En todo caso, sobre esa base, la oposición podría regodearse con un costado real de esta historia: aquel fue el espía favorito de los Kirchner hasta 2013 y seguramente realizó muchas operetas sucias.

Pero esos antecedentes, ciertos, no pueden estar por encima de reclamar unidos que Washington diga dónde está el espía y ayude a que responda ante la justicia.

Esa es una expresión de deseos, porque Stiusso no quiere venir y sus amigos del servicio secreto yanqui tampoco quieren que venga. Algunos opositores ruegan que no lo pesquen, no sea cosa que revele vínculos recientes con ellos.

Lo del espía ilustra lo dicho al comienzo: a 36.000 km de altura está el Arsat-2 y en Buenos Aires las miserias políticas vuelan bajito.

De todos modos la justicia argentina logró que Interpol emita una tarjeta azul, demandando el paradero de Stiusso. Es como la “amarilla” en el fútbol. El cronista le hubiera sacado “roja”.

Daniel Scioli sigue la regla no escrita 

Esta noche por América podrá verse el debate entre cinco candidatos, organizado por “Argentina Debate”. La sexta silla, destinada a Daniel Scioli, lamentablemente estará vacía porque éste seguirá la regla no escrita de que quien va adelante en las encuestas no participa para no dar chances a sus adversarios.

El argumento del FPV es que falta una ley que regule estos eventos, lo que es una verdad a medias: hay un proyecto que tiene dictamen de comisión pero no fue analizado por otras comisiones. El oficialismo fue parte de quienes cajonearon la iniciativa y ahora esgrime esa carencia para justificar el faltazo del bonaerense.

Al cronista le hubiera gustado ver y escuchar a Scioli. Le parece mejor la posición de Florencio Randazzo: “en mi caso yo hubiera ido”.

¿Por qué era mejor ir? Primero, aunque suene ingenuo, para cumplir con una obligación política de hablar al electorado y precisarle las propuestas. Eso no es chamuyo, para citar al ausente. Es un derecho de los argentinos, de poder escuchar y valorar las ideas de los candidatos.

Y en segundo lugar, por interés político, no beneficencia. A Scioli le faltan 1.3 millón de votos para ganar en primera vuelta, respecto a lo que cosechó en las PASO. Ir a la facultad de Derecho era la oportunidad de seducir a esa porción de votantes que necesita, para ganar en octubre y sanseacabó.

Quienes justifican que el bonaerense se haya bajado argumentan que lo atacarían desde cinco lados. Es verdad. Posiblemente fuera maltratado por los otros polemistas. ¿Acaso no tiene argumentos para defenderse y para que ese maltrato vuelva como un bumerán contra el agresivo quinteto?

Si no es capaz de bancarse unas chicanas del joven trosco Del Caño, ¿cómo se comportará como presidente con el extorsivo Paul Singer de los fondos buitres o con David Cameron en una discusión por las Malvinas?

Una pena esa deserción. La atracción será ver cómo discuten Macri y Sergio Massa, que están al salto por un bizcocho para una segunda vuelta. Están atravesados por una contradicción: tienen que pelearse por ese lugar, pero la sangre no tiene que llegar al río. Es que quien pierda debería llamar a votar por el otro en ese hipotético ballottage.

Si la discusión se hace a los gritos, conventillera, como en programas como “Intratables”, la ausencia de Scioli pasará más desapercibida. Si hay más nivel político y un mínimo de respeto de las reglas de juego, entonces el FPV lamentará no haber estado. Y pagará un cierto costo, imposible de precisar hoy.

Sigue abierto el libro de pases, políticos

Román Riquelme jamás habría jugado para Ríver y el Beto Alonso tampoco para los xeneizes. Esa fidelidad de los ídolos y sobre todo de los hinchas a sus colores fue dicha en el cine por el personaje de Francella en el “Secreto de tus ojos”.

La política, en cambio, es una actividad tan noble como el deporte pero en la práctica tan mercantilizada como la FIFA y su regente Blatter.

Massa dijo resentido, por el cambio de bando de Mónica López, que hay “billetera” de por medio. No es que a la oportunista legisladora del Frente Renovador le hayan pagado dinero por su pase al sciolismo; en estos casos están de por medio la figuración y cargos políticos que también significan plata. A su vez, ¿cuántos emigraron del FPV para el massismo en su momento de gloria, en 2013? Fueron muchos; una parte volvió, silbando bajito y buscando no quedar muy rezagada.

Esos volantazos los han dado la mayoría de los políticos, que no resisten el archivo. Scioli fue menemista, duhaldista y kirchnerista. Massa estuvo en la UCeDe, menemismo y kirchnerismo hasta volverse su peor enemigo. Macri fue de los negocios empresarios a los políticos; admiró a Menem y es un  neoliberal que –como Groucho Marx- puede ofrecer principios opuestos si no agradan los originales.

En fin, la platinada López que muestra su mansión para “Caras” o el olvidado Borocotó son anécdotas. El problema no son esos soldados sino sus oficiales.

Hablando de quienes están aquí y luego allá, Juan Pablo Schiavi fue noticia porque le pidieron 10 años de cárcel por su responsabilidad en la tragedia ferroviaria de Once. De armador y jefe de campaña de Macri en Capital pasó a secretario de Transporte con Julio de Vido. En él y el otro procesado por lo de Once, Ricardo Jaime, el desprestigio cae sobre el gobierno. Dirán que estos personajes no implican un gran costo para el FPV, pero se suman la causa contra Antonio Caló, las irregularidades de Tucumán y el millón de litros de solución cianurada que arrojó la Barrick Gold al río Jáchal con la impunidad del gobierno sanjuanino.

Mejor levantar la vista y tratar de adivinar por dónde andará el Arsat-2.

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