Daniel Scioli avanza, pero el balotaje sigue con final incierto

Scioli tuvo acumulación política en estos últimos días. Es la sensación del cronista, asentada en hechos que ya va a enumerar. Puede haber influido su mayor contracción al trabajo en ese lapso, justo cuando el candidato de PRO-Cambiemos se tomó licencia en Tandil y la sonriente María Eugenia Vidal también se fue de vacaciones a lugar ignoto.

Daniel Scioli es la única alternativa para que no regrese un gobierno neoliberal salvaje.

Daniel Scioli.

Por Emilio Marín. Por cierta clarificación de su medroso discurso, la semana fue auspiciosa para Scioli, que sumó adhesiones y votos. De todos modos restan dos semanas finales, decisivas. El resultado del balotaje, aún es incierto.

Scioli tuvo acumulación política en estos últimos días. Es la sensación del cronista, asentada en hechos que ya va a enumerar. Puede haber influido su mayor contracción al trabajo en ese lapso, justo cuando el candidato de PRO-Cambiemos se tomó licencia en Tandil y la sonriente María Eugenia Vidal también se fue de vacaciones a lugar ignoto. Esa diferente participación laboral habrá influido; también en la política vale lo de Roberto Arlt, de ganar por prepotencia de trabajo.

El mejoramiento de las chances del PJ no fue sólo por más horas-hombre recorriendo el conurbano y varias provincias, y aprovechar un quedo del rival.
También incidieron mejores propuestas de Scioli, que se conocieron tras sus encuentros con dirigentes de ambas CGT, con quienes se sintió como en casa. Allí reafirmó que va a universalizar las asignaciones familiares y llevar a 30.000 pesos el mínimo no imponible de ganancias, dos viejos reclamos del gremialismo ignorados por la dupla Cristina Fernández-Axel Kicillof. En ese segundo tópico, se comprometió a una ley para actualizar dos veces al año ese monto no imponible, ajustándolo según la inflación. Agregó que el aguinaldo de fin de año estará exento del impuesto, otra buena decisión que pocas veces el gobierno tomó en cuenta.
Otra formulación de campaña, no precisamente obrera, cayó bien en el mundo del trabajo: salvar del impuesto a las ganancias a las Pymes que reinviertan en bienes de capital. Lo fundamentó en que estas firmas proveen el 80 por ciento de la mano de obra, con lo que estaba dando una mano de bleque a la reputación de sus amigos y empresarios agrupados en la UIA y Coloquio de IDEA.
La apuesta del macrismo puede ser quitar importancia a los avances del rival en medio del gremialismo, con el argumento de que éste no representa al universo de trabajadores. Eso es relativo. No la representa en política pero sí gremialmente, y no tanto por sus virtudes como por circunstancias de hecho. Esa cúpula gremial, con esas promesas de Scioli, puede traccionar votos de los asalariados, cosa que Macri no podrá pescar sólo con la caña de “Momo” Venegas, su más estrecho aliado y por ahora casi el único.

¿Campaña sucia?

Los dos bandos que dirimirán el balotaje de noviembre se acusan de hacer “campaña sucia”.
Los macristas se quejan de que el oficialismo quiere meter miedo en los sectores populares con las medidas que adoptaría el PRO-Cambiemos, quitando conquistas de estos años.
Y los kirchneristas devuelven la acusación al PRO y sus aliados, por ser autores de lo que la presidenta llamó “campaña cloaca”. En su último discurso, al inaugurar un Polo Tecnológico en las ex Bodegas Giol, CFK recordó las tapas de la revista Noticias donde la presentaban como bipolar y que tenía orgasmos con su poder autoritario. También enumeró las denuncias de que su hijo Máximo y Nilda Garré tenían millonarias cuentas en dólares en bancos de paraísos fiscales, lo que no era cierto. Raro que se privara de enumerar, en esas maniobras enhebradas por Clarín y la corporación judicial, la alocada denuncia de Alberto Nisman en su contra, como supuesta encubridora del atentado contra la AMIA, que esas fuentes adjudicaron sin pruebas a Irán.
El cronista cree que hay campañas sucias por ambos lados. La mugre y mentiras no son iguales ni parejas, viene mucho más pútrida y voluminosa desde la oposición, en lo que hace a las falsas acusaciones del pasado y también a las más recientes. Por ejemplo, puede ser parte de esa “carne podrida” la especulación de que el Chapo Guzmán, jefe del narcotráfico fugado de un penal mexicano, pudiera estar a punto de ingresar a Argentina. O las denuncias del par de denunciadoras seriales, Patricia Bullrich y Laura Alonso, de que el gobierno y la AFI, ex SI, espiaron a una larga lista de opositores y periodistas de ese mismo palo. No es que tales pinchaduras no hubieran existido, es posible que fueran moneda corriente en tiempos de Jaime Stiusso, pero es muy dudoso que Oscar Parrilli haya seguido esa tónica tan antidemocrática. Al menos hay que aguardar pruebas que las legisladoras aún no aportaron a la justicia…
Sin embargo el oficialismo también hace campaña sucia, cuando acusa sin ton ni son a Macri de ser el equivalente vivo de la sumatoria del genocida Videla y el no menos aniquilador Martínez de Hoz. Una cosa es llamar a la reflexión a los votantes de lo negativo que puede ser una presidencia del amarillo, y otra es imputarle a su referente económico Carlos Melconián haberse pronunciado por no aumentar los salarios ni las jubilaciones en el debate con Gustavo Marangoni.
El mismo Marangoni tuiteó que, nobleza obliga, su rival neoliberal no dijo eso en el debate organizado por Pablo Wende y la revista Bank, en la Bolsa de Comercio. Aún después de esa aclaración de un caballero, Aníbal Fernández, que no lo es, acusó al presidente del Banco Provincia de querer parecerse a Melconián. Así tiró “la sucia” contra los dos exponentes, en forma irracional y con la calentura de su derrota ante Vidal, que aún le dura.

Apoyos y críticas

El mejoramiento del candidato oficialista se evidenció en el acto con Cristina en las ex bodegas Giol, donde aquél estuvo presente y la oradora lo mencionó, algo que no había ocurrido la vez anterior en el Salón de las Mujeres y los tres patios militantes. Ahora sí aparecieron juntos, que no será sintonía fina ni amor, pero sí convivencia y alianza política.
Se dirá que con el voto del kirchnerismo duro el candidato no podrá ganar, pero también vale la aclaración de que con fracturas en ese nivel básico no habrá piso que aguante. A partir de allí el ex motonauta está tratando de captar otras franjas, enfocado en los 5.2 millones de votantes de Sergio Massa. La mayor parte de las novedades programáticas comentadas al comienzo y a las que se podrían agregar las retenciones cero para trigo, maíz y economías regionales, rebaja gradual para la soja, blindaje de las fronteras con las FFAA como parte de la lucha contra el narcotráfico, etc, fueron “copy & paste” del libreto del Frente Renovador.

Como si eso no fuera suficiente, Scioli llamó a Massa para disculparse por sus declaraciones ofensivas cuando el robo de su vivienda en Tigre, en 2013, por parte de agente de seguridad que el damnificado juzgó como espía mandado por el gobierno provincial y nacional. Así de despareja es la política en elecciones: el necesitado de votos flexibiliza sus principios y los estira como un chicle. El otro no. Massa no pidió disculpas por las ofensas que profirió contra la presidenta, a la que maltrató igual o peor que Noticias.
Los votantes del Frente Renovador no van a inclinarse por el gobernador bonaerense por ese llamado. Ni siquiera lo hizo Massa, que aceptó la disculpa pero aclaró que de eso hablarán después del balotaje. Una parte de esta franja puede estar muy interesada en las promesas sciolistas, pero otra parte, opositora acérrima al gobierno, votará a Macri. Las proporciones de esa división, eso es lo que está por verse.

Hubo sectores más generosos que adelantaron su sufragio por el oficialismo, con razonamientos sobre las perspectivas económico-sociales, tales como cámaras nacionales de la construcción, muebles, zapatos, juguetes y otros rubros que crecieron estos años. Otro tanto hicieron rectores, decanos e investigadores, reunidos en la Universidad Nacional de Avellaneda, que quieren defender los logros científicos, académicos y laborales de las universidades. No es que Macri los mandará “a lavar los platos”, como acusó Scioli, pero sí es previsible que acortará partidas y comprará afuera los satélites que ya se fabrican adentro.

Y hay otra gente que votará por el oficialismo, sin ser oficialista, por una razón de peso fundada en los derechos humanos. Por caso, Adolfo Pérez Esquivel, un filoso crítico de ciertas políticas gubernamentales en el país y la provincia de Buenos Aires (Milani, ley antiterrorista, represión a los qom, sistema carcelario bonaerense, etc). El Nobel de la Paz no acusó a Macri de ser igual a Videla pero evaluó sensatamente que lo hecho por el kirchnerismo en derechos humanos era valioso y debía continuarse. Que lo antidemocrático de Macri en esta materia se vio en la represión de la UCEP contra la gente en situación de calle y en la policía Metropolitana tirando contra el Hospital Borda.
De todas maneras, usufructuando los buenos resultados del 25 de octubre, en especial su victoria en tierra bonaerense, y viendo los desaguisados e internas del oficialismo en los días siguientes, en el campamento del PRO-Cambiemos se insiste en que van ganando el balotaje por 55 a 45. Las bases científicas de esa medición no existen; puede ser o no. La intuición del cronista es que aún si aquello hubiera sido cierto, lo que ganó Scioli esta semana equilibró la balanza.
Restan dos semanas clave, donde quizás el mayor peligro para el gobierno es la reaparición de Vidal repartiendo sonrisas y vaguedades en la provincia que ganó, llevando de la mano a su jefe Macri. Parece que sólo la simpatía de aquella ante la TV podría salvarlo.

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