Crisis económica y el miedo a perder el dinero

Una crisis, es lo real desencadenado, imposible de dominar. El equivalente, en la civilización de esos huracanes por medio de los cuales, periódicamente la naturaleza viene a recordarle a la especie humana su precariedad, su profunda debilidad.

Crisis y avaricia.

Harpagón es el modelo de avaro creado por Moliere en su obra teatral “El avaro”.

La economía del deseo bajo la lupa. El psicoanalista francés Jacques Alain Miller analiza la crisis económica. Para el prestigioso teórico francés, una crisis es lo real desencadenado, imposible de dominar. Lo compara con los huracanes con los que la naturaleza, periódicamente, le recuerda a los humanos su precariedad, su gran fragilidad.

En esta entrevista realizada a Jacques Alain Miller en 2008, en el comienzo de la crisis económica mundial, el autor de Experiencias de lo real en la cura psicoanalítica y El banquete de los analistas realiza consideraciones de mucha actualidad y que atraviesan las edades. Como lo recuerda la etimología, existen afinidades entre la palabra crisis y la palabra crítica. La crisis llama al juicio, pero es sobre todo un punto de báscula, un poco como la enfermedad que puede conducir a la muerte o a la cura.

–Para el psicoanalista, ¿qué significa ante todo esta palabra crisis?

–El psicoanalista es amigo de la crisis. Entrar en análisis constituye siempre para el sujeto un momento crítico, que responde a una crisis, o revela una. Solo que una vez comenzado el análisis es un trabajo: ¡Basta de crisis! ¿Las crisis de lágrimas? Esperamos que pasen. ¿Las crisis de angustia, incluso de pánico? se las desactiva. ¿Las crisis de locura? Evitamos desencadenarlas… En otro sentido, cada sesión es como una pequeña crisis, que conoce paroxismo y resolución. En breve, hay crisis, en el sentido psicoanalítico cuando el discurso, las palabras, las cifras, los ritos, la rutina, todo el aparato simbólico, se demuestra súbitamente impotente para temperar un real que hace a su antojo. Una crisis, es lo real desencadenado, imposible de dominar. El equivalente, en la civilización de esos huracanes por medio de los cuales, periódicamente la naturaleza viene a recordarle a la especie humana su precariedad, su profunda debilidad.

–¿Cómo interpreta usted el miedo de perder su dinero? ¿Mantener su dinero, tiene el mismo sentido para un pequeño ahorrista y para un millonario?

–Me ocurrió hace tiempo recibir durante algunas semanas un paciente que era millonario, un poco maníaco, y que me anunciaba regularmente riendo que había ganado o perdido un millón de dólares esa misma mañana especulando con su dinero. El precio de la sesión, era para él una suerte de propina, no existía, terminó arruinado. Hay otro tipo de ricos, ahorrativos, incluso avaros, y más prudentes. Pero si usted es verdaderamente rico, usted es más bien inanalizable, puesto que no está en condiciones de pagar, de ceder algo significativo: el análisis le resbala como el agua. ¿El “pequeño ahorrista”? Ahorrar, acumular, es sacrificar el deseo, o al menos aplazarlo. El cofre de Harpagón, es el ahorro goce, el goce congelado. El dinero, es un significante sin significación, que mata todas las significaciones. Cuando uno se dedica al dinero, la verdad pierde todo sentido, no se ve allí más que un engañabobos.

Harpagón. Personaje de una obra teatral de Molière titulada El avaro (L’Avare). Narra la historia de un viejo avaro, Harpagon, que quiere a su baúl de monedas más que a nada en el mundo, incluida su familia. Su familia, imagina una solución y decide esconder su baúl. Harpagon está entonces dispuesto a cualquier cosa para recuperarlo.

–El afán de lucro, la voluntad de amasar sumas tales que se vuelven irreales, ¿tiene que ver, según usted, con la angustia de muerte?

–Sí, el empuje al ahorro especula abiertamente con la muerte, el miedo a las enfermedades, el deseo de perpetuarse en su descendencia. Pero también existe el empuje al crédito, al consumo inmediato, al gasto desenfrenado. Y en tercer lugar, está el dinero por el dinero, el puro placer de poseer, el empuje al más. Muerte, goce y repetición son las tres caras de una pirámide cuya base está dada por la naturaleza inconsciente del dinero: este es del orden del objeto anal. ¿Qué es lo que percibimos en este momento de verdad que constituye una crisis financiera? Que todo eso no vale nada, que el dinero, es mierda, ¡vamos! Esto es lo real que desconcierta a todos los discursos. Se llama a esto, amablemente, “los activos tóxicos”… Benedicto XVI, siempre vivaz, no tardó en explotar la crisis financiera: ¡eso prueba bien, dice, que todo es vanidad, y que solo la palabra de Dios se sostiene!

–Esta crisis comporta una fuerte dimensión psicológica. ¿Qué es lo que según usted, explica estos movimientos de pánico, que se verifican en particular con las sacudidas de los mercados bursátiles? ¿Qué es lo que los desencadena, y cómo pueden ser apaciguados?

–El significante monetario es un semblante, que descansa en convenciones sociales. El universo financiero es una arquitectura de ficciones (mundo simbólico), el pilar es lo que Lacan llamaba un “sujeto supuesto saber”, saber el porqué y el cómo. ¿Quién juega este papel? Sobre ello se fundan anticipaciones, y anticipaciones de anticipaciones, de los operadores. Todo este conjunto de ficción (simbólico) e hiperreflexivo se sostiene por “la confianza”, es decir por la transferencia con el sujeto supuesto saber. Si éste se hunde, hay crisis, debacle de los fundamentos, lo que arrastra lógicamente efectos de pánico.

Fuente: Traducción: Silvia Baudini. Entrevista publicada en El semanario Marianne y también en la web de la EOL en el sector de Prensa Europa en el año 10/10/2008. www.eol.org.ar.

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