Fiódor Dostoievski, a 150 años de “Crimen y castigo”

"Sus años preso en campo de trabajos forzados y las condiciones de extrema precariedad en las que escribió casi toda su obra, explicarían en parte lo excepcional de su literatura y como alcanzó el nivel de clásico y obras maestras vigentes mientras la naturaleza humana prevalezca"

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski

Por Mónica Maristain – Con obras cumbre como “Crimen y castigo” (de la que se cumplen 150 años de su publicación), Los hermanos Karamazov, El jugador y Los demonios, entre otras, el gran escritor ruso ha logrado traspasar la barrera de los clásicos, para convertirse en un autor siempre moderno, vigente “hasta que la humanidad prevalezca”, como bien dice la escritora Mónica Álvarez.

“Quizá Dostoievski no se propuso denunciar sino hacer una exploración literaria e incluso filosófica del Mal. Los demonios es una obra maestra, un clásico”, escribe la periodista y escritora Magali Tercero en su muro de Facebook.

Su colega y amiga Mónica Álvarez le retruca: “Y qué me dices de Crimen y Castigo, a tono con el comentario que haces las lúcidas razones y actuar del inspector y el propio ensayo del personaje principal sobre el crimen que le publican… la propia vida de Dostoievski, sus años preso en campo de trabajos forzados y las condiciones de extrema precariedad en las que escribió casi toda su obra, explicarían en parte lo excepcional de su literatura y como alcanzó el nivel de clásico y obras maestras vigentes mientras la naturaleza humana prevalezca”.

Es una de las tantas referencias al autor ruso en las redes sociales, un extraño caso de inmortalidad y de vigencias literarias que vale la pena celebrar. Porque, a qué negarlo, Fiódor Dostoievski (a veces encontrarás su apellido escrito Dostoyevski y también se vale), es por lejos el escritor más moderno de la historia de la literatura.

Una de esas plumas universales que podría hablarle de tú a tú al mismísimo William Shakespeare y que le da certificado de buen lector a quien quisiera entrar por la puerta grande al placer de los libros.

Nunca faltan los pretextos para hablar de un escritor del que siempre nos gusta hablar, cuyos libros en su totalidad o alguno de ellos en particular, tuvieron a bien marcar una impronta indeleble en nuestro espíritu.

Alguien podrá decir que esas características que define a un clásico de la literatura cual es que sus temas resulten atemporales y su prosa siempre presente no son exclusivas del gran Fiódor, pero se suma en este caso una vida atribulada y fascinante que concita siempre la atención de los amantes de las letras.

Fiódor Mijailovich Dostoievski nació en Moscú en 1821, hijo de un médico de fuerte carácter que le complicó la infancia y quien al morir su esposa se entregó al alcohol, obligando a su heredero a seguir la carrera de ingeniería en San Petersburgo.

Tenía apenas 18 años de edad cuando su padre fue torturado y luego asesinado por un grupo de campesinos, lo cual lo puso al borde de la locura. Muchas veces había anhelado la muerte de su progenitor y al hacerse real su deseo, sintió una culpa que no lo abandonó jamás.

Quizás por eso sus novelas tienen una fuerte carga psicológica al punto de despertar el interés de Sigmund Freud (1856-1939), quien en 1928 escribió un artículo que es hoy todo un clásico en los estudios de la psiquiatría titulado “Dostoievski y el parricidio”, basado en Los hermanos Karamazov.

Sigmund Freud: Dostoievski y el parricidio

Dostoievski es el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo, es uno de los accidentes más felices de mi vida, más incluso que el descubrimiento de Stendhal”, supo decir el filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900), otro gran admirador del novelista ruso.

Pobres gentes fue la primera novela de Dostoievski. La publicó en 1864 y le otorgó una fama efímera, hasta 1861 en que publicó Recuerdos de la casa de los muertos, donde relató la condena a muerte que padeció en 1849, acusado de colaborar con grupos revolucionarios y de la que se salvó merced a un indulto pocas horas antes de su planeada ejecución.

Luego de casarse con Maria Dmítrievna Isáieva, una viuda pobre, dio a conocer Memorias del subsuelo (1864), obra de la que Sexto Piso acaba de publicar una hermosa edición ilustrada, con dibujos de Jorge González.

En un breve prefacio a estas memorias del subsuelo, su autor nos advierte que, si bien son imaginarias, su protagonista reúne de manera inevitable una serie de rasgos propios de su época: individuos como el autor de estas memorias no sólo pueden existir, sino que por fuerza han de darse en nuestra sociedad, si se hace cuenta de las circunstancias en que, por lo general, esa sociedad nuestra se desenvuelve-. De este modo, Dostoievski nos relata que el hombrecillo resentido, vengativo, zalamero, sádico y atribulado que parece deleitarse en contarnos las sucesivas humillaciones y actos de desprecio a los que él mismo se somete, es el prototipo del individuo moderno, en su búsqueda constante del éxito y el reconocimiento de sus pares. La principal tragedia del narrador de estas memorias es que si bien desprecia al oficial del cual debe apartarse cada vez que se topan en la calle, a los camaradas que lo desdeñan porque no comparte sus altos cargos y honores ni sus múltiples conquistas sexuales, a la prostituta liza a quien humilla tan sólo porque puede hacerlo, en el fondo los envidia genuinamente y cambiaría toda su lucidez por convertirse durante un día en cualquiera de esos seres que pueden vivir la vida sin estar en constante lucha consigo mismos. En sus diarios, Dostoievski formuló el -suicidio lógico-, que es consecuencia de la contradicción implícita en la que la naturaleza da al hombre la inteligencia suficiente como para comprender que jamás entenderá el sentido de su propia vida. Precisamente para evitarlo, el narrador de estas memorias encuentra consuelo en exponernos su miseria por escrito.

LEER A FIÓDOR DOSTOIEVSKI

“Leer a Dostoievski significa regresar a un compromiso vital, del que nos hemos desprendido últimamente: comprender los sentimientos humanos. La tristeza, la felicidad efímera pero no menos vigorosa, el amor en toda su expresión, el sufrimiento, la soledad, el abandono, no entendidos como los derroteros de la existencia sino como parte inherente de lo que significa vivir. Significa comprender, también, qué se siente vivir al lado de un personaje literario. Los personajes de Dostoievski son los más humanos que puedes encontrar en la literatura de todos los tiempos. Una vez que terminas el libro, te acechan a lo largo de toda tu vida, afirma el joven escritor de Mexicali Alejandro Espinoza Galindo, autor entre otros de la reciente novela En los tiempos de la ocupación.

Esos sentimientos humanos, comprendidos cabalmente por un autor de vida trágica en la que tuvo que soportar la muerte de su esposa y uno de sus hermanos, se condensan a tope en la famosa El jugador, publicada en 1867, novela autobiográfica que expresa la propia afición por el juego que tenía el autor.

La escribió en un tiempo récord de 26 días, para librarse de una deuda con su editor y que dictó a la taquígrafa Anna Grigórievna Snítkin, que se convertiría en su segunda esposa.

En medio de una galería de personajes desarraigados y trashumantes que deambulan por la ciudad-balneario de Wiesbaden (el “Roulettenburg” de la ficción), la patética figura de Aleksei Ivanovich personifica el goce y la angustia del tipo humano que acaba por canalizar toda su capacidad de protesta en la pasión por el juego como vía de acceso, mediante el dolor y el envilecimiento, a una libertad vorazmente deseada. (Alianza Editorial)

LA LITERATURA QUE PARECIERA HABLAR DE OTRA COSA

“En sus libros aprendí una forma de decir el abismo y en ellos leo historia y política de manera más profunda y viva que en un ensayo. No por nada, en su tiempo activo, la segunda mitad del siglo XIX dio forma a las ilusiones colectivas que alimentarían el XX.

Dostoievski nos enseña cómo la política, los sueños colectivos, están en todo lo que nos une y nos separa. Pero su instrumento para decirlo es el más hondo y el más afilado, la literatura que pareciera hablar de otra cosa”, dice el escritor Alberto Ruy Sánchez, autor entre otros de Quinteto de Mogador (Alfaguara).

Para el joven autor mexicano residente en Los Ángeles Luis Panini, quien diera a conocer con el sello de Tusquets su reciente novela breve La hora mala, “Dostoievski es, probablemente, el único psicólogo digno de respeto. En unos cuantos párrafos alcanza a evidenciar la naturaleza corrupta del ser humano y es capaz de reducirlo al nivel de una criatura desafortunada. Ningún otro autor logra capturar el pánico mejor que él. Las primeras cincuenta páginas de Crimen y castigo son la mejor prueba de esto. En ellas consigue delinear un perfil psicológico tan detallado y complejo que se antoja escritura milagrosa. Quizá, es posible encontrar algo comparable a esas páginas en “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe.”

Precisamente, Crimen y castigo, de 1866, publicada primero en 12 partes en la revista El mensajero ruso, es considerada a menudo la obra máxima de Dostoievski (pero, ¿qué decir entonces de Los demonios o El idiota?).

La novela es un tratado sobre el crimen y la culpa, disquisiciones imperdibles en la voz del protagonista, el estudiante Rodion Raskolnikov, que atraviesan la disputa entre el bien y el mal, dilemas de una moral a la que siempre Dostoievski rindió culto con pasión atribulada.

¿Puedes matar a una vieja usurera en nombre de valores humanistas que están incluso por encima de la vida? ¿Y si matas a una vieja prestamista qué harás con el desgarro de tu alma cuando la culpa no te abandone ni en los sueños?
“La complejidad y la hondura de Crimen y castigo son evidencia de un escritor que, al decir del escritor y académico chileno Felipe Ríos Baeza, llegó en un siglo como el XIX, “acostumbrado a narrar la crónica heroica y compacta del alma nacional, a preocuparse por lo único importante: narrar el alma individual. Y ésta siempre es dubitativa, angustiosa y, sobre todo, se hace más ilusiones de las que debe, sufriendo luego por ello. Eso es Dostoievski”.

“Además, supo encontrarle una estética a sus crisis nerviosas, y eso lo convierte en casi un autor del siglo XX (sin psicoanálisis ni corrientes de la conciencia todavía allí para explicar ese fenómeno). Lo que sí no podría decirte es eso de que la traducción lo mejoró, que es la tesis de Vladimir Nabokov (1899-1977)”, agrega el autor entre otros de La noción de margen en la narrativa de Roberto Bolaño.

El autor de Lolita pretendía desmitificar a Dostoievski, a quien consideraba más un dramaturgo que novelista, en contraposición a su famoso compatriota y contemporáneo Mijail Bajtín (1895-1975), que creía firmemente que el autor representaba la cumbre de la novela moderna.
“Quiero volver a insistir en que Dostoievski era más dramaturgo que novelista. Lo que sus novelas representan es una sucesión de escenas, de diálogos, de cuadros donde se reúne a todos los participantes, y con todos los trucos del teatro, como la scène à faire, la visita inesperada, el respiro cómico, etc. Consideradas como novelas, sus obras se desmoronan, consideradas como obras de teatro, son demasiado largas y difusas, y están mal equilibradas”, decía Vladimir Nabokov en sus clases de literatura rusa en la universidad de Cornell.

“La mejor razón para leer a Dostoievski, sin duda alguna, es que si no lo lees puedes acabar confundido, leyendo y adorando a Nabokov”, dice al respecto y con mucho humor el escritor Emiliano Monge, autor de las aclamadas El cielo árido y Las tierras arrasadas (Literatura Random House)

“Ya en serio: si con Shakespeare nació la literatura psicológica, con Dostoievski llegó la revolución. Nunca nadie, ni antes ni después, ha escarbado en las pasiones y en la mente, pero sobre todo en la lucha que cotidianamente se da entre éstas, como lo hizo el autor ruso. Para la literatura, su obra es lo que la máquina a la revolución industrial”, agrega.

MIS RAZONES PARA LEER A FIÓDOR DOSTOIEVSKI

“Mi razón para leer a Dostoievski siempre son muchas razones y todas relacionadas con primeras veces: la primera vez que no escuchaba una voz o a un narrador, si no que veía claramente a un personaje: Raskólnikov; la primera vez que supe que uno podía equivocarse terriblemente en una novela y triunfar a pesar de ello: el atroz y pésimo (en cuanto a composición y remate) del epílogo. Piensa que, sintetizando, la razón para leer a Dostoievski es que su único interés era revelar una parte enorme de la condición humana al centrarse en el interior de los personajes. Un mundo era antes del estudio de la psicología de Dostoievski y otro mundo queda después. Crimen y castigo, por ejemplo, desde su condición universal, me ha dicho más de Puebla (y Cholula) y mis semejantes que ningún otro autor”, dice el escritor Jaime Mesa a Puntos y Comas.

“Es mi cuarto autor preferido: Dumas, Defoe y Stevenson fueron primero porque me los leía mi padre, ellos son él: su voz. Pero Dostoievski es el primer autor elegido por mí (el cuarto al que llegué) y rige mi literatura. Es la ley que mueve a mis personajes y mis narradores. De ahí su importancia”, dice el autor de la reciente Las bestias negras (Alfaguara)

Personajes y narradores que Fiódor Dostoievski fue encontrando en su pesaroso deambular por Europa, luego de que tuviera que abandonar Rusia a causa de las deudas y sufriera la pérdida de una hija poco tiempo después de que su esposa diera a luz.
Jugaba sin cesar, se endeudaba, sufría ataques epilépticos, hasta que en 1869 nació su hijo Lyuvob, quien le dio impulso para escribir El idiota y Los demonios y con ello regresar como un autor consagrado a su Rusia natal.

En 1880 apareció la que el propio escritor consideró su obra maestra y que fuera su última novela, Los hermanos Karamazov, que condensa los temas más característicos de su literatura: agudos análisis psicológicos, la relación del hombre con Dios, la angustia moral del hombre moderno y las aporías de la libertad humana.

Esta historia fue llevada al cine en 1958, con la dirección de Richard Brooks y un elenco encabezado por el mítico Yul Brynner (1820-1975).

En los últimos años de su vida la popularidad de Dostoyevski fue en aumento. En 1877 fue elegido miembro de la Academia de las Ciencias. En 1879 recibió una invitación para participar en el Congreso Literario Internacional de Londres, donde se convirtió en miembro del Comité Honorífico de la Asociación de Literatura Internacional. Asistía a reuniones literarias y musicales, donde leía extractos de sus propias obras y poemas de Pushkin.

En 1881, ya en Rusia, decidió reanudar la publicación del Diario de un escritor, pero nunca llegó a publicarse. Su salud se fue deteriorando y en la noche del 26 de enero tuvo una hemorragia pulmonar. Dos días más tarde dijo unas palabras de despedida a sus hijos y por la noche murió.

El 31 de enero de 1881 una multitud acudió al monasterio de Alexandr Nevski de San Petersburgo para asistir a los funerales del novelista.

Fiódor Dostoyevski dejó un legado literario que lo convierte en uno de los más grandes escritores del siglo XIX. Sus obras se han traducido a numerosas lenguas y se siguen leyendo y estudiando en colegios y universidades. Exploró y supo captar la profundidad del alma humana, haciendo aflorar las emociones y sentimientos tanto en los tiempos oscuros como en los felices. Rusia fue una obsesión que lo convirtió poco a poco en un escritor universal.

DOSTOIEVSKI EN EL CINE

Adaptaciones cinematográficas de la obra de Fiódor Dostoievski son:

Crimen y castigo (1935), de Josef Von Sternberg

Crimen y castigo (1935), de Pierre Chenal

El idiota (1951), de Akira Kurosawa

Noches blancas (1957), de Luchino Visconti

Crimen y castigo (1958), de Gregory Lampin

Un alma dulce (1969), de Robert Bresson

Cuatro noches de un soñador (1971), de Robert Bresson.

Los poseídos (1987), de Andrzej Wajda

El marido perfecto (1992), de Beda do Campo Feijoo

Memorias de ultratumba (1995), de Gary Balkow

El jugador (1997), de Karoly Makk

Crimen y castigo (1998), de Joseph Sargent

El idiota (1999), de Sasa Gedeon

Down House (2000), de Roman Kachanov

Crimen y castigo (2002), de Menahem Golan

Crimen y castigo (2002), de Julian Jarrold

Los amantes (2008)

El doble (2013)

 

Fuente: SinEmbargo

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