Jaque a la monogamia

¿Por qué es tan difícil cuestionar la monogamia? Hoy está en jaque la institución familiar y se descree del matrimonio, pero la infidelidad, los celos y la necesidad de posesión siguen siendo parte de un status quo del amor verdadero. ¿Por qué es importante criticar la monogamia? Porque bajo esa bandera se extiende un territorio de sumisión obligatoria/engaño potencial, una policía de los cuerpos, los lazos y las fantasías. Entonces, ¿habrá llegado la hora de dejarlo todo y avanzar hacia el poliamor cada vez más de moda en las propuestas y discursos? Brigitte Vasallo y Miguel Ayuso, dos de los autores que componen los volúmenes (h)amor 1 y (h)amor 2 (Ed. Continta me tienes), reflexionan sobre los límites de algunas propuestas que parecen revolucionarias y son todo lo contrario.

Salomón tuvo varias esposas

Salomón tuvo varias esposas

Por Brigitte Vasallo. El amor y el desamor, la traición, el flechazo, la conquista: las maravillas del amor exclusivo y su demonio, la infidelidad real o imaginada, sexual o emocional, física o cibernética son los temas preferidos de todos nuestros delirios, por muy distintas que sean las épocas, los ámbitos y las formas. Amar, sufrir y mentir, el famoso «mentir, follar, morir» de Céline, parecen parte indivisible de la misma realidad.

El amor eterno es el paraíso y su gran enemigo es la infidelidad, así que los cuernos claman la búsqueda de culpables. ¿Quién ha sido? La culpa puede recaer en la persona infiel, convertida de inmediato en una zorra/un cabrón y que merece castigo (la muerte o la muerte en vida que es la soledad y el rechazo); también en la persona cornuda que no ha sabido darle a su pareja «lo que necesita» y merece ser abandonada; o, mejor aún, en la tercera persona «que se ha metido por medio», opción especialmente cómoda porque permite cargarse la pieza que menos duele y seguir adelante con la pareja sin apenas plantearse nada. Es decir, la culpa del dolor la tiene todo el mundo menos la monogamia misma: las miradas nunca apuntan hacia el sistema que queda así al margen del debate y de toda duda. La monogamia es el único pacto social, junto con el patriotismo (la otra gran forma de monogamia) que es intocable, incuestionable. Hemos dejado de creer en Dios, en el capital, en el patriarcado y en los telediarios. Nos hemos cargado la virginidad obligatoria, el matrimonio obligatorio y la heterosexualidad obligatoria pero al llegar a casa acabamos refugiadas en el esquema conocido de siempre: una cosa es ser liberal y otra cosa muy distinta es ser cornuda.

Pero el amor, esa palabra…

¿Por qué es tan difícil cuestionar la monogamia? Ya no decimos el matrimonio, superado por todo el mundo salvo peperos, gais y hipsters (qué curiosas coincidencias transculturales), pero la pareja cerrada, mirándose eternamente a los ojos y desinteresada del mundo entero, la unidad de felicidad incuestionable que es el dúo, tiene una fortaleza teórica envidiable. Teórica, porque en la práctica, cualquier pareja monógama con una mínima duración se tiene que enfrentar a los grandes dilemas del modelo y que pueden ser, por ejemplo, que te enamores del vecino, que te enrolles con una amiga una noche de juerga o que te descubras tendencias eróticas hacia el sexo contrario (contrario al de tu pareja, se entiende). Posiblemente el gran escollo para el debate sea esa aceptación de la monogamia como sistema natural que la vincula necesariamente al amor como si fuesen sinónimos. Criticar la monogamia es cuestionar el amor, ponerlo en duda. Poner en cuestión l’amour, tratar de pensar modelos que desmonten la monogamia obligatoria y que la conviertan en una opción personal entre otras muchas posibles, no es cuestionar el amor. Bien al contrario, es tratar de entender el Amor, en mayúscula, más allá de sus construcciones, del amor en minúscula. Es seguir apostando por él, más allá de los finales felices.

Hate that I love you

La mayor amenaza para la monogamia obligatoria y todas sus imágenes es la vida misma. El epicentro sexual de la cuestión contiene retos importantes. Tener relaciones sexuales durante toda la vida (el amor eterno) con una misma única persona no siempre es tan satisfactorio como dicen las películas. Para empezar, porque las personas evolucionamos sexualmente, y por mucho que ames a tu pareja, no siempre evolucionas en la misma dirección. Para seguir, porque una sola persona difícilmente puede cubrir todas las fantasías sexuales a riesgo de convertirse (y convertirla) en una esclava sexual. Y, para acabar, porque hay algo que una pareja de largo recorrido, por pura definición, no puede ofrecer: la novedad. Y la novedad, en términos sexuales, puede ser muy atractiva. Hay, pues, una cuestión práctica de necesidades, deseos y fantasías en la gestión de la fidelidad. Hay también una cuestión moralista que aparece por los bajos fondos: si nuestro amour nos pidiese dejar de hablar con los demás de por vida nos parecería aberrante y saltarían todas las alarmas del maltrato. Pero al tiempo que pensamos el amor como un sentimiento exclusivo, pensamos el sexo más como un vicio que como una parte esencial del ser, necesaria y constituyente de la vida. Por eso cuesta tanto reivindicar y defender la diversificación sexual, especialmente para las mujeres e incluso ante nosotras mismas. Por si fuera poco, también hay una cuestión política implícita en esa fidelidad sexual y emocional entendida como componente obligatorio del dúo feliz: la propiedad de los cuerpos y de los placeres que nos adentra en las marismas del capitalismo emocional.

El capitalismo emocional

El Amor, con mayúsculas, no es un bien escaso sino un órgano que crece cuando lo ejercitas, un ser vivo que responde al alimento. El amor debería ser energía renovable, ese estado ideal que no resta, sino que suma. Que no te mengua, sino que eleva tu potencia y te hace grande. Maite Larrauri lo explica así en su libro El deseo según Deleuze: “Vamos a tomar prestada una idea de Nietzsche y definiremos a las personas vitalistas como a quellas que aman la vida no porque están acostumbradas a vivir, sino porque están acostumbradas a amar. Estar acostumbrada a vivir significa que la vida es algo conocido, que sus presencias, sus gestos, sus sucesiones se repiten y ya no sorprenden. Amar la vida porque estamos acostumbradas a vivir es amar lo que ya hemos vivido. En cambio, amar la vida porque estamos acostumbradas a amar no nos remite a una vida repetitiva. Lo que se repite es el impulso por el cual nos unimos a las ideas, a las cosas y a las personas; no podemos vivir sin amar, sin desear, sin dejarnos llevar por el movimiento mismo de la vida.”

Podríamos entender las relaciones amorosas, afectivas y/o sexuales, partiendo de esta idea: el amor ni empieza ni acaba obligatoriamente en el dúo sino que puede tener otras formas; crear, en lugar de estructuras cerradas, «polículas», «núcleos afectivos», como propone la (h) artivista Marian Pessah, que se puedan relacionar entre ellos, que se alimenten, que compartan espacios físico y/o emocionales. El amor, nuestra vida amorosa, afectiva, sexual es todo el campo, todas las relaciones que establecemos los unos con las otras, y las relaciones de todos ellos con todos los demás. Un sistema de alimentaciones multidireccionales y constantes, de cuidados compartidos, una red en construcción perpetua. Deleuze y Guattari oponen el ejemplo del árbol (estructura jerárquica) frente al rizoma, el campo de patatas, horizontal. En la gestión de los amores, podríamos oponer el bloque de pisitos del capitalismo emocional a las acampadas horizontales de los amores en red. Igual que tomamos las plazas deberíamos tomar las relaciones y empezar a construir desde ellas un mundo nuevo. ¿Precioso, verdad? Pues, ahora, las malas noticias, porque nuestro paraíso particular tiene dos peligros mortales: los celos y el escaqueo. Y de ambos lo más fácil de gestionar, lo creáis o no, son los celos.

Los celos

A menudo se dibuja a las personas que proponemos relaciones no-monógamas como personas que no somos celosas. Tenemos el privilegio de la indiferencia. No es así: en cualquiera de las propuestas que pueden englobar las relaciones no-monógamas, los celos y su gestión son un tema central. Tal vez la diferencia es que los discursos no-monógamos los celos no se entienden como causa sino consecuencia, no como enfermedad sino como síntoma de carencias o necesidades no atendidas, y que pueden colmarse y calmarse. Las experiencias compartidas parecen coincidir en que la mejor manera de desactivar los celos es la comunicación y la empatía. Poder explicar a las personas con las que te relacionas cómo te sientes respecto a tu entorno afectivo y sexual sin miedo a juicios ni reproches. Tantos siglos de educación monógama no se solucionan simplemente decidiendo no ser monógama.

El parate emocional

Los celos son gestionables y vencibles. Sin embargo, contra el escabullirse hay poco remedio. Las relaciones no-monógamas son también el refugio y la excusa perfecta para el individualismo emocional, para esconder bajo una pose moderna la incapacidad para el compromiso con la vida misma: amar a mucha gente para en el fondo no tener que amar a nadie. Del mismo modo que la posesión de los cuerpos y deseos ajenos forma parte del capitalismo emocional, la desvinculación de los mismos también lo es, pues comparte con ella la cosificación, el usar y tirar: las personas y los cuerpos como puro objeto de consumo, como entes sustituibles. El cambio de paradigma que propone la ruptura de la monogamia obligatoria no es la banalización definitiva de los amores, sino todo lo contrario: el compromiso final, el que late en el fondo de los compromisos políticos, ideológicos y sociales, pero que es bastante más jodido, bastante menos vistoso y bastante más arriesgado. Comprometerse es, en el fondo, dejarse comprometer, dejarse poner en un compromiso. Eso quiere decir romper barreras de inmunidad, renunciar a la libertad clientelista de entrar y salir con indiferencia del mundo como si fuese un supermercado o una página web. Quiere decir dejarse afectar, dejarse tocar, dejarse interpelar, saberse requerido, verse concernido… Todo compromiso es una transformación forzosa y de resultados no garantizados.

Fuente: Página 12

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Compartir:

GoogleRSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *