La vida en amarillo

Yo soy yo. Que el hambriento no me importe, que el sufrimiento no me llegue, que los demás no existan. Sé feliz. Sonríe. Es culpa de ellos. No hicieron mérito.

La vida en amarillo

La vida en amarillo

Ana Luisa De Maio. (*) Si me pusiera a pensar cómo y por qué llegamos a este descalabro político, jurídico, económico y social argentino, podría yo contestarme de diversas maneras.

Quizás, me explicaría que la vida en rosa se convirtió en amarilla y que la sabiduría que el color representa contradijo los enjundiosos estudios referidos al valor  que cada tonalidad de la paleta motiva en nuestro cerebro y emociones.

Sin embargo, creo que sería una respuesta primaria y básica. O tal vez no.

Cierto es, que el matizado influjo complementado con círculos llenos de helio sostenidos por un hilo, cumplió su cometido. Como bien plantean las leyes marquetineras, lo importante es instalar el producto –persona o cosa- sin importar su contenido.

Sigo intentando comprender, y apelo a mi memoria, que parece ser diferente a la de algunos otros. De manera imprevista, mis recuerdos, mi vida, mi ser, mi YO y el OTRO resultaron ser fantasías. La confusión se instala nuevamente, pues no creo que lo hayan sido;  estoy convencida de que las viví y mi analista se rinde cuando, con cierto cansancio, sigue escuchando una y otra vez que alguna vez fuimos muchos los memoriosos, los alegres, exultantes, apasionados y esperanzados, viviendo en un lugar llamado Patria. Confieso que se conmueve cuando repito Patria, porque “Patria es el Otro”. Intencionalmente, obvio la palabra Proyecto. Sé que tiene su recetario sobre el escritorio.

Podría seguir pensando, dando vueltas cada tanto mis almohadas, y suponer que esta locura -que asumo como temporal-  me hace soñar que quien dice ser mi presidente es uno de los internacionalmente probados tenedores de cuentas en los paraísos fiscales. Rectifico: guaridas fiscales.  Tengo que actualizarme. Cerca de 30 años atrás, me enseñaron en la Universidad las precauciones que debían tenerse al encontrarse con empresas conocidas como off shore. Claro que el sueño es tan amplio que su cara aparece en todos los diarios extranjeros, pegadito a las de otros que ante el escándalo, renunciaron a sus cargos. Pero ¿este señor?, no. Dice que no tiene, que no sabe, que son dos, cuatro, dieciséis, y me temo que aumentan exponencialmente.

Algo extraño sucede con mi mente. Busco, escucho, miro pero encuentro pocos acompañantes alucinadores. Y mi Patria no acusa, no se enerva, ante lo execrable delante de sus ojos.

Debo seguir adelante. Eso pregonan los gurúes en boga. Vive, siente, come, haz lo que te plazca, todo hoy. No importa que el Otro, -tu vecino, amigo, compañero, o quienes cruzas por los andariveles de tu vida- no pueda hacerlo o sea lastimado, despedido, menospreciado, insultado, o despreciado. Yo soy yo. Que el hambriento no me importe, que el sufrimiento no me llegue, que los demás no existan. Sé feliz.  Sonríe. Es culpa de ellos. No hicieron mérito.

Todo, a cara lavada.  Las modas cambian. Pintada como una puerta no va más. ¡Qué desastre! Debo anotar: “tirar maquillaje” o make up como le dicen. Eso atraerá más adherentes a la causa. ¿Qué cuál causa? No pregunten, no lo sé ni me interesa. Lo importante es aplaudir “la” causa y la soltada de globos. Nadie debería tener el coraje de preguntar cuál. ¡Ay! ¡Sí! Acabo de recordar: la causa es la alegría.

Un momento… más personajes entran al cadalso  que me somete la pesadilla: ¿quiénes son estos tipos que gritan, aplauden, vociferan? ¿Qué significarán las vallas en el mundo de los sueños? ¡Cuánto debo aprender!

Persigo mi Sueño que no es el mismo que sueño. ¿Cuándo sonará el despertador que con melodías desencadenadas hace que piense dos veces antes de revolearlo?

Palazos, golpes, ollas populares, un negro de dientes blancos resplandecientes abrazado a alguien  de ojos claros,  mientras soldados de otro lado descienden al norte sur, este y oeste, frases que no entiendo, túneles (¿se habrá metido Sábato por alguna de las portezuelas?), bailes, un señor que tenía bigotes imitando a Freddy – un angelito me cuenta que casi se los traga y hubo que auxiliarlo- evasores, infelices, mal habidos, denunciados, ¡ay no! Cierto que la gente bien no es así. Otra vez me confundí… Serotonina y vitaminas a full cuando logre despertar. Listo, pegué el papelito en la heladera. No me olvidaré.

Quiero despertarme. Peleo contra todos, ¡déjenme pasar! No quiero el infierno. Pataleo, grito, sudo, los buitres me acechan,  se están acercando, y un pérfido dice que me calle, y un gayprat (o al revés) quiere convencerme, con sonrisa socarrona, que no existo. Soy la nadie de Galeano perdida por los laberintos de Borges.

El sudor se convierte en frío, el infierno decidió no  usar  combustible ni gas. Dicen que es caro. No me importa. De pronto creo que es bueno… no pueden sostenerlo tan caliente.

Aun así, logro vencer la pesadilla,  Tímidamente comienza a sonar la melodía que me trae a la realidad. Medio despierta o medio dormida, enciendo la manipuladora TV. Suelo hacerlo para saber del clima ¿llevo paraguas o no? Parece que sí. ¡Ahora sí!

¡Qué maravilla! Al fin desperté. Un poco más de las 22 p.m. marca el reloj. Todo volvió a la normalidad. Veo en la pantalla a la mujer del sur, subida sobre un tapete, saludando con su mano en alto, sonriendo, con el cabello despeinado, rodeada de periodistas, diciendo que está bien, saludando a su gente que bajo la intensa lluvia, llevó banderas y que  al grito de ¡Aquí estamos! ¡Estos somos!, se saca su chalina… los mira de frente y les dice: ¡Aquí estoy yo!

¡Desperté!

¿Qué cosa?  ¿Me preguntan  cómo y por qué llegamos a este descalabro político, jurídico, económico y social argentino?  ¡Cierto!. Así empecé. Disculpen, a veces me disperso, pero la verdad es que no lo sé. Seguramente, generaciones futuras, lo explicarán en detalle.

Paciencia. Mientras tanto escucho la vida en rosa.

(*) Enviado por la autora para su publicación

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