Odio la escuela

Cuando hablamos del Aparato Educativo hacemos mención a los años de Escolarización que hemos recibido de manera arbitraria a manos del Estado por medio de sus diferentes prácticas curriculares, donde el profesor es testigo y cómplice de esa práctica autoritaria.

Escuelas: fábricas de asalariados zombie

Escuelas: fábricas de asalariados zombie

Odio la escuela: Mi mala experiencia educativa. Esta propuesta forma parte de una idea que pretende rescatar los diversos relatos de los alumnos/as, compañeros/as, afines, curiosos/as y aquellos/as que han vivido (o viven) una mala experiencia en el Aparato Educativo.

“Para educar no es necesario encerrar” – Iván Illich

Cuando hablamos del Aparato Educativo hacemos mención a los años de Escolarización que hemos recibido de manera arbitraria a manos del Estado por medio de sus diferentes prácticas curriculares, donde el profesor es testigo y cómplice de esa práctica autoritaria. El Estado como organismo central que subraya las condiciones de cómo debe ir dándose la educación en los diversos espacios educacionales; sean públicos o privados, de pago o gratuitos.

Ambos, uno de manera invisible pero consciente, hacen mención a sus habilidades y practicas para moldear al estudiante a un sistema que lo condiciona a recibir una educación para su desarrollo, por encima de su voluntad como individuo/a.

“La Educación sucede, acontece, ocurre. Se da la Educación en cada intercambio comunicativo, en todos los momentos de la vida social, en cada uno de los ámbitos de la relación humana.” – Pedro García Olivo

El otro – el sistema en si mismo – es diseñado por los mismos que lo condicionan de manera arbitraria – los alumnos y el profesor – para que se mantenga se perpetúe y se reproduzca. De manera que la Escuela permanezca como la única fuente de conocimiento, de socialización, y se ella el espacio adecuado para su consecución.

Por ese motivo queremos invitar aquellos/as que no buscan o no pretender incidir en la Escuela como el único espacio para la realización de su (educación). Sino fuera de ella como el punto donde circulen las ideas, proyectos, sueños y cuestiones propias de cada individuo en una sociedad que caracterice los principios antiautoritarios propia de cada hombre y mujer.

La idea de cristalizar los diversos relatos de las personas que quieran participar en esta propuesta, es dar a conocer que no solo el aparato educativo sirve como el lugar adecuado para aquello. Más bien, alejarse de la institución carcelaria como el primer paso para la destrucción del modelo que por ahora solo tiene artífices que pretenden modificarlo, reestructurarlo o reformarlo.

Alejarse no solo para construir uno, NO. Alejarse, huir y destruir en cierto modo la maquinaria que no es sino, la construcción de un proceso que atiende los principios básicos que busca el sistema económico. Educarse para ser útil a él.

Por tanto cada relato, cada expresión que sustente el rechazo hacia el aparato es en suma, una forma de decir que no necesitamos escuelas, ni proyectos, ni reformas que centren su esfuerzo en educar al hombre y la mujer a su merced.

Mas bien que cada uno de manera individual o colectiva (para quien pretenda hacerlo de esa forma) desarrolle su propio sistema de aprendizaje.

Qué cada uno/a asuma la responsabilidad de su educación.

Qué nos es más hábil que posee mayor conocimientos y sobre él puede construir ideas y hacerlas suya para su propia conveniencia y dominio. Ni tampoco es mas inútil quién no sabe leer ni ha tomado un libro. Ambos de cierta manera se pueden involucrar en esta acción de ir educándose en el intercambios de ideas, sueños, y propósitos en donde cada uno/a se sienta cómodo sin transgredir al otro/a.

La invitación esta puesta en mesa, quién pretenda tomarla y hacerla suya, que comparta la idea.

Fuente: El Amanecer

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Una respuesta en Odio la escuela

  1. Necesitan nombre? Fachos 16 agosto, 2016 en 10:29 pm

    Tienen una insólita alta autoestima gente de “Contrainfo” (aflojemos un poco con la “contra cultura” y todas esas tontas maneras de querer lucirse desde la berretada). Una gilada atrás de la otra. ¿Por qué no se suicidan? Lean la nota de Horacio González y ponganla en práctica. Son de décima. Como diría Jorge Asis, “en la mesa de los transgresores, no podrían ni cebar mate”.

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