La cultura en la lucha ideológica

A partir del surgimiento de la televisión y su expansión en las décadas siguientes se generó lo que llama una galaxia de la comunicación. Una organización y reorganización del sistema que tiene de trasfondo la difusión de la “comunicación” a través de la televisión. Es el primer medio de “comunicación” que el autor llama “de masas”. El instrumento que trasmite una cantidad de códigos (que en el fondo son de conducta) a una audiencia de millones de receptores.

Capitalismo y Cultura

Capitalismo y Cultura

Por Ramiro Hernández Romero. Introducción. El tema de la cultura es, dentro las ciencias sociales en general, un tema complejo. Desde hace más o menos siglo y medio el tema de la cultura ha sido trabajada por muchos intelectuales, o por lo menos quienes se han atrevido a estudiarla. Los cuales que por intereses muy diversos se han involucrado en las relaciones de grupos sociales distintos a occidente.

Los problemas de nuestros días también ha llevado a estudiar a sus propios grupos sociales que occidente produce y reproduce. El tema de la cultura fue y es para los antropólogos, su particularidad. Ellos han aportado a las llamadas ciencias sociales muchas herramientas teórico-metodológicas para conocer las diversas expresiones de grupos sociales y culturales en el mundo. Si bien no sólo los antropólogos, sino también, aunque en menor medida, los sociólogos. En el presente trabajo pretendo abordar algunos planteamientos sobre la cuestión de la cultura. El objetivo es la de analizar las propuestas de cultura de algunos de los autores que se vuelcan en la lucha ideológica: Gilberto Giménez, Antonio Gramsci, Clifford Geertz, Manuel Castells, entre otros.

Como veremos, las propuestas de cultura forman parte del sustento ideológico, político y económico del régimen social dominado por un grupo social,  particularmente en el mundo de la producción capitalista. La diversidad de posturas muestra la lucha no sólo material sino ideológica, que sirve como herramientas de análisis social para sostener un mundo de la producción o para destruirlo.

Debo decir que desde los años ochenta del siglo pasado los estudios de diversas ramas de las ciencias sociales se han volcado hacia los estudios culturales, privilegiando los estudios simbólicos e interpretativos. Los estudiosos de la cultura tiene una larga experiencia y los estudios culturales respondieron no solo a una moda que influyeron en muchas disciplinas de las llamadas ciencias sociales, sino también a un nuevo rumbo del mundo de la producción capitalista. El tema de la cultura tiene una importancia vital para ventilar lo que acontece en los últimos años.

Conceptos de cultura

Gilberto Giménez, sociólogo y antropólogo, propone una forma de definición de la cultura. En él no se puede separar de su concepción de la cultura con la de identidad. El autor analiza sobre los conceptos de identidad y cultura. En el texto “La cultura como identidad y la identidad como cultura”, la cuestión de la identidad lo sumerge en un análisis propio y/o particular. Dice que “los conceptos de identidad y de cultura son inseparables, por la sencilla razón de que el primero se construye a partir de materiales culturales” (Giménez: s/f; p. 2). Para definir su concepción de cultura parte de un cuestionamiento a la concepción de Geertz.

La crítica de Giménez hacia Geertz inicia con la supuesta reducción a simples pautas de significados. Lo que aboga es que se debe ir más que a eso. Pues los significados culturales son aquellos que son compartidos y duraderos tanto a nivel individual como a nivel histórico. Este punto es importante porque le da importancia al sujeto (aunque individual) en la interpretación del significado: es el individuo es el que interpreta los significados. Aspecto que no toma en cuenta Geertz, ya que no aparecen las relaciones de la significación compartida y duradera. La cultura se produce, entonces, en donde los significados son compartidos y son duraderos. Es, dice el autor, “la organización social del sentido, interiorizado de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivado en formas simbólicas, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados” (Ibíd., p.5).

La cultura tiene relación con la identidad en cuanto que el sujeto se sumerge y se distingue en él. Es decir, la identidad como la actividad especificidad de la cultura interiorizada de los sujetos o en el sujeto individual. La cultura entendida así tiende a diferenciar entre un individuo de otro o de un colectivo de otro. La cuestión de la individualidad y la individuación en la relaciones es parte importante en la diferenciación cultural. La identidad es la relación o la expresión por sí misma. Es la identidad en tanto individual. El autor concibe varios elementos de identidad que es preciso abordar para distinguir su argumento. El primero es “la permanencia en el tiempo de un sujeto de acción”; segundo “concebido como una unidad con límites”; tercero “que lo distingue de todos los demás sujetos”; y por último “se requiere el reconocimiento de estos últimos” (Ibíd., p.9). El carácter individual de la identidad es posible en las relaciones, según este autor, tanto de tipo individual como colectivo. Un carácter que formula, considero, una relación estática. Pues las relaciones solo tienen cabida en cuanto a que son reconocidas por su forma muy limitada de las individuales. Una forma en la que si un individuo existe se diferencia en cuanto al otro y el cual lo reconoce. Esta apreciación tiene un carácter muy conservador. Muestra límites en la realización histórica de la especie humana. No voy a entrar en la discusión, pero me parece que legitima un orden social. Es decir, legítima la política económica neoliberal que entraba en aquellos años, los ochenta, en el periodo en que este autor redactó su ensayo.

A propósito de la crítica que la hace Giménez a Geertz, me parece conveniente entrar con algunas de sus consideraciones de contexto social y político. En los años ochenta y noventa surgió un “nuevo” discurso que invadió a la academia y a muchos otros intelectuales que no estaban ligados a la misma. A él corrieron muchos llamados científicos sociales a insertarse apresuradamente para no quedarse fuera de la moda dominante: el posmodernismo. El cual fue parte de una ideología que influyó en la sociología, la antropología, la historia, la psicología, entre otras, que curiosamente prolifera en un momento en que el neoliberalismo se imponía a sangre y fuego en gran parte del mundo. Es decir, entre principios de la década de los ochenta y noventa del siglo pasado. Clifford Geertz, George Marcus y Dick Cushman, entre otros formaron parte de este discurso. En la moda posmoderna se hablaba de un giro cultural en Antropología, y los historiadores defendían también el giro historiográfico. El discurso era el mismo pero desde sus “supuestos” lugares disciplinarios. En antropología Geertz hablaba del supuesto giro cultural que según había reconfigurado el pensamiento social (Geertz: 1994; p. 31). Cabe decir que dicho discurso tiene un elemento fundamental desde la filosofía, pero que se ha trasladado al resto de las disciplinas, por eso es que Geertz habla de que las “cuestiones filosóficas se parecen a la crítica literaria”, (Ibíd.) o si no es que se habían colocado como la reflexión crítica de la realidad social a simple texto irreflexivo y sin contenido social crítico. Se le da ahora un énfasis a la interpretación individual y/o personal. Esto había generado una variedad de discursos poniendo en confusión a muchos interlocutores que les interesaba llegar al punto de crítica de la realidad social.

¿Cuál es su noción de cultura en Gertz? En primera instancia nos habla que el concepto de cultura que propone es un concepto semiótico. Según él es “una ciencia interpretativa en busca de significaciones” (Geertz: 2006; p. 20).  Es decir, que lo que se trata es que la realidad se torna o lo podemos interpretar a cantidad de significaciones. La multiplicidad de significaciones son las que ahora se vuelve legítima y viable en un tiempo como el nuestro.

Si lo vemos así como nos lo quisieron vender, parece que las significaciones cobraron vida propia. El ser humano ahora es intérprete, pasó a segundo plano. Aparece como un sujeto social subordinado a las decisiones de las significaciones. La “nueva” realidad es basada en la interpretación concebida en cuanto a que estas significaciones tienen ante nuestra realidad. Y dice más adelante: “si uno desea comprender lo que es una ciencia (…) uno debe atender lo que hacen los que la practican” (Ibíd.).  La atención es observar ahora la múltiple de significaciones de los que las practican, sin que uno tenga una intervención en ellas. Cuando esto queda plasmado en la etnografía, la participación humana queda inactivada.

Lo que define el trabajo del antropólogo, según Geertz, no es el trabajo etnográfico por sí mismo, sino su resultado. Es decir, el producto que se tiene del trabajo de campo. Así, el mayor esfuerzo se adquiere desde un aspecto intelectual: lo que él llamó, apoyándose en Ryle, como descripción densa. Esa descripción densa es la médula de la etnografía. De esta manera, para él, su objeto es “una jerarquía estratificada de estructuras significativas atendiendo a las cuales se producen, se perciben y se interpretan los tics, los guiños, los guiños fingidos, las parodias, los ensayos de parodias” (Ibíd., p.22).  Es decir, extraer una imagen detallada de todas estas estructuras. En una descripción etnográfica densa, pueden entrar una cantidad de cosas que expresan “muy bien” dichas estructuras. Dice Geertz que “el análisis consiste pues en desentrañar las estructuras de significación y en determinar su campo social y su alcance” (Ibíd., p. 24). La tarea del etnógrafo, entonces, se simplifica en aquello que centra su actividad en “una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse de alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después” (Ibíd.). Lo que el antropólogo hace al final de cuentas, es tratar de interpretar una cantidad de conductas. Muchas veces desconectadas entre sí. La participación activa del antropólogo queda suspendida. La realidad no es más que una cantidad de significaciones que están allí, dispersas, desconexas, turbias, y solo hay que intervenir para atraparlas. Y al atraparlas, ahora se describen de la misma manera como se manifiestan a través de una cantidad de palabras que se deben fijar en un texto. A ese texto se reduce toda la realidad, porque en él se pueden manifestar sólo con significaciones. La etnografía no es más que un texto, lleno de interpretaciones de significaciones. A eso se ve expresada la realidad según Geertz. ¿Es posible que la realidad reducida a una cantidad de significaciones pueda resolver los problemas múltiples que aquejan a una multitud de personas que a diario vemos la situación de violencia política, económica y cultural a lo que nos someten los grupos de poder?

En el mismo periodo en que Giménez en México y Geertz en los Estados Unidos proponen su concepto de cultura para legitimar y reproducir el discurso dominante, en Europa Manuel Castells también habla y propone una concepción de cultura. En su interpretación habla de una expresión cultural de un mundo dominado por la sociedad red. Su concepto de cultura tiene su punto de análisis a partir de los llamados medios de comunicación. Desde una posición y coqueteo con el posestructuralismo, busca el origen de la comunicación en la Grecia clásica que, como casi todo europeo, lo encuentra en el centro del mundo occidental. En la Grecia antigua o clásica se inventó el alfabeto que fue el antecedente de una base superestructural de la comunicación moderna que Castells llama acumulativa. Sin embargo en el mundo moderno el alfabeto se transformó separando la comunicación escrita del sistema audiovisual. Las transformaciones impulsadas sobre todo por la tecnología de fines del siglo XX impulsaron una integración de la comunicación de varias expresiones de la llamada comunicación que se manifiesta en la red. Si bien el autor lo que busca, en primera instancia, es la formación de los que él llama los medios de comunicación de masas con la cultura y la conducta social. Para luego centrarse en la transformación de los medios a partir de la década de los ochenta del siglo XX. (El autor nunca toca el contexto histórico en los que los llamados medios de comunicación de masas impusieron los Estados Unidos en el mundo. Primero como ensayo en la Isla de Granada después de una invasión a principios de la década de los ochenta, y luego en el resto del mundo). La formación de la comunicación la sostiene a partir del surgimiento de la televisión y su expansión que se dio al finalizar la Segunda Guerra Mundial (Castells: 2011; p. 362). A partir del surgimiento de la televisión y su expansión en las décadas siguientes se generó lo que llama una galaxia de la comunicación. Una organización y reorganización del sistema que tiene de trasfondo la difusión de la “comunicación” a  través de la televisión. Es el primer medio de “comunicación” que el autor llama “de masas”. El instrumento que trasmite una cantidad de códigos (que en el fondo son de conducta) a una audiencia de millones de receptores. La televisión es el instrumento que condiciona una nueva forma de expresión social que en delante llaman la sociedad de masas. La supuesta sociedad de masas producida por la televisión y que promueve la comunicación, originó nuevas nociones que el discurso dominante de los “medios de comunicación” ha llamado cultura de masas. Es “la expresión directa del sistema de medios de comunicación que resultó del control ejercido por los gobiernos y los oligopolios empresariales sobre la nueva tecnología electrónica de comunicación” (Ibíd., p. 363). La televisión representó algo nuevo poniendo en cuestionamiento el antiguo sistema de comunicaciones que consistía en la dominación de la tipografía y orden fonético del alfabeto, para imponerse una conservación fortuita dominada por la imagen reproducida ahora para y por la televisión. Lo que se imponía era un discurso ideológico de entretenimiento con el fin de establecer una “diversión” y un supuesto “placer” (Ibíd., p. 365). Durante algunas décadas fue una explosión de la llamada comunicación dirigida por la televisión. Esto se dio en algunos países del mundo. El autor, desde su posición centrista, pone como ejemplo a las principales potencias como Estados Unidos y Japón, sin considerar que en otras partes ni siquiera podían adquirir un aparato para consumir los todos productos de la “comunicación de masas”. Castells afirma que a partir de ahora el consumo de medios de comunicación es la segunda actividad después del trabajo. La transmisión de mensajes de sonido e imágenes hechas por la televisión ha tenido un impacto sobre la conducta humana. El autor nunca dice los efectos negativos que ha tenido sobre la población y solo se limita a afirmar superficialmente las transformaciones sociales. (Pare ver los efectos negativos de los llamados medios de comunicación no sólo en este periodo sino de nuestros días, véase la película Victimas del terrorismo).

Sin embargo el sistema de comunicación de masas se transformó en la década de los ochentas con la aparición de nuevas tecnologías. El periódico, la radio y la televisión tuvieron una nueva forma de reproducirse. La mayor transformación se dio, sin embargo, con la aparición de Internet. Uno de los grandes críticos de los llamados medios de comunicación de masas, como Ignacio Ramonet, al que no lo podemos encajonar en la misma posición de Castells, habla de esta transformación al afirmar que “la televisión está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido individualmente, a través de diversas plataformas, de forma diferida y personalizada” (Ramonet; 2015; p.1). La cultura de consumo de los medios de comunicación sufre un nuevo cambio que va a tener nuevas repercusiones sociales. Quizá más negativas que positivas. Problema que no le interesa a Castells.

Otro punto de análisis de la cultura la encontramos en el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Un intelectual interesante si tenemos en cuenta su preocupación por los problemas al que vivieron muchos pueblos oprimidos. En la revolución de Argelia se interesó por estudiar los grandes problemas que atravesaba en el interior de la revolución argelina. En la que fue su fuente de inspiración no solo para su formación de sociólogo sino para la construcción de herramientas teórico-analíticas. Lo cual le llevaron a plantear nuevas preguntas, que muchos intelectuales parisinos encerrados en su torre de marfil, no se les había ocurrido pensar o no les preocupaba en lo más absoluto. Su idea de hacer ciencia social rompía con el sentido común de los intelectuales de la casta privilegiada. Buscaba desentrañar las relaciones sociales que escondía las formas de dominación sin que eso no careciera de rigor teórico y conceptual.

En un apartado del texto Capital cultural, escuela y espacio social  nos habla de un modelo de investigación muy particular e interesante. Al analizar algunos de los problemas de Francia, Estados Unidos y Japón propone el modelo de análisis que denomina espacio social y espacio simbólico. Pretende que con dichas nociones no sea una propuesta acabada sino que serán sometidas a prueba constantemente por la realidad social empírica y teórica. La cual esta inmersa en un espacio y tiempo determinados. Al hablar de dichos postulados se detiene particularmente en la sociedad francesa de los años setenta para estudiar un problema. Él pretende que su investigación se sustente a partir de una conglomeración de fuentes de diversos contenidos materiales  y en los que coexista la relación abstracta con lo concreto. Bourdieu dice que “concretamente eso quiere decir que un análisis del espacio social en Francia de 1970, es el de la historia comparada que toma por objeto el presente, o el de la antropología comparativa que se apega a un área cultural particular: en los dos casos, se trata de intentar asir lo invariante, la estructura, en cada una de las variantes observadas” (Bourdieu; 2008: p. 25). El comparativismo aludido por Bourdieu busca que sea una realización original pero a la vez útil para la investigación. Un comparativismo de lo esencial, necesario para crear un conocimiento de las estructuras y de los mecanismos que permitan mirar las expresiones de un investigador familiarizado con los contextos y también con alguien ajeno con los mismos. Lo que ofrecerán la construcción del espacio social, común a todas las sociedades (Ibíd., p. 26). De esta manera, y aludiendo aquella ambición de todo investigador e intelectual eurocéntrico occidental, pretende que dicha propuesta tenga una validez universal. Pues con ello, según él, sea útil para reconocer las diferencias reales de las particularidades de historias colectivas diferentes, quizá en todo el mundo (Ibíd., p.26). La compresión realista refiere a las prácticas que realiza cierto grupo social, por ejemplo una de ellas es la practica a algún deporte. Así también en el consumo, refiere a un producto cultural como la comida que tiene origen de un determinado país. Pero las cosas no quedan ahí, debe plantearse también cuáles son esas diferencias históricas que ayuden a profundizar el hecho.

El concepto de cultura en Gramsci es desarrollado en un contexto muy diferente al de los autores anteriores. Antonio Gramsci es un personaje que no se le puede ubicar en el mundo intelectual y su relación con la academia. No obstante aunque se hayan apropiado de su pensamiento. Fue durante un gran periodo de su vida un revolucionario ligado a las organizaciones obreras de Italia y algunas otras partes de Europa. En sus escritos se ven plasmadas sus preocupaciones por la cultura. Se refleja en los Cuadernos de la Cárcel. Una obra escrita en condiciones tan difíciles que a veces resulta complicado comprenderla de manera coherente. Es por eso que muchos intelectuales al retomar su pensamiento lo han manipulado a su antojo, falsificando sus propuesta o incluso distorsionándolo. En dicha obra aparece la cuestión de la cultura como un tema relevante para mirar el futuro, pues ya en su época preveía que las luchas en el futuro se presentarían a través de la guerra de las ideas y la cultura. En los Cuadernos analiza el origen, el desarrollo y el papel de los intelectuales en los diversos momentos de la historia.

Gramsci es el primero y quizá el único en estudiar teóricamente a los intelectuales. En un apartado de los Cuadernos de la Cárcel dedicando a los intelectuales, parte de la pregunta si los intelectuales son un grupo social autónomo e independiente o un grupo que tiene sus propias categorías especializadas de intelectuales. Según él los intelectuales no son para nada independientes, forman parte de un mundo que le da sustento político, económico e ideológico a un modo producción social. Son los que le dan homogeneidad y conciencia a dicha producción (Gramsci: 1997; p. 11). Los intelectuales que en este sentido los llama “orgánicos”, no están separados de la vida social. Pues “se puede observar que los intelectuales orgánicos cada nueva clase crea consigo misma y forma en su desarrollo progresivo, son en general “especializaciones” de aspectos parciales de la actividad primitiva del tipo social nuevo que la clase nueva ha dado luz” (Ibíd.). Un espacio importante es la creación de la escuela. Los intelectuales son formados en la escuela, cada uno ha sido especializado, pues en el proceso de desarrollo del grupo social, ha tomado una gran diversidad de actividades para las que fueron formados y darle sustento político económico y cultural a un determinado mundo de producción. La relación entre intelectuales y el mundo de producción es inseparable. Ocurre de manera indirecta o hasta pareciera que acontece de manera oculta, o quizá no es muy visible pero real. Primero porque la creación de la escuela es importante para los grupos del mundo de producción; segundo porque es parte vital en la vida de una sociedad determinada. La civilización actual o moderna ha creado sus escuelas para los sectores o grupos dominantes, los cuales forman sus grupos de intelectuales que son los que enseñan en sus escuelas. La escuela fue y es el espacio que tiende a crear a su vez una escuela especializada en donde se desarrolla una vida intelectual muy particular, formándose a lo largo del tiempo, círculos propios de cultura, y especializando a intelectuales que se diversificarán para impulsar el mundo de producción. En este sentido quisiera tomar el caso de los intelectuales formados en la ciencias sociales, y en particular a los antropólogos, sin dejar de lado que los sociólogos, los economistas, los psicólogos e historiadores que no están fuera de una estrategia política de los grupos dominantes. Para ejemplificar el análisis de Gramsci, hoy, o más recientemente, la antropología y los antropólogos no ha dejado de participar en las guerras imperialistas para mantener un dominio político y económico, como lo muestra la “utilización permanente en unidades de las tropas de ocupación de los Estados Unidos en Afganistan e Irak” (López y Rivas; 2010, p. 7). La historia de la antropología desde su origen tiene esa “cualidad”. Es decir, su origen colonialista o neocolonialista se mantiene hasta nuestros días. Los intelectuales, formados como antropólogos no dejan de ser intelectuales orgánicos que sirvieron y sirven a estos propósitos.  A partir de la década de los sesenta la política estadounidense para América Latina se centró, entre otras cosas, en la investigación social, apoyando a antropólogos, sociólogos y psicólogos. (Wschebor: 1967; p. 7).Siendo un instrumento para mantener la dominación y la estabilización social de los grupos dominantes, y en este caso de la dominación estadounidense.

Conclusión

Las posturas diversas en torno a la cultura forman parte de una guerra ideológica y del análisis social para conocer una realidad. Cada una de ellas lo analiza desde su trinchera. Es decir, desde diversos análisis disciplinarios. Sin embargo, no todas las interpretaciones que hemos visto tienen la misma intensión. Pues algunas buscan introducir una realidad abstracta. Lo que posibilita grandes problemas ya que choca con la realidad. Los ejemplos pueden ser muchos, pero basta con autores como Giménez o de Geeertz, que son paradigmas de análisis tan abstractos e ideológico-conservadores.

La cultura es una expresión necesaria para la existencia de las relaciones sociales de dominación de nuestros días. Gilberto Giménez muestra que con la identidad y la cultura individuales son propias de un mundo que corre en los últimos años. La identidad y la cultura basada sostenida por las relaciones individuales. Mientras que Gramsci los intelectuales, la escuela y la cultura son parte esencia de las sociedades, pero particularmente en la sociedad moderna.

Sin la existencia de estos no habría quien le de sustento político económico y cultural al régimen social dominado por un grupo social del mundo, que sus ideólogos consideran globalizado. Las posturas son útiles como herramientas de análisis social, si bien con cargas ideológicas y políticas dominantes en cada una.

Bibliografía utilizada

Bourdieu, Pierre (2008), Capital cultural, escuela y espacio social, México: siglo XXI.

Castells, Manuel (2011), “La cultura de la virtualidad real: la integración de la comunicación electrónica, el fin de la audiencia de masas y el desarrollo de las redes interactivas” en La era de la información. Vol. I. La sociedad red. México: Siglo XXI. Pp. 359-408.

Geertz, Clifford (1994), Conocimiento local, Barcelona: Paidós.

Geertz, Clifford, (2006), La interpretación de las culturas, Barcelona: Gedisa.

Giménez, Gilberto, (s/f) La cultura como identidad y la identidad como cultura, México: IISU-UNAM.

Gramsci, Antonio (1997), Cuadernos de la cárcel. Los intelectuales y la organización de la cultura, México: Juan Pablos.

López y Rivas,  Gilberto, Antropologia, etnomarxismo y compromiso social de los antropólogos, Ocean Sur, México, 2010.

Ramonet, Ignacio, (2015) “El fin de la televisión de masas”, en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194796, consultado el día 3 de diciembre de 2016.

Wschebor, Mario, Imperialismo y universidades en América Latina, Diógenes, México, 1979.

Fuente: Rebelión

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