Libertad de expresión, autocensura y negacionismo

La religión tiene que ajustarse a la democracia, y no al contrario. A ninguna religión puede permitirsele que legisle para todos acerca de lo que se puede o no dibujar, más de lo que puede legislar sobre lo que se puede o no se puede comer. Las convicciones religiosas de nadie pueden concebirse para triunfar sobre la libertad que hace posible la democracia.

Una horda de ciudadanos furiosos en la serie "Los Simpson"

Una horda de ciudadanos furiosos en la serie “Los Simpson”

Por Ronald Dworkin (*). Los medios de comunicación británicos, pensándolo bien, actuaron correctamente al no reeditar las caricaturas danesas contra las que protestaron millones de musulmanes furiosos y que causaron una destrucción violenta y terrible alrededor del mundo. Reeditarlas hubiera significado muy probablemente la muerte de más personas y la destrucción de más propiedades.

Hubiera ocasionado mucho dolor entre un gran número de musulmanes británicos, porque les habrían dicho que la publicación pretendía mostrar desprecio por su religión y, aunque tal percepción habría sido inexacta e injustificada el dolor habría sido no obstante auténtico. Es verdad que los lectores y espectadores que siguieron la historia a lo mejor hubieran preferido juzgar por sí mismos el impacto, el humor y la naturaleza ofensiva de las caricaturas y, por tanto, los medios podrían haber sentido alguna responsabilidad de ofrecer esa oportunidad. Pero el público no tiene el derecho a leer u observar lo que quiera sin importar el costo y, en cualquier caso, las caricaturas están ampliamente disponibles por internet.

Algunas veces la autocensura de los medios significa la pérdida de información, argumentos, literatura o arte que son importantes, pero no en este caso. Podría parecer que dejar de reeditarlas otorga una victoria a los fanáticos que instigaron la violencia y, por lo tanto, que les incita a emplear tácticas similares en el futuro. Pero hay alguna evidencia conforme a la cual la oleada de disturbios y destrucción –repentina, cuatro meses después de que las caricaturas se publicaron por primera vez– fue orquestada desde el Medio Oriente por razones políticas de más peso. Si ese análisis es correcto entonces mantener hirviendo la cuestión mediante nuevas reediciones, beneficiaría de hecho a los responsables y recompensaría su estrategia de implementar el terror.

Sin embargo subsiste un peligro real de que la decisión de los medios británicos de no reeditarlas, aunque sea una decisión inteligente, se interprete erróneamente como un respaldo a la opinión ampliamente compartida conforme a la cual la libertad de expresión tiene límites, que debe ponderarse con las virtudes del multiculturalismo y que, al fin y al cabo, el gobierno acertó al proponer que sea considerado delito publicar cualquier cosa que sea considerada “ofensiva o insultante” para un grupo religioso. La libertad de expresión no es sólo un símbolo especial y distintivo de la cultura occidental que pueda ser ampliamente limitado o reducido como una medida de respeto hacia otras culturas que lo rechazan, tal como una luna en cuarto creciente o una menorá podrían incluirse en una exposición de la religión cristiana. La libre expresión es condición de un gobierno legítimo. Las leyes y las políticas no son legítimas a menos que hayan sido adoptadas mediante un proceso democrático, y un proceso no es democrático si el gobierno ha impedido a alguien expresar sus convicciones sobre cuáles deberían ser esas leyes y políticas. La burla o mofa es un tipo de expresión bien determinada. Su esencia no puede redefinirse de una forma retórica menos ofensiva sin expresar algo muy distinto de lo que pretendía. Por esta razón las caricaturas y otras formas de burla se han contado desde hace siglos, incluso cuando eran ilegales, entre las armas más importantes de los movimientos políticos, tanto de los honorables como de los perversos.

Por esta razón en una democracia nadie, no importa cuán poderoso o impotente sea, puede tener derecho a no ser insultado u ofendido. Ese principio cuenta con una particular importancia en una nación que lucha por alcanzar mayores grados de justicia racial y étnica. Si minorías débiles o impopulares desean que el derecho las proteja de la discriminación económica o jurídica –si desean que se promulguen leyes que prohíban la discriminación en su contra, por ejemplo, en el empleo–, tienen por lo tanto que estar dispuestas a tolerar cualquier insulto o burla que quienes se oponen a dicha legislación quieran exponer a los demás votantes, toda vez que sólo una comunidad que permite tales insultos puede adoptar legítimamente tal tipo de leyes. Si esperamos que los intolerantes acepten la decisión de la mayoría una vez que se ha pronunciado, tenemos entonces que permitirles expresar su intolerancia en el proceso que derivó en la decisión que les pedimos respetar. Independientemente de lo que signifique el multiculturalismo –si significa reclamar un incremento del “respeto” para todos los ciudadanos y grupos– estas virtudes serían contraproducentes si se llegase a pensar que justifican la censura oficial.

Los musulmanes que fueron ofendidos por las caricaturas danesas señalaron que en muchos países europeos es un delito negar públicamente, como hizo el presidente de Irán, que el Holocausto existió. Dicen que la preocupación occidental por la libre expresión no es, por lo tanto, más que hipocresía interesada, y no carecen de razón. Pero, por supuesto, la solución no es hacer el compromiso con la legitimidad democrática incluso mayor de lo que ya es, sino trabajar por una nueva comprensión de la Convención Europea de Derechos Humanos, conforme a la cual se revoquen en toda Europa la ley que penaliza la negación del Holocausto y otras leyes similares debido a lo que son: violaciones a la libertad de expresión, la cual precisamente exige esa Convención.

Con frecuencia se afirma que la religión es especial porque las convicciones religiosas de las personas son tan esenciales para su personalidad que no se les debería pedir que toleren burla alguna en dicha dimensión, y porque podrían sentir un deber religioso de contraatacar en lo que consideran un sacrilegio. Aparentemente Gran Bretaña ha adoptado esa perspectiva, ya que conserva el delito de blasfemia, aunque sólo para los insultos a la cristiandad. Pero no podemos hacer una excepción para el insulto religioso si queremos utilizar el derecho para proteger el libre ejercicio de la religión de otras formas. Si deseamos prohibirle a la policía que, por ejemplo en casos de ciertas inspecciones o registros, establezca perfiles criminales a personas que lucen o se visten como musulmanes, tampoco podemos prohibir que la gente se oponga a esa política afirmando, en caricaturas o de otra forma, que el Islam está comprometido con el terrorismo, por muy absurda que nos parezca esa opinión. La religión tiene que ajustarse a la democracia, y no al contrario. A ninguna religión puede permitirsele que legisle para todos acerca de lo que se puede o no dibujar, más de lo que puede legislar sobre lo que se puede o no se puede comer. Las convicciones religiosas de nadie pueden concebirse para triunfar sobre la libertad que hace posible la democracia.

Notas:

Nueva iniciativa lamentable de Nilda Garré., diputada kirchnerista: ahora, prisión y multa para el “negacionista”. Según la propuesta, “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años y con multa de 10.000 a 200.000 pesos quién públicamente negara, minimizara, justificara y/o aprobara cualquier forma de genocidio o crímenes contra la humanidad”: http://www.lanacion.com.ar/1983982-nilda-garre-presento-un-proyecto-para-sancionar-con-prision-el-negacionismo

1) Frente a quien piensa muy diferente en temas que para “nosotros” son demasiado importantes, lo que tenemos que hacer es un esfuerzo argumentativo extra: (como dijera el juez Brandeis en “Whitney”) persuadirlo o refutarlo, no impedir que hable

2)  La idea según la cual los conflictos se resuelven repartiendo penas privativas de libertad, deriva de una visión tonta, dogmática, represiva, pero sobre todo equivocada del derecho.

Como dijera Ronald Dworkin, aún los fanáticos y los negacionistas del Holocausto tienen derecho a decirnos lo que piensan.

Versión original en TheGuardian, 14 de febrero de 2006. Traducción publicada en: Leonardo García Jaramillo (ed.) Nuevas perspectivas sobre la relación/tensión entre la democracia y el constitucionalismo. Lima: Grijley, colección “Derecho y tribunales” No. 8, 2014.

Escuela de Derecho, Universidad de Nueva York-Estados Unidos

Traducción de Leonardo García Jaramillo

Fuente: Roberto Gargarella

Anexo de Contrainfo.com
(*) Ronald Myles Dworkin
Ronald Myles Dworkin nació en Worcester, Massachusetts, Estados Unidos, el 11 de diciembre de 1931. Murió en Londres, Inglaterra, Reino Unido, el 14 de febrero de 2013. Fue un filósofo del Derecho y ejerció la cátedra de derecho constitucional. Su teoría del derecho es uno de los estudios más modernos y más influyentes acerca de la naturaleza del derecho. El The Journal of Legal Studies, anunció que fue el segundo autor norteamericano del siglo XX, más citado en el ámbito del Derecho.

Tags: , , , , , , , , , ,

Compartir:

GoogleRSS

Una respuesta en Libertad de expresión, autocensura y negacionismo

  1. Olga Ureta 27 febrero, 2017 en 10:08 am

    Comparto lo expresado en la nota, aunque no plenamente. Es verdad que la religion debe ajustarse a la democracia ( suponiendo que la tengamos ), pero por que la mofa, el insulto, el agravio debe ser una herramienta valida para la libertad de expresion?. Porque no considerar el viejo dicho que mi libertad termina donde empieza la de los demas? Que ley necesita un debate en donde primen esos valores?. En tanto estamos legislando para todos(sic) no seria un contrasentido?. Es verdad que lo que uno considera agravio o blasfemia, no reviste la menor importancia para otro. Leo y escucho a judios llorando por el Holocausto, y tildando de antisemita a cualquiera que tenga una critica al Estado de Israel ( y seriamos antisionistas, no antisemitas, pero, lo que para mi es distinto, para ellos es blasfemia), pero de la masacre de Palestina ni mencion, son puras paparruchadas y campaña antisemita. Esas diferencias deberian ser expuestas con respeto no con burla. Personalmente, soy cristana y de izquierda y aunque toco de oido, me gusta meterme en alguna pagina de filosofia o sociologia. Ya me canse de como denigran la fe, la religion, y toman por idiotas a los que tenemos una, como si fueramos infradotados, manipulados, incapaces de un pensamiento propio. Nos subestiman y nos definen cuando no tienen la experiencia ni el conocimiento para tal cosa. Ya a esta edad, saco lo bueno, lo que comparto, lo que me enseña y desecho lo que me separa. Pero, por que deberia ser asi? Por que no pueden expresarse en contra de lo que pienso sin denigrarme, ni juzgarme ni mofarse de lo que para mi es primordial en mi vida? Y digo cristiano, musulman, judio, ateo, budista, lo que se sea. Si siempre fue una herramienta para la “democracia”, vistas las consecuencias, no seria tiempo de buscar otras?. Gracias por sus articulos, son un lujo.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.