El Che Guevara y el ajedrez

Entre su multifacético accionar el Che promueve el desarrollo del ajedrez en Cuba y Latinoamérica por lo que fue incluido en el Libro de Oro de la FIDE y nombrado caballero de la FIDE. Lisychess se honra al poder acercarlos a este hombre de todos los tiempos, a través del primer Gran Maestro cubano Silvino García.

El Che jugando blitz con Larry Evans en el Memorial Capablanca de 1964

El Che jugando blitz con Larry Evans en el Memorial Capablanca de 1964

Por Lisychess. La número uno de Cuba, Lisandra Ordaz (Lisychess) nos acerca al Che Guevara y su relación con el ajedrez gracias a su conversación con el Gran Maestro cubano Silvino García.

El 14 de junio de 2017 se cumplen 89 años del natalicio de Ernesto Guevara de la Serna conocido por el Che Guevara o simplemente el Che, el que nació en 1928 en Rosario, Argentina. El Che conoce a Fidel Castro en México y se integra al movimiento revolucionario cubano donde como guerrillero alcanza los grados de Comandante. Al triunfar la Revolución se le asignan importantes responsabilidades como; Ministro de Industrias, Presidente del Banco Nacional de Cuba y representante del país ante gobiernos e importantes reuniones internacionales. El Che fue un estadista, escritor, que profundizó en la teoría revolucionaria, trabajó en función de la creación de un hombre nuevo y en extender el internacionalismo, por lo que su vida, conducta y pensamiento se ha convertido en paradigma para millones de personas en el mundo.

Entre su multifacético accionar el Che promueve el desarrollo del ajedrez en Cuba y Latinoamérica por lo que fue incluido en el Libro de Oro de la FIDE y nombrado caballero de la FIDE. Lisychess se honra al poder acercarlos a este hombre de todos los tiempos, a través del primer Gran Maestro cubano Silvino García.

“En 1961 tuvo lugar el torneo entre entidades estatales, una propuesta del Che con el fin de promover la masificación del ajedrez entre los trabajadores, evento que cedió espacio además a los escasos clubes ajedrecísticos que entonces había en La Habana. En aquel entonces yo no pertenecía a ningún club ni era un trabajador como tal, solo jugaba en una peña ajedrecística que se formó en los portales del entronque de Cuatro Caminos, donde sin pedir permiso a nadie, me había plantado con una carretilla a vender naranjas a los transeúntes que iban de paso.

Conociendo la convocatoria de ese evento alguien tomó la iniciativa de ofrecernos para representar una fumigadora cercana, y así tuve la oportunidad de participar en mi primer evento ajedrecístico que el Che inauguro y visitaba con frecuencia siguiendo el curso de los resultados. Un día me vio jugando partidas rápidas con un juvenil muy talentoso, José Carlos Menéndez, que me las gano todas. ¿Cuándo nos volvimos a encontrar ese día me pregunto?: ¿ganaste alguna? ¡ninguna! le respondí. Esa misma tarde, cuando lo escuchaba hablando con los allí presentes, me di cuenta que estaba en presencia de un ser muy singular, que hablaba en un lenguaje extraño para los que sufrimos las miserias que anteceden al triunfo de la Revolución, un ser que se preocupaba por ayudar a los demás, que subrayaba importancia de la solidaridad y la cooperación y la insistencia en el nosotros, como concepto superior de las relaciones entre los seres humanos. A partir de entonces comencé a tomar en serio el Ajedrez preparándome para las competencias y progresando muy rápidamente. Yo era un muchacho de muy escaso nivel de instrucción sin demasiados horizontes en la vida y el ajedrez se me presentaba como una oportunidad de hacer algo prometedor. En 1964 fui ganando todas las competencias clasificatorias hasta llegar a la final nacional en la que comencé ganando todas las partidas.

El Che iba a ver las rondas casi a diario y se detenía a ver mis partidas como puede verse en las fotos de aquel evento. Cuando al final del torneo cumplí el porcentaje que se exigía para el título de Maestro Nacional y me encontraba en el primer piso del hotel Habana Libre con mi madre, el Che entró por una de las puertas del lobby y alzando la vista como si hubiera venido a encontrarme, subió corriendo las escaleras para darme un fuerte abrazo y me decía lleno de júbilo: te felicito, te felicito. Pero yo seguía sin trabajo y con muy escasa instrucción para pretender hacer algo que no fuera el trabajo físico. Entonces sin que yo lo supiera hasta muchos años después, el Che hizo un espacio para que pudiera trabajar en el ministerio de industrias, el que vino a ofrecerme como si fuera iniciativa propia, un ajedrecista amigo que allí trabajaba en un departamento integrado por personal muy calificado en cuestiones económicas y de mercado que me ayudaron muchísimo.

Un trabajo de verdad, con responsabilidades, tareas, exigencia y sobre todo, la obligación de estudiar y superarme. A los pocos meses de trabajar allí me incluyeron en un grupo que saldría para las montañas orientales a estudiar campo adentro y sobre el terreno, las condiciones de vida de los campesinos. Nos encontramos con evidencias insólitas de la explotación, la miseria, y la impotencia que siempre habían vivido, sin hospitales, sin escuelas, desamparados. Estuvimos meses recorriendo el amplio espacio que nos habían asignado metidos día a día en el monte. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Al regresar a la capital el Che me llamó para decirme: has trabajado, vamos a jugar entonces una partida. Por esto y mucho más, cuando en 1975 después del torneo de Costa Brava en España se me concedió el título de Gran Maestro, y recordé su abrazo cuando alcance el título de Maestro nacional y todo lo que su ejemplo me transmitió, decidí dedicar ese resultado a la memoria de Ernesto Che Guevara que había dicho: “Cuba tendrá Grandes Maestros y eso también será obra de la Revolución.”

@lisychess

Fuente: Chess24

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