Trump y Netanyahu, un contubernio que repudia el mundo

El ejército de Israel asesinó a una persona lisiada, en silla de ruedas, que manifestaba a 20 metros de la valla que separa la Franja de su salvaje vecino. Especialmente dolorosa fue la muerte de Thurayé, porque en 2008 había perdido sus dos piernas tras un bombardeo de Israel sobre Gaza. Y ahora lo mataron de un disparo de fusil. ¿Qué arma portaba el lisiado? Ninguna.

Trump y Netanyahu, un contubernio que repudia el mundo

Trump y Netanyahu, un contubernio que repudia el mundo

Por Emilio Marín. A pedido de Netanyahu, el presidente estadounidense proclamó el 6 de diciembre que Jerusalén es la capital de Israel. Semejante agresión a los palestinos y a la ley internacional desató protestas en todo el mundo. En la ONU fue derrotada por goleada. Los presidentes norteamericanos venían postergando una resolución vigente de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, desde 1995.

¿Quién iba a ponerla en ejecución sino la bestia de Donald Trump, en asociación con el jefe de gobierno sionista, Benjamin Netanyahu? Esa barbaridad jurídica se conoció el 6 de diciembre y desde ese día abundaron las protestas palestinas, en otros países árabes y del resto del mundo.

Esa resistencia tiene una larga fundamentación política e histórica, e incluso jurídica, pues el sector oriental de la Ciudad Santa siempre fue árabe. Jerusalén tenía el estatus internacional de zona compartida, para las Naciones Unidas y la abrumadora mayoría de los 193 miembros de esta organización mundial.

Si Israel alimentaba su sueño de quedarse con semejante joya de la cultura y cuna o al menos cita de las tres religiones monoteístas (Islam, Judaísmo y Cristianismo) se debía exclusivamente al uso de la fuerza militar, a partir de 1967 y por anexión en 1980.

Como se recordó acá, los 85 países que reconocen a Israel tienen sus embajadas en Tel Aviv, no en Jerusalén. Ahora el imperio norteamericano, desafiando al mundo árabe y al mundo en general, decidió mudar su embajada.

Eso fue tan grave que llevó a la tercera Intifada o levantamiento palestino, retomando las rebeliones de 1987 y 2000 que en el fondo nunca terminaron del todo porque cada crimen de Israel, cada colonia ilegal, cada agresión en Gaza o Cisjordania, cada bloqueo e invasión en Gaza, cada muro en Cisjordania, cada postergación del Estado de Palestina con capital en Jerusalén oriental, etc, reavivaba esos fuegos y esas piedras. También en esos casos la prensa canalla calificaba de violentos a los palestinos porque arrojaban piedras, a mano o con gomera, contra los ocupantes israelitas de sus tierras. Cualquier parecido con situaciones pétreas en Buenos Aires puede tener algún punto de coincidencia…

Otra vez la muerte

Desde el viernes 8 “de la ira”, cuando tomó vuelo la actual Intifada, las tropas israelitas han asesinado a 10 palestinos y herido a varios centenares. Según el grupo de derechos de los prisioneros Addameer, para octubre pasado Israel tenía detenidos a 6.198 palestinos. Esa estadística quedó desactualizada porque la Sociedad Palestina de Prisioneros, citada por la agencia Prensa Latina, denunció que “desde el inicio de las manifestaciones en protesta por la decisión de Washington de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, han detenido a 490 palestinos, entre ellos 148 niños”.

Estos crímenes son abominables, porque son perpetradas por un invasor contra un pueblo que defiende su territorio, pero también por la desigualdad de quien reprime con armas de gran poder de fuego a personas que a lo sumo arrojan una piedra o un cóctel molotov, y a veces ni siquiera eso y también son ultimados.

Para graficarlo está el caso del palestino Abú Thurayé, abatido por el ejército sionista el viernes 15 de diciembre y que mereció un pronunciamiento del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el jordano Zeid Raad al Hussein.

¿Qué tenía de alevoso este crimen? Que era una persona lisiada, en silla de ruedas, que manifestaba a 20 metros de la valla que separa la Franja de su pésimo vecino. Especialmente doloroso fue la muerte de Thurayé, porque en 2008 había perdido sus dos piernas tras un bombardeo de Israel sobre Gaza. Y ahora lo mataron de un disparo de fusil. ¿Qué arma portaba el lisiado? Ninguna. O en todo caso una que no tiene calibre: su voluntad de lucha, su palestinidad al mango y odio acérrimo al invasor.

De allí que el Alto Comisionado emitió un comunicado acusatorio: “no hay nada que pudiera sugerir que Abú Thurayé suponía una inminente amenaza de muerte o graves daños cuando murió. Dada su severa discapacidad, que debía ser claramente visible para quienes disparaban, su muerte es incomprensible y un acto sinsentido”.

Estos crímenes de lesa humanidad no deben ser imputados solamente al ejército sionista que oprimió el gatillo sino en particular al presidente y el jefe de gobierno que causaron esta gravísima situación: Trump y Netanyahu.

Por sus órdenes, sus ejércitos matan y luego mienten. El Ejército de Israel emitió un parte donde afirmaba que “no se usó fuego real contra Abú Thurayé, por lo que es imposible determinar si murió por los disparos israelíes o por la acción de los propios manifestantes, que usaron artefactos explosivos. No hubo un fallo moral o profesional de los soldados hebreos”. Estos comunicados, a los argentinos, les traen evocaciones de los que emitían los generales Videla, Menéndez y Camps.

Bofetada mundial

Tanto avasallamiento de la legalidad internacional y crímenes en Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental no les podían salir gratis a Trump&Netanyahu. Alentada por una unidad en la acción, la Organización Cooperación Islámica -con apoyo de otros nucleamientos tercermundistas como el Movimiento de Países No Alineados– presentó un proyecto de repudio en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU.

Se votó el lunes 18 con un resultado abrumador: 14 a favor de la moción favorable a Palestina y 1 en contra. Obvio decir de quién fue el voto negativo, que como además tiene derecho a veto, lo ejerció. Así se salvó de una resolución vinculante y obligatoria que condenara su decisión sobre la Ciudad Santa.

Turquía y Yemen presentaron aquella moción también ante la Asamblea General de la ONU, que votó el jueves 21: 128 países a favor de Palestina, 9 en contra y 35 se abstuvieron (una de estas abstenciones, la argentina, merece consideración especial).

La Asamblea General reafirmó: “todas las decisiones y los actos que pretendan haber modificado el carácter, el estatuto o la composición demográfica de la Ciudad Santa de Jerusalén no tienen efecto jurídico alguno, son nulos y sin valor y deben revocarse en cumplimiento de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad”, sostuvo la resolución”. Añadió: “exige que todos los Estados cumplan las resoluciones del Consejo de Seguridad relativas a la Ciudad Santa de Jerusalén y no reconozcan actos o medidas que contravengan lo dispuesto en esas resoluciones”.

Trump habló con lenguaje imperial y solitario el 6 de diciembre; el mundo lo hizo en las antípodas, el 21. Como en tantos otros temas, del injusto orden económico internacional, de la defensa de la paz mundial, de la mejora del medio ambiente, de la recuperación de derechos de los pueblos oprimidos, en este caso de los palestinos, etc, la Casa Blanca marcha por un andarivel y las mayorías del planeta, incluso una buena parte de los norteamericanos, por el opuesto.

Amenazas inútiles pero algunas…

Como suele ocurrir con prepotentes que se alternan cada cuatro u ocho años en el Salón Oval y sacan patente de democráticos, el magnate amenazó a los países para que no votaran contra EE UU e Israel. En reunión de Gabinete, el día antes de la Asamblea General, denunció a “todas estas naciones que toman nuestro dinero y luego votan contra nosotros en el Consejo de Seguridad y potencialmente votan contra nosotros en la Asamblea”. Añadió: “toman cientos de millones de dólares e incluso miles de millones de dólares y luego votan contra nosotros. Bien, estaremos observando esos votos; déjenlos votar en contra nuestra. Ahorraremos un montón. No nos importa”.

Ya que no podía convencer a nadie con argumentos políticos, pasó a chantajearlos con cuestiones dinerarias. Su representante en la ONU, Nikki Haley, reiteró que por pedido de su presidente “anotaremos cada uno de los votos en este tema”.

A la luz del resultado, surge que esa operación mafiosa no tuvo éxito, porque 128 países, incluso algunos aliados importantes como la Unión Europea, le votaron en forma adversa. EE UU, Israel, Honduras, Guatemala, Islas Marshall, Micronesia, Nauru, Palau y Togo votaron en contra, lo que revela el raquitismo de los perdedores.

Hubo 35 países se abstuvieron, entre ellos Argentina, Colombia, República Dominicana, Haití, Jamaica, México, Panamá, Paraguay y Perú. También acá se ve la condición minoritaria en Latinoamérica y el Caribe de quienes secundaron a Trump. El caso argentino es patético y repudiable, porque su cancillería había emitido el 6 diciembre un comunicado dando “su apoyo al régimen internacional de Jerusalén; Argentina lamenta medidas unilaterales que pudieran modificar este estatuto especial”.

Si hubiera sido coherente con esa postura, Argentina debió votar a favor de Palestina, insertándose en el mundo. En cambio, dobló hacia la derecha, como en tantos otros temas, y se ubicó como reserva regional de Washington. ¿Por qué? No hace falta ser un genio para darse cuenta que entre dar solidaridad a un pueblo invadido o una neutralidad benévola para con el invasor, Mauricio Macri optó por lo último. Puede haberlo hecho para mendigar esos préstamos y lluvias de inversiones de las multinacionales, que no llegan. O al menos para que su gran amigo Trump no lo ponga en la lista de inelegibles. Macri no tira piedras. Como Netanyahu usa balas de verdad, algunas de fabricación israelita.

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