Gustavo Petro evoca la resistencia popular de Jorge Eliécer Gaitán

Petro adquirió una sólida dimensión política. Se volvió una razón social muy potente. Alcanzó la forma de un fenómeno popular en el que se cuelan todas las rabias, todas las indignación acumuladas, todas las demandas más sensibles de la inmensa mayoría del sufriente pueblo de Colombia. Hoy Petro representa el legado dejado a los colombianos por el asesinado líder popular, Jorge Eliécer Gaitán.

Gustavo Petro

Gustavo Petro

Por Horacio Duque. Históricamente las campañas electorales colombianas se han caracterizado por agudizar las tensiones y divisiones en el seno de la nación y la sociedad. La disputa por el poder político en todos sus niveles le agrega nuevos ingredientes a la violencia rutinaria y crónica que permea diversos espacios del Estado. Para muestra un botón lo que acaba de suceder con el atentado al candidato Petro en Cúcuta orquestada por el paramilitarismo y la Policía. Claro está, todo como consecuencia del modo de ejercer la dominación las élites hegemónicas.

Los clanes que controlan los resortes estratégicos del cuerpo social y político, para tomar en préstamo una figura spenceriana, usan y abusan de la violencia para bloquear cualquier proceso reformista que modifique las inadmisibles condiciones de inequidad que afectan a millones de personas en este país.

El proceso de paz construido entre el actual gobierno y las Farc perfiló en los años recientes un campo político lleno de grandes potenciales y posibilidades democráticas para salir de la trampa artera de la violencia. Se ha creado un clima de mayor apertura y movilidad en el que nuevas subjetividades emergen con inesperados bríos.

Es el caso del liderazgo de Gustavo Petro y su Colombia Humana que está canalizando correctamente los 658 puntos del documento pactado para poner fin parcial al conflicto social y armado. Nada extraño que eso sea así teniendo en cuenta las dificultades que aún presenta el Partido del Común para desatar la movilización social y democrática, que seguro vendrá en este torrente que se ha conformado a raíz de la campaña del líder nacional de la CH.

Hasta hace algunas semanas Petro lucía como un instrumento artificialmente inflamado con encuestas hechas al gusto de grandes jugadores electorales para meter miedo a los ricos “amodorrados” y en clases medias presas de un pánico patológico. Obvio, para agudizar el fascismo social, a la manera como lo caracteriza De Sousa Santos, entre los segmentos más pobres y miserables. La narrativa utilizada para el efecto es la de ‘castrochavistas’ y ‘petrochavismo’. La ‘venezuelizacion’ de Colombia por Petro en caso de llegar a ser elegido como Presidente. Discursividad que, por supuesto, suma toda suerte de mentiras, distorsiones, engaños y señalamientos sobre falsos populismos.

Sin embargo, las cosas parecen ser de otro alcance. A estas alturas de la campaña, con Petro posicionado en la punta de las encuestas y de varios sondeos su figura y liderazgo tomó otro rumbo.

Petro creció de manera alucinante

Digamos que Petro adquirió una consistente dimensión política. Digamos que se volvió una razón social muy potente. Digamos que alcanzó la forma de un avatar popular en el que se cuelan todas las rabias, todas las indignación acumuladas, todas las demandas más sensibles de los pobres, de los trabajadores, de los indígenas, de los afros, mujeres, maestros, jóvenes, ambientalistas, LGBTI etc.

Cada coyuntura, se lo oí decir al inolvidable Hugo Zemelman, tiene sus propios actores, y la que se ha decantado con la paz ha hecho de Petro el epítome de muchos rostros. Epítome que carga con su significante vacío, que tomo de Laclau, sin comprarme toda su teoría populista neogramsciana.

Petro hoy es memoria histórica acumulada, por eso me atrevo a sugerir la metáfora del “Petro Gaitanismo” (*), para contrastarlo con el estigma ultraderechista promovido en la red mediática hegemónica, para enlodarlo y degradarlo.

Petro es memoria histórica que acumula y potencia la batalla del gaitanismo de 1948; la resistencia agraria y guerrillera (liberal y comunista) de los años 50; la lucha de masas de la Anapo agredida por el fraude en 1970; el paro cívico de 1977; la acción combativa de la Unión Patriótica (UP) en los años 80; la movilización antimafia y anticorrupcion (GVLL) de Galán hasta su asesinato por los mismos de su lado; el auge constituyente del M-19 en 1991; la acción civilista de Carlos Gaviria; el aire fresco de alcaldías y gobernaciones progresistas en las décadas recientes; la histórica negociación de la paz por las Farc en la Habana; y la Mesa de diálogos “elena” de Quito con su heroica resistencia popular.

Mirar a Evo y a Bolivia

La ruta de Petro y del “Petrogaitanismo” perfectamente permite la comparación con la marcha de Evo Morales en Bolivia hacia el poder popular e indígena. Evo fue y es el acumulado histórico de la revolución minera del 54, de la gesta épica del Che Guevara y de la lucha de masas contra el neoliberalismo.

El triunfo de Evo Morales, cuando pasó de ser el líder cocalero del Chapara a ejercer la Presidencia de Bolivia hasta hoy es un paradigma para el movimiento popular colombiano que despierta y cogió un impulso que nadie frena. Ni la muerte, ni la amenaza, ni el fraude tecnológico de la ultraderecha, que ya están preparado para calcar lo de Honduras en las últimas elecciones.

Con el Petrogaitanismo creció el pueblo y hay que actuar en consecuencia.

Con el Petrogaitanismo la iniciativa está en el bloque popular.

Fuente: Rebelión

(*) Anexo Contrainfo.com

El gaitanismo comentado por Gloria Gaitán, la hija de Jorge Eliécer Gaitàn

El gaitanismo es parte de la herencia cultural que nos legó Jorge Eliécer Gaitán (1903-1948, asesinado) y, si bien es cierto que el ambiente de degradación política ha frenado su desarrollo, no menos cierto es que sus doctrinas permanecen tatuadas en el alma nacional, haciendo parte integral del patrimonio cultural inmaterial del pueblo colombiano. El legado de Gaitán es un patrimonio que servirá de orientación y faro al difícil proceso que habrá de seguir el posconflicto para alcanzar la paz. La razón de ser del gaitanismo es otorgarle al pueblo el protagonismo principal en el rumbo de los asuntos políticos, sociales y económicos del país. Por ello, la vida, la salud, la dignidad y el respeto a los seres humanos y a la naturaleza están en el nodo central de su propuesta política. Para nosotros, los gaitanistas, el pueblo al que Gaitán denominaba “País Nacional” es el conjunto de colombianos que trabajamos y actuamos en defensa, tanto de los intereses del país, como de nuestras familias y de nuestro legítimo bienestar personal, en contraposición con el País Político (sinónimo de oligarquía), que hace de la actividad política y económica un medio para beneficiarse personal e individualmente, a costa del detrimento económico y social de la Nación.

Por ello los gaitanistas tenemos, como meta de lucha política, no el simple cambio de gobernantes, sino que creemos en el cambio de sistema, donde ha de sustituirse la actual Democracia Representativa por una Democracia Directa. Nos oponemos a toda dictadura, desde las dictaduras de corte fascista hasta la dictadura del proletariado. Concebimos la democracia como un sistema donde el ciudadano es quien decide y ordena en la vida pública, siendo los elegidos ejecutores de la voluntad directa de la ciudadanía. Los gaitanistas estamos comprometidos con las vías pacíficas, pero reconocemos la validez de la rebelión popular cuando sus derechos son conculcados en forma dictatorial y/o violenta. Tanto en lo económico, como en lo político, los gaitanistas promovemos y defendemos la participación y la iniciativa ciudadanas. Defendemos la propiedad pública de los recursos mineros y energéticos y rechazamos su privatización, así como la de los servicios públicos.

Los gaitanistas estamos a favor de la salud y la educación como servicios al ciudadano, rechazando que sean manejados con visión meramente comercial y competitiva. Somos partidarios de la autodeterminación de los pueblos y propugnamos por la unidad de Indoamérica. Rechazamos todo imperialismo, pero no confundimos a los dirigentes de estas naciones con sus pueblos, a los que tratamos con espíritu de solidaridad y amistad. Los gaitanistas, en relación con la protección del planeta, luchamos por una visión orgánica de la naturaleza, incluyendo al ser humano, para lo cual promovemos la agricultura orgánica en contraposición con la agricultura industrial intensiva, que hace de los fungicidas y de la manipulación genética de las semillas un sistema de explotación al campesino y al ciudadano en general. Actuamos a favor de la protección de los bosques, los humedales, la fauna y la flora y luchamos por una política social en el manejo de los recursos de que dispone la humanidad, para impedir el calentamiento global y la destrucción del equilibrio general del planeta. Luchamos para que el concepto de libertad de prensa sea comprendido como la posibilidad de informar y de ser informados de manera democrática y pluralista, sin filtros acomodaticios que impidan el conocimiento de los hechos que atañen colectivamente a la sociedad.

Los gaitanistas trabajamos por la restauración moral de Colombia, no solo en el sector público sino igualmente en el privado y entendemos que el dolo y la inmoralidad son el resultado del modelo económico competitivo, donde el ansia de enriquecimiento ilimitado induce a la corrupción. Rechazamos el clientelismo político, la compra de conciencias y su manipulación. Negamos la legitimidad de quienes, proclamándose “gaitanistas”, niegan los principios éticos y morales de los que dio insigne ejemplo Jorge Eliécer Gaitán. Los gaitanistas luchamos para que la opinión pública haga la diferencia entre gaitanismo y gaitanear o sea la utilización meramente oportunista de la figura de nuestro prócer e ideólogo y rechazamos airadamente el que, para lograr el reconocimiento popular o el reconocimiento oficial, las bandas criminales se autodenominen “gaitanistas”, con lo cual añaden un delito más a su vida delincuencial, contraviniendo la exigencia de verdad y transparencia que merece y exige la Nación. – Pacifista.

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